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Los lunes al son

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Trabajar un domingo 4 de julio, de primeras, jode; por julio y por domingo. Pero si el día del Señor en cuestión está minado de hazañas españolas, incordia menos, no sabe tan mal. Hay jornadas dominicales que son tediosas, largas, fatigosas. Un coñazo. Otras, ayer, da gusto ver los resultados de los nuestros…

El primero, Nadal, siempre Rafa. Con él y con Pau Gasol se nos cae la baba a todos. Va el topicazo: son los ejemplos de esfuerzo, lucha, madurez, talento… Los mejores en lo suyo y en humildad. Ver al balear dando la vuelta de campana en Londres, sobre la moqueta hecha ya albero, dispara la emoción de cualquier españolito de a pie; de servidor, vaya.

Lorenzo, escoltado por Elías y Márquez en el Mundial motero, va camino de las grandes gestas. Lástima que el porrazo de Rossi haya apartado a su enemigo y compañero de equipo de la preciosa pelea. Competir sin el mejor al lado no es lo mismo. Pero el mallorquín enloquece y hace enloquecer, levanta pasiones, enamora con su conducción.

La resaca de domingo de la España de fútbol endulza la resaca propia de la noche sabatina. La selección (¿La Roja?) está entre las cuatro mejores del mundo. Y nadie me privará de la felicidad por mucho que no triangule como marcaba el manual o Casillas se destape como héroe en un penalti o en un mano a mano.

¿Y Jiménez, Miguel Ángel para más señas? Este hombre va camino de los 50 con la energía de un chavalín. Se recuperó del maldito 18 en el Open de Francia ganando el desempate a su compatriota Alejandro Cañizares (vaya temporadón) y a Francesco Molinari desafiando de nuevo al último hoyo parisino. O parisiense. Título para el malagueño y sonrisa socarrona cuando en sus declaraciones expresa que desbordar energía a raudales.

Y a mí, que nada más levantarme el lunes bicheo docena y media de periódicos digitales, no se me borra la cara de pánfilo, embobado, por leer cómo se encadenan los éxitos españoles por el mundo.