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LIDERAR NO ES MOTIVAR CON DISCURSOS, ES SABER QUÉ DEJAR EN LA MESILLA DE NOCHE

Braveheart o lo que Luke Donald debería leer (o leerles) antes de ir a dormir…

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Luke Donald, durante la Ryder Cup de 2023.
Luke Donald, durante la Ryder Cup de 2023. (© Golffile | Mateo Villalba)

Victoria o Muerte. Así terminaba la carta del Álamo, uno de los documentos más icónicos de la historia de Estados Unidos. La escribió el comandante Travis el 24 de febrero de 1836 cuando estaban sitiados por las tropas mexicanas en esa localidad tejana. Es un texto breve, de gran crudeza y extremadamente épico, que no garantiza la salvación o el éxito, pero sí incita a luchar hasta el final.

Seguramente, alguno de los doce magníficos miembros del equipo de americano de la Ryder de 1999, cuando el capitán Ben Crenshaw se la leyó buscando un estímulo emocional que propiciara la remontada el domingo, visualizó a John Wayne, diciendo aquello de: “Esta noche rezaré para que seamos lo bastante fuertes como para luchar hasta el final”. Estados Unidos remontó un 10-6 adverso para ganar 14,5 – 13,5, corroborando que ese tipo de apelación a arquetipos universales, como el héroe guerrero, así como a rituales motivacionales, funcionan porque refuerzan la identidad de grupo, forman parte del inconsciente colectivo y, si se hacen bien, consiguen que el equipo entre en un estado de flow colectivo en el que comparten motivación, disfrute y concentración. Tengo claro que, si en lugar de recurrir al Álamo, Crenshaw hubiera leído en voz alta el discurso de William Wallace antes de la batalla de Stirling, igual Europa no vuelve a levantar una Ryder en veinte años. «Pueden quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán… la copa».

Querido Luke, este año 2025 que vuelves a ejercer la capitanía del equipo europeo, seguro que te ha resultado más complicado pergeñar tu estrategia en busca de algún gesto conmovedor que sirva de combustible para el equipo sin caer en la repetición. Además, sigue siendo la misma famiglia, porque incluso el nuevo miembro del equipo, Ramus Hojgaard, comparte exactamente el mismo ADN nuclear de su predecesor en Roma (es más, yo siempre me pregunto si les hacen alguna prueba fehaciente de identidad antes de salir al campo cuando no están jugando el mismo torneo).

Ten presente que todos estamos deseando ver llorar de emoción otra vez -antes de la victoria- al bueno de Shane Lowry. Eso lo hace si cabe más grande que cantar a dúo las victorias con mi adorado Rory. Sin embargo, esa creatividad innovadora implica que quedan descartados los videos personales de arenga de seres queridos o el homenaje al legendario caddie Billy Foster, que en Roma fue el fiel escudero de Matt Fitzpatrick y que no estará en Bethpage Black. Tampoco vale repetir aria y que “Nadie duerma”, con imagen de Seve en tee del uno incluida, junto a tenor italiano erigiéndose en príncipe Calaf para culminar con otro grito épico: “Al amanecer, venceré, venceré; ¡venceré!», como himno a la victoria, la fe y la perseverancia.

Desde luego, he comprobado que estás bien asesorado y que sigues a pies (tacos en tu caso) juntilla los principios básicos de la motivación de los profesores de la Universidad de Rochester, Edward L. Deci y Richard M. Ryan, padres de la teoría sobre la motivación intrínseca y autodeterminación en el comportamiento humano. Vamos, es de manual: todos rendimos más cuando sentimos que tenemos el control de lo que hacemos y la verdadera fuerza no proviene de las recompensas o castigos. La zanahoria y el palo han dado paso al afán por satisfacer las necesidades humanas más profundas. Eso que se conoce como el propósito o el sentido del que hablaba Viktor Frank que, en una situación extrema, consiguió sobreponerse a los tormentos de un campo de concentración para después explicar generosamente a la humanidad cómo lo logró.

Extrapolando sus reflexiones, el verdadero poder de tus jugadores reside en la libertad que tienen para elegir cómo responden a las situaciones a las que se enfrenten incluido el beligerante público de Nueva York, la presión, o los errores. Te sugiero que en la cena del jueves repartas unas camisetas personalizadas con los colores europeos en las que rece escrito con efecto espejo: “Estas aquí porque no solo confiamos en tu juego, sino también en tu criterio». Y en la espalda que no falte el nombre del jugador más la frase: «Eres el dueño de cada puntos que juegues”. Es imprescindible que sugieras que duerman con ellas para que sea lo primero que vean cuando la mañana de viernes se vean reflejados en el espejo del baño. Además de una sonrisa tienes garantizada esa inyección de confianza que solo una madre sabe dar.

