A las 11 y poco está todo el pescado vendido. Campillo, el último español en acabar, ha firmado su tarjeta y, para no variar, la tabla de resultados corrige. Pasa de -7 a -6 y no es un error en el último hoyo, sino previo. Caramba, a ver cuándo se equivocan para algo bueno. En fin, ¿de qué escribo?
La mañana está triste por los cuatro costados. Luis Aragonés no sigue con nosotros y Nacho y Ramón le tributan nuestro particular homenaje recordando la paliza que nos dimos en 2008 para vibrar en Viena con el España-Rusia de las semifinales de la Eurocopa. Allí empezó todo, dicen los futboleros. Aragonés sería sabio, pero maleducado también un rato. Y eso que me pareció una faena lo que le hicieron en aquel episodio con Reyes motivándolo a costa de arrearle a Henry. Claro, lo mismo hubiera surtido más efecto soltarle al utrerano que invitara a té con pastas al magnífico jugador francés. La perversión del periodismo, opino.
El día está gris en Sevilla y he acompañado a mi novia a la estación de autobuses, con lo triste que es una estación de autobuses y una despedida. Es más, lo paso tan mal en las partidas en general que de niño les soltaba a mis amigos de veraneo que volvía a casa un día después del verdadero para no tener que vivir el mal trago y que me lo recordaran, ya entre risas, al año siguiente. Irme a la francesa en mis vacaciones. Yo ya estaba tocado de jovencito.
Para más inri, hoy es el cumpleaños de Pepe Serrallé, que llega a los 55 y convida a unos tanques de cerveza en el Tremendo. Sonriente y afable, la procesión va por dentro. Una señora publica en una carta al director, escrita de forma educada y exquisita, el hacinamiento de Urgencias el día que muere su padre, circunstancia que no reprocha a los políticos, pero sí la forma de irse de este mundo. Se me viene a la cabeza la pérdida de mi madre, cuando ocurrió algo similar.
Y todo esto sin un español en la pomada en Dubai. Vaya por Dios. Eso al menos iluminaría este 1 de febrero. Aun así, no abandono mis obligaciones y algún ojo le echo al Emirates. Al blanquito de Gallacher le pirra el sol dubaití, Koepka se lo está creyendo, McIlroy aguanta el tipo y Olesen (llegará el día en que me fume un cigarro con él) sube como la espuma y casi caza el -8 de Webster.
Hoy es la penúltima ronda de 12 (tres torneos) para la pareja de Ten-Golf y seguro que arrastran morriña y echan de menos un cocido, madrileño o maragato, después de dos semanas y media de buen curro en Oriente Medio. Sospecho que no celebrarán un hat-trick español tras los triunfos previos de Larrazábal y García. Salvo que el 2 de febrero sea todo lo contrario de este 1 que por ahora no ha traído nada bueno.
PD. McIlroy, tras lo de Ruaidrí lo mismo merezco ser invitado a tu boda. Yo pongo el chorizo, la caña y el jamón de Candelario.


