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La grandeza de dos SEGUNDOS

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Por Alejandro Rodríguez

El deporte está plagado de tópicos que al poco tiempo pasan a ser aforismos y en algunos casos llegan a convertirse en dogmas…

No siguen un patrón establecido. Uno de los más extendidos asegura que 'Nadie se acuerda de los segundos'. Hoy nos saltamos a la torera esta expresión porque nos da la gana y porque estos dos tipos se lo merecen: Miguel Ángel Jiménez y Phil Mickelson.

Casey ganó en Bahrain y Bubba Watson lo hizo en California. Sin embargo, el espectáculo, la fibra, el pelo de punta lo pusieron Jiménez y Mickelson. Hoy los recordamos a ellos.

La capacidad competitiva de Jiménez mueve del asiento al más frío de los aficionados. Su arrebato final en los hoyos 17 y 18 del Montgomerie Course son un estímulo. La lógica de los números situaba a Miguel fuera de la pelea con el bogey en el hoyo 16, un bogey doloroso, punzante, de los que invitan al más común de los mortales a tirar a la toalla y a otra cosa mariposa. Dos hoyos por jugar y tres golpes de desventaja con respecto a Casey. Pero el 'Pisha' está fabricado con otro material. A sus 47 años las ha visto de todos los colores. Y siguió, y empujó, y peleó, y sacó lo mejor…

En el 17 pegó uno de los mejores tiros del día. Era el tercer hoyo más difícil. Un par 4 largo (392 metros), mucho más propicio para pegadores como Casey y Hanson que para el malagueño. Lo jugó con la rabia del que sabe que puede. Salida extraordinaria, sacando a su driver esos metros extra que necesitaba. Su tiro desde la calle fue simplemente soberbio. A tres metros de la bandera. Pero su putter aún le tenía guardada una última 'gracia'.

Jiménez ya lo celebraba cuando la bola hace un último e incomprensible gesto a la derecha y se sale lamiendo el borde. El más común de los mortales hubiera dicho “a tomar por…”. Pero si algo es Miguel es que no tiene nada de común.

Casey ha hecho bogey en el 16 y la diferencia ya es de dos golpes. Miguel no puede saberlo, pero da igual. Se rearma y juega un hoyo 18 de chapó. Otro par 4 de 392 metros. Con todo en contra, realiza otra salida extraordinaria y pega un segundo golpazo a poco más de un metro de la bandera. Hace el birdie y mete presión en un momento en el que otros muchos estarían ya pensando en cómo organizar el viaje a Qatar. Espectáculo.

Merecía la recompensa y a punto estuvo de obtenerla, pero Casey no falló su putt de par de dos metros. Levantó el trofeo, pero el espectáculo lo dio Jiménez.

Cogemos el avión y nos cruzamos el Atlántico unas horas después. Gana Bubba Watson en Torrey Pines. Pero hoy queremos hablar de Phil Mickelson y, más concretamente, de sus hoyos 17 y 18. Como Miguel.

'Lefty' lo tiene todo en contra tras el 14 por culpa de una 'mickelsonada', otro de esos tópicos-aforismos-dogmas que tiene el golf. Falla un putt de metro para par y se coloca a dos golpes de Bubba. Así se planta en el 17, un hoyo realmente difícil. Otro par 4 de 400 metros. Su salida es muy buena y su segundo golpe es sencillamente estratosférico. Pega un bote muy fuerte en green, a unos 10 metros corto de la bandera y se frena justo a la altura del hoyo con cierto efecto hacia la izquierda, acercándose al agujero. Descomunal. Se queda a poco más de un metro, lo mete y se pone a uno.

Queda el 18, un par 5 al que Bubba Watson le saca el birdie tras una sacada de búnker muy buena y un magnífico putt de unos cuatro metros.

Mickelson necesita el eagle para forzar el playoff. Su salida no es buena y se marcha al rough. Justo antes de que Bubba patee para birdie, pega su segundo golpe. Decide jugar corto. Algunos creen que se precipitó. Si hubiera esperado menos de un minuto y hubiera visto el birdie de su rival, podría haber intentado llegar de dos. Pero no era así. Mickelson decidió intentar el eagle desde la calle. “No tenía demasiado bien la bola. Si pego con el híbrido tenía muchas opciones de irme al agua. Si meto la madera 3 paso pero no había muchas posibilidades de dejarme una opción de eagle. Lo más fácil era intentarlo desde la calle”, explicaba Phil después de la vuelta.

La bola está a unos 65 metros de la bandera y necesita embocar. Entre el hoyo y Mickelson, hay una laguna llamada Bruce Devlin`s Billabong (palabra que traducida del australiano nativo significa laguna). Bruce fue un profesional australiano que pasó a la historia por mandar varios 'pitch' seguidos a esta poza.

Mickelson estudia el golpe con mimo. Se va hasta el green. Se pasea por abajo, por arriba, por la izquierda, por la derecha. Elige exactamente el punto donde quiere que bote su pelota. El murmullo en las gradas crece. No es un tiro normal. Phil analiza el golpe con la seguridad del que tiene pleno convencimiento de que lo puede meter. Ahí está su grandeza.

El murmullo se convierte en jaleo cuando Mickelson le pide a su caddie, Jim 'Bones' Mackay que tienda la bandera. El público se emociona, hasta le punto de que el Jim tiene que pedir silencio. Pega el 64 grados y la bola bota muy cerca del agujero, por encima de la bandera y retrocede poco a poco con el backspin. No lo suficiente. Se queda a un metro. “Le pedí a Jim que tendiera la bandera porque a lo largo de un año 10, 12 o 14 veces este golpe acaba dando en la bandera y aleja la bola. Era para darme una oportunidad más real”, explicó. “Estaba preparado para jugar el playoff porque sabía que Mickelson la podía meter”, aseguró Watson después.

Casey y Bubba se han llevado los títulos, pero la gloria este domingo corresponde a estos dos genios.