Tampoco necesito recordarte porque, además, no es tu estilo de liderazgo, que nada de micro gestión: todos vienen con callo competitivo y muchas horas de vuelo en avión privado. Si cada jugador siente autonomía en su juego, competencia en su talento y conexión con el resto, mantendrás un equipo intrínsecamente motivado (y no en la acepción  con connotaciones negativas de la palabra que ahora emplean los adolescentes).

Sabes mejor que nadie que mi querido Rory llega en uno de los mejores años de su carrera profesional -sino el que más- tras conquistar el Masters, el THE PLAYERS y el Irish Open, que quiere ganar en territorio hostil y que, en el autobús de vuelta, con esa mezcla de cansancio y adrenalina que sólo entiende el que se ha enfrentado a una lucha de gigantes, enloquecerá volviendo a cantar: “Europe is on fire, USA is terrifying”. No necesita ya discursitos motivacionales de manual, así que te suplico, rodilla hincada en tierra, que consigas que revivir ese momento de conjuro o despiporre colectivo sea pura gasolina.

Para ello seguro que tienes las herramientas y el ingenio necesarios para conseguir que metan en el móvil esa cancioncilla delirante y que reciban una llamada sorpresa en un escogido momento (a ser posible con testigos y que no le despierte de la siesta). Al otro lado de la línea, una voz que replique la de Mandela, al estilo Morgan Freeman, debería mandarle un poderoso mensaje que precisamente le recuerde: siempre parece imposible hasta que se hace y que el coraje no es la ausencia de miedo, sino inspirar a otros a superarlo y convencerles de que no pasa nada porque tiemblen las canillas. Rory es el más experimentado, con siete Ryders sobre sus aún jóvenes espaldas, de las que Europa sólo perdió dos. Tiene que recordar que es la columna vertebral del equipo y su referente emocional por haberse atragantado con la huérfana derrota a la par que saboreado el festín glorioso.

En los libros que has escogido a lo largo de tu vida, y que conseguí identificar en la estantería de tu despacho, hay más que lecturas: son los mapas de tu visión holística del juego. ¿Qué tal si aparecen mágicamente dedicados por ti en la mesilla de alguno de los jugadores? Te sugiero que El apóstol del Golf sea para Jon Rahm. Su protagonista, Charles Blair Macdonald, llevó el espíritu del golf europeo a Estados Unidos y lo sembró allí como legado. A Jon le gusta la historia del golf y seguramente esta no le será ajena. Si se la recuerdas entenderá que él de alguna forma ha recogido ese testigo y que le corresponde volver a hacer historia al otro lado del charco. Por cierto, que su amona te ayude a conseguir una palmera de chocolate de Don Manuel donde se lea ¡Vamos! escrito con azúcar glass para acompañar la lectura.

La columna de libros que aparecía tras Luke Donald durante una entrevista.
La columna de libros que aparecía tras Luke Donald durante una entrevista.

Que Viktor Hovland tenga su ejemplar dedicado de Gestión de la Presión y la Mente Competitiva. Si hay alguien que necesite que sus elevados niveles de autoexigencia no sean la dosis extra de presión que deteriore su juego es el noruego. Tienes que ayudarle a recordar que cada golpe bajo presión es una oportunidad de demostrarse a sí mismo quién es, como demostró en el chip Roma que nos hizo saltar a todos del sofá (en diferido).

Y toca adjudicar el libro Una nueva mente. Por qué triunfan los creativos en la nueva era, de Daniel H Pink. Desde luego, si me llega uno firmado por ti seguramente ser convertiría en mi libro de cabecera. Creo que el joven Ludvig Aberg tiene un talento emergente que lo hace diferente y será imbatible si entiende que lo que le convertirá en un factor decisivo será jugar con creatividad, intuición y siendo capaz de ver lo que otros no. Es joven y maleable, ya se ha presentado al mundo en Roma y este año si repite emparejamiento con Cantlay seguro que le da sopa con honda. Si hay alguien que se mantenga imperturbable y que esta vez llegue sin miedo es él.

Huelga decirte que tienes en tus filas a alguien que necesita un refuerzo para que despliegue ese poderoso golf que le hizo ganar el US Open de 2022: el analítico y metódico Fitzpatrick. Él sabe que su permanencia en el equipo ha estado cuestionada y ahora necesitamos que tenga la misma sangre fría que en Brookline. Que su capacidad para repetir la historia ganando como amateur y profesional en el mismo campo sea la que mantenga ahora la buena racha que inició en Roma. Eso sí, con ese doble tirabuzón de confianza, si tú crees que es capaz de contribuir de manera decisiva al marcador europeo, seguro que no nos va a decepcionar.

