
Por David Durán
El pleno del Ayuntamiento de Tres Cantos ha aprobado que su municipio sea sede de la Ryder Cup 2018, si es que la candidatura madrileña es elegida en abril de 2011.
Como ustedes saben, dicha aprobación se ha realizado con los votos en contra de PSOE, IU y Alternativa Popular por Tres Cantos (APTC). ¿Las razones de esta negativa? Fundalmentalmente son medioambientales. El viejo y manido cuento. Un cuento maniqueo: algo es bueno o malo y no hay más que discutir. Y el golf, para según quién y por los siglos de los siglos, es malo. Pero malo, malo. ¿O se trata sencillamente de ignorancia insuperable? Como si las 228 hectáreas de la finca Valdeloshielos fueran a quedar arrasadas, yermas.
Como si a estas alturas no se atasen suficientemente las garantías medioambientales, mucho más en un caso como el que nos ocupa, cuando es el propio Comité de la Ryder quien obliga a explicar al detalle todas y cada una de las garantías medioambientales.
¿No se trata más bien de llevar la contraria a tu rival político, no vaya a apuntarse un tanto de considerables dimensiones económicas y hasta sociales (trabajo, trabajo, puestecitos de trabajo…) y de enorme repercusión? Nada nuevo bajo el sol: un modo muy español de hacer política. Se entiende, en todo caso, que se cuide, se vigile al detalle el impacto medioambiental, pero ese cerrar puertas y ventanas de entrada…
¿Habrán valorado, aunque sea de reojo, los ilustres munícipes tricantinos que votaron en contra, el maná que supondría un evento como la Ryder, antes durante y después de su celebración? Ojo, un maná que no es sólo económico. ¿O vamos a mantener esa estúpida y demagoga visión del golf como una actividad de pijos malcriados?


