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Las claves del nuevo swing de Tiger Woods y Sean Foley

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Por Jorge Parada, Instructor Jefe de la PGA Tour Academy en Sawgrass

Dicen los expertos que las segundas partes nunca alcanzan el nivel de expectativas creadas, que dejan siempre al espectador con un mal sabor de boca.

A bote pronto, se me viene a la cabeza una innumerable cantidad de títulos de películas que en su día se empeñaron en dar la razón a los expertos. En el caso que nos ocupa, siguiendo con la metáfora cinematográfica, el protagonista principal se llama Tiger Woods y la productora multimillonaria es Nike Golf. Ambos forman parte de esa excepicón que confirma la regla. Ambos han creado una segunda parte que, de continuar por los mismos derroteros, reventará todos los récords de taquilla.

La razón de esta secuela mejorada estriba en que ahora el resto de actores, actrices, directores, guionistas, iluminadores, extras y técnicos de sonido, son completamente diferentes. Tiger Woods ya consiguió, como ahora, ganar tres veces antes del Masters en sólo cinco torneos jugados. Cierto. Pero esta versión es mejor.

Tras su ya conocido escándalo personal y sus problemas físicos, todo ha cambiado alrededor de Tiger. Su vida es distinta. Ahora, el jugador norteamericano reside en Jupiter Island, Florida, mientras que antes lo hacía en Orlando. Su caddie era el neozelandés Steve Williams y ahora su bolsa la lleva el estadounidense Joe Lacava. Su agente, Mark Steinberg, trabajaba con IMG y ahora, el mismo Steinberg es socio accionista de Excel Sports Management.

En lo personal Tiger Woods estaba casado con una ex-modelo sueca. Hoy están divorciados y, casualmente, hace sólo un par de semanas Woods y su pareja sentimental, la esquiadora y campeona olímpica, Lindsay Vonn, publicitaron su noviazgo.

Para rematar el círculo, la última vez que Tiger Woods dominó de esta manera un inicio de temporada, su entrenador era el archiconocido profesor norteamericano Hank Haney. Por contra, ahora es el joven canadiense Sean Foley quien lleva la batuta de la mejora técnica del jugador Número Uno del mundo. Ya ven, una película muy diferente, aunque con resultados similares.

Precisamente, me gustaría profundizar en este último campo. El técnico. Quiero dar a conocer algunos detalles, no todos, a los que tengo acceso gracias a la relacion de amistad que desde hace varios años mantengo con Foley.

Desde el comienzo de su relación profesional, tanto Sean como Tiger tenían muy claro el objetivo. La idea fundamental era reconstruir un swing que pudiese aguantar el maltrecho físico del californiano a causa de sus operaciones de rodilla. Es decir, que pudiera aguantar tanto las exigentes sesiones de entrenamiento en la cancha de prácticas como las vueltas de competición. Y que ni una cosa, ni la otra le causasen dolor o, lo que es peor, otras lesiones a medio y largo plazo. La obsesión de Tiger es superar el record de Grandes de Jack Nicklaus (18) y, para ello, sabe que necesita una carrera larga.

Durante todo este tiempo que han trabajado juntos, Tiger y Foley han recibido continuas críticas de periodistas y otros expertos. Pero ellos siguieron a lo suyo y trabajaron principalmente en dos partes de su swing.

El swing de Tiger con Hank Haney comenzaba de una manera amplia y con demasiada pronación del antebrazo izquierdo. Por este motivo, Woods colocaba las manos muy elevadas y el palo estaba en el plano incorrecto en la parte más alta del backswing. ¿Qué ha conseguido Foley? Que el palo suba ahora ligeramente más en redondo, utilizando un giro de hombros, biomecánicamente hablando casi perfecto. De este modo, Tiger consigue tener las manos algo más bajas (en el plano de sus hombros) y el palo se sitúa en el plano correcto.

Este cambio, pequeño pero fundamental, ha permitido a Woods no tener que hacer tantas compensaciones en la bajada del palo, y al mismo tiempo, le ayuda a utilizar su rodilla izquierda (la lesionada) de una manera más efectiva.

El segundo cambio se ha producido en la bajada, concretamente en la utilización del plano y de su cuerpo para que las manos se comporten de forma más pasiva durante el impacto. Así, además, consigue mantener la cara del palo cuadrada durante más tiempo.

Antes, Tiger, al partir de una posición tan alta en el backswing, dejaba que las manos se quedasen ligeramente por detrás del cuerpo y que el palo viniese por debajo del plano. Esto le hacía fallar a la izquierda mucho más a menudo de lo que él deseaba. Y, además, para poder pegar un fade, el número de compensaciones que necesitaba hacer era muy alto.

Ahora, tal y como puede apreciarse en los swings de práctica del californiano, él y Foley trabajan para mantener el palo en frente del pecho a la vez que el cuerpo gira antes hacia el objetivo, lo que permite que brazos y manos se muevan hacia la izquierda de manera más pasiva.

En definitiva, menos esfuerzo físico y mental para conseguir mayor consistencia. Esta es la idea básica del canadiense y el norteamericano cuando trabajan juntos.

Quién sabe cómo acabará esta película que comenzó como un drama, pronto se convirtió en suspense, y ahora parece que acabará siendo la película de acción del año si todo sigue de la misma manera.

Será interesante comprobar qué sucederá ahora cuando Rory McIlroy vuelva a la competición sin ser el Número Uno. Y habrá que ver también si otros jugadores en buena forma, como Justin Rose o Charl Schwartzel, son capaces de plantarle cara al Tigre, que una vez más parece estar en una forma irresistible.

Lo único que les puedo decir es que después de ganar el Farmers Insurance Open en Torrey Pines me aposté con los profesores de la Academia que este año Tiger andaría muy cerca de las siete victorias, incluyendo uno o dos Grandes. Es una apuesta arriesgada, pero una vez más nos lo está poniendo interesante. De eso no hay duda alguna.

* El artículo se publica simultáneamente en la edición del martes 26 de marzo en la Voz de Galicia