¿Y qué hacemos para motivar a Hatton? ¿Qué se nos ocurre para recordar su propósito a este luchador emocional, intenso, visceral y cascarrabias que, sin embargo, ha dejado su huella protagonizando uno de los pocos momentos brillantes de la Ryder Cup de 2021? Él ha celebrado su clasificación casi como si hubiera ganado la Ryder, con tanta intensidad que hasta perdió el control. Sugiero que en su mesilla se encuentre con una buena botella de Dom Perignon Vintage de 2010, que seguramente sería el mismo con el que brindó en su boda con Emily, y que lleve grabado el número seis y un espacio en blanco para completar los puntos que ha ganado en la Ryder. Anticipar la certeza de una celebración y obligarle a que no se la beba antes.

El flamante ganador de la FedEx, Tommy Fleetwood, es el símbolo de la unión y todos recordamos su pareja con Molinari en París. Puro romance en una ciudad que lo propicia. Junto a Seve y Ollie, Poulter y Rory, enseñaron que las Ryder no las ganan las estrellas, sino las parejas. Fleetwood transmite cercanía, calidez, caballerosidad y valores familiares además de un particular e inteligente sentido del humor. Unas tijeras de plata con las que cortar su melena en el remoto y negado supuesto de no sumar puntos para la Ryder pueden ser todo un guiño de psicología inversa que refuerce su confianza. El público americano no se va a atrever con Tommy porque despierta instintos protectores. Hazle consciente de esa ventaja.

Y si alguien tienes con capacidad de relativizar, después de lo que acaba de vivir con el nacimiento de su hijo prematuro, ese es Straka. Necesita encontrarse en su mesilla el colgador para el chupete de plata, con la forma de la Copa Ryder, para que en el futuro pueda recordar con sus nietos que finalmente todo se alineó para poder ganar en Nueva York. Pero si además consigues que su hermano gemelo Sam, le recuerde que la competencia es lo que siempre le ha ayudado a progresar, lo tendrás paciente, con temple y con esa consistencia y capacidad de remontada que ojalá no llegue a ser necesaria.

Bob MacIntyre trae del shinty (esa especie de hockey que practicó en su juventud), la garra escocesa y sabe que cada golpe es una batalla física y mental y que la dureza y el espíritu combativo que le inculcó ese deporte son cruciales en la Ryder. Una réplica de la Copa Camanachd original de 1896 encima de su mesilla y le conectarás con sus orígenes y tradiciones. El resto lo tiene de serie.

El bueno de Shane Lowry en el Open de 2019 en Royal Portrush sintió la presión mediática y emocional de representar a Irlanda y estuvo más que a la altura. Como él mismo dijo, la sensación de sentir el peso de millones de personas en su espalda fue precisamente lo que le empujó a seguir hacia delante como viento de cola. Ahora le toca Bethpage Black, un escenario en el que no van a ser millones invisibles, pero si unas 45.000 almas con las gargantas bien presentes. Que, con su carisma, su humor y capacidad de quitar hierro a lo insoportable, revierta en su beneficio lo que otros solo van a leer como hostilidad. Déjale los nuevos Airpods 3 pro en la mesilla: cancelan el sonido ambiente.

El más difícil todavía te toca con Rasmus. El muchacho no salió indemne de Wentworth y, desde luego, poco tiempo tiene para hacer los deberes en cuanto a los fallos identificados en ese torneo. A sus números este año les han faltado el stroke gained approach y el putt, parcelas que otros convierten en salvavidas. No obstante, a veces, lo que no dicen las estadísticas lo revela la mirada, la garra, la tozudez o la capacidad de mantener a flote la resiliencia después de un naufragio. En la gran manzana no le va a valer la indulgencia y tiene que acordarse de que, cuando tenía 18 años fue el primer jugador nacido en los años 2000, capaz de ganar en el DP World Tour. Fue en Mauricio. Una caracola en la mesilla para que el ruido del mar le recuerde que en aquella ocasión mantuvo el tipo en su desempate bajo presión y dejó fuera de cobertura a dos jugadores curtidos como Rozner y Paratore.

Luke, estoy segura de que ya tenéis todo lo necesario para ganar está Ryder y no creo que entre tu enloquecida agenda de estos días tengas hueco para dos mil quinientas palabras llenas de esa energía, corazón y fe ciega de quien tiene altos niveles de frikismo, pero si se obra el milagro de que un algoritmo o alguna causalidad cósmica te lleven a estas líneas, aunque no vienen a decirte nada que ya no sepas, considérala como una última voluntad antes de que empiece la batalla, para que seas capaz de renovar cada día la motivación de los doce con chispa, visión y confianza y que nadie pueda decir que si nuestro equipo no arde en Bethpage no haya sido por falta de mecha.