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¿Es el golf un deporte?

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Por más que Severiano Ballesteros irrumpiera en el olimpo mundial para colocar a España en las portadas y abriendo la sección de Deportes de los mejores periódicos de Estados Unidos, Gran Bretaña y parte del extranjero, el golf ha tenido en nuestro país un nutrido grupo de detractores (algunos de ellos han visto la luz al probar en el tee del 1 y se desdijo de sus vituperios pasados). El asunto no es baladí y al respecto hay más interpretaciones que acerca del sexo de los ángeles. Unos y otros se afanan en defender sus tesis. En esta página hemos contactado con especialistas del deporte para que den sus singulares versiones.

Ed O’Connor, eminencia irlandesa con cátedra en el Departamento de Esfuerzo Físico de la Universidad de Cork, defiende a rajatabla que el golf reúne todas las características para ser considerado como deporte: “Gasta muchas más calorías y pierde más peso un jugador durante un recorrido que el futbolista Ronaldo o que el ex tenista Sergio Casal, a quien jamás se le vio sudar. Además, la tensión a la que está sometido un golfista está muy por encima que el ritmo cardíaco que bajo presión pueda tener, por ejemplo, Casquero lanzando un penalti en el último minuto en el Bernabéu”.

Contrario a esta teoría aparece un sesudo analista bielorruso, Yuri Kafelnikov, presidente de la Fundación de Deportes Rurales de su país: “El golf es una patraña. Jamás un jugador ha entrenado durante horas fumándose un puro, como ocurre con el melenudo Jiménez, ni nunca tampoco en un deporte hecho y derecho ha habido un tipo con más de 50 años que dispute el título de torneos a los jóvenes, como sucede con Greg Norman, a quien por cierto le alabo el gusto por su relación con Chris Evert”.

Un ilustre que ataca al bando de los críticos es el filósofo paraguayo Guacarindo Fornier, un acérrimo amante del putter, se muestra inmisericorde con aquél que se burle del golf como deporte: “Suficiente disgusto tenemos los aficionados por no poder disfrutar de Mickelson o Stenson en unos Juegos Olímpicos para que encima un grupúsculo malintencionado nos agreda con su verborrea barata y su demagogia balompédica para hacer oprobio de un deporte con todas las letras que tiene más años de historia que el propio fútbol”.

“Rotundamente no”. Así responde el insigne español Alejandro R. Talega. Desde su atalaya como rector de los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, Talega estima una barbaridad, una afirmación sin juicio alguno, que el golf y el deporte vayan en la misma frase. “Comparar a Usain Bolt con John Daly no pasa de ser una broma de mal gusto; hacer un paralelismo entre la actividad física que desarrolla Alberto Contador con la que ejerce Rocco Mediate o el Pato Cabrera sólo vale como un chiste malo de Félix el Gato; meter en el mismo saco la habilidad de Magic Johnson y la destreza de McIlroy para embocar un putt suena a verdadero disparate…”.

Opiniones, pues, encontradas en un debate que parece no tener fin, aunque hay un dato más que relevante: en España cada día hay más federados y más campos de golf pueblan el país. Sea o no deporte, desde luego, divierte y es más sano que sillón-ball que practica este escribiente. Así que un hurra por el golf. Y a quien no le guste, que escuche a Andrés Montes en vez de a Javier Pinedo.

PD: Aunque los académicos de la RAE no tengan las hechuras del ex decatleta británico Daley Thompson, definen la palabra deporte con dos acepciones interesantes para interpretar si el golf entra o no en dicho concepto. 1. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica exige entrenamiento y sujeción a normas. 2. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.