Inicio Blogs Firma Invitada La Ryder y Steve Jobs

La Ryder y Steve Jobs

Compartir


Por Gerardo Riquelme, redactor jefe de Marca

Muchas veces la literatura arroja ejemplos que reflejan fielmente la realidad. En otras no debería ocurrir así, pero es la subjetividad de los análisis las que lleva a establecer tales paralelismos…En este viaje a Chicago me acompañó la biografía de Steve Jobs, un personaje asociado con el éxito, al que, sin saber muy bien por qué, identifiqué con José María Olazábal en esta edición de la Ryder Cup. Será que son dos genios.

En esencia, su resultado final fue el mismo: triunfaron con un producto que en el estante queda perfecto, transparente, sin errores. Aunque detrás hubo muchas horas de trabajo, decisiones difíciles de tomar y gente que se sintió perjudicada, fallos, discusiones subidas de tono, pocas horas de sueño, la tarea de un equipo… Incluso espíritus, aunque los que convivieron con los 12 guerreros del equipo europeo fueron producto de la fe y no del LSD como en el caso del empresario informático.

Lo que aconteció al final reinvindica a Olazábal. Que en medio del jolgorio europeo, esquivando empujones involuntarios propios de la euforia, apareciera Zach Johnson para felicitar al capitán en persona habla del tipo de personaje al que nos referimos. Luke Donald se le acercó y le confió al oído, «gracias por confiar en mí», por haberle escogido que abriera el día final. Justin Rose contó al periodista que había ganado por él, pero también por Olazábal, casi en el mismo tono que Molinari. Y en la fiesta, Martin Kaymer se fundió en un abrazo con José María y se echó a llorar en agradecimiento.

Atrás quedarán muchas cosas de las que se guardan en el vestuario. Es la razón por la que Olazábal dice lo de la «tortura». Se tiene el concepto equivocado, como ocurre con la trayectoria empresarial de Steve Jobs, de que dirigir un colectivo de deportistas es una tarea sencilla, sin aristas. Pero gobernar 12 egos, a pesar de ayudas inestimables como Bjorn, McGinley, Jiménez o Clarke, o tipos comprometidos de verdad como Westwood, Poulter y Sergio, no es nada sencillo.

En ese paralelismo, quizás absurdo, de la biografía de Steve Jobs y la Ryder, hay un personaje, un tal Atkinson, que desarrolló la superposición de ventanas en un MAC pensando que copiaba una aplicación que ha visto en Xerox. «Conseguí hacerlo porque nunca fui consciente de que no se podía hacer», dijo luego. Ese sería Colsaerts y su manera de comenzar la Ryder con ocho birdies y un eagle. Luego, cuando lo digirió, no fue tan brillante.

Lo acontecido el domingo forma ya parte de la historia del deporte. En la letra pequeña de esa hazaña debe figurar el reconocimiento de los jugadores hacia la figura de su capitán. No se escucharon tantos halagos de Montgomerie, Torrance o los tipos que le precedieron. Para la siguiente edición, en Gleneagles, habrá que ir buscando otro título con el que imaginar otra realidad. Si va Poulter, ya tengo decidida la biografía: la del general Espartero y su caballo.

* Gerardo Riquelme estuvo Enviado Especial en Medinah.