Pasada la Semana Santa y pasado el Masters (chapeau por Cabrera, islote argentino en el mar estadounidense), urge dedicarle un poco de tiempo a los compañeros de ten-golf. Y a los animados amigos que se enzarzan con mucha guasa en estériles discusiones comentando estos textos.
No aburriré al lector con devaneos sobre política, aunque no será por falta de ganas. Este blog no perderá su condición divertida por entrar a valorar si la labor informativa del periodista ha sido cercenada por la maquinaria de los gobernantes. En otro foro, quizás me explaye, aunque aquí toca ponerse el traje de bufón y relatar historietas de un mundo no tan contaminado como es el deportivo.
Con los años he aprendido a bajar de los altares a los profesionales del deporte y encumbrar a aquellos que se dejan el alma y la billetera siendo simples aficionados. Desde el que se pira con la bici todos los fines de semana como preparación para emprender el camino de Santiago a los héroes que se inmolan en los maratones con el único reto de llegar a la meta tras un infierno para sus piernas y sus mentes; desde el que gasta su día de asueto en marcharse a Arcos de la Frontera para echar unas bolas al golf a quienes aún tienen la fuerza de voluntad de cruzarse toda España para dar paladas en una competición de remo en Bañolas (siento el españolismo, pero seguimos siendo de la ñ); desde los que deciden un día que su futuro está ligado al deporte y emigran de su país con una mano delante y otra detrás para adueñarse de las olas de Tarifa a los que vuelven en autobús de un partido de rugby en Oviedo con más golpes en el cuerpo que cualquier rival que tuviera John Wayne. Me detengo en estos dos últimos casos.
Zdenek Maryzko. A nadie le suena este nombre y a nadie le sonará. No sale en los periódicos y como mucho habrá tenido una aparición secundaria en alguna tele local gaditana. Al igual que el Alinghi ganó la Copa América de vela defendiendo los colores de un país sin mar (Suiza), a este simpático y peludo joven le hervía la sangre por aprender windsurf siendo de un país sin mar (Chequia).
Zdenek, apodado ¿cariñosamente? como ‘Mojón’ por sus compañeros de faenas en un bar (el escocés Bearhouse) de Tarifa, tiene unas cuantas fotos navegando con su tabla por el mar. Espectacular. No soy yo amigo de este deporte, pero el mérito no hay quien se lo quite. Su padre era aficionado y hace seis años cogió el petate para disfrutar a diario de su pasión. Se gana los cuartos con copas nocturnas para poder vivir su sueño de surfear a diario. Romanticismo a toda vela.
Otro que tal baila es (ha sido, ya está retirado) Carlos Benito. No llega a 20.000 duros lo que ganó una temporada siendo un jugador de élite de rugby. Precisamente por ser de los mejores de España tuvo el premio de las 100.000 pelas gracias a su internacionalidad absoluta. Tercera línea del Ciencias de la División de Honor de rugby, su tremendo esfuerzo de años y años de entrenamientos y partidos tenía como única compensación la camaradería con un grupo de amigos con los que creció desde que era un renacuajo aprendiendo a pasar el balón, a entrar en las melés o sujetar al segunda para que saltara en las touches.
Tanto sufrimiento compartido, lógicamente, une y aún hoy mantiene la relación con decenas de antiguos compañeros y rivales. Como secuelas quedaron algunas cicatrices, el gasto que para quien entonces era un chaval suponía, por ejemplo, los viajes y algún que otro disgusto con la novia, ya esposa.
Entretanto, vemos cómo algunos melindrosos profesionales se tiran a la poca vergüenza porque no juegan lo suficiente, no ganan lo suficiente o no se les mima lo suficiente. Una pretemporada en la Santboiana les daba yo. O una campaña entera.
PD. Enhorabuena a José Luis Pérez, encargado de las instalaciones deportivas de La Cartuja, en Sevilla, por la expectación que ha despertado el campo de golf con nueve hoyos que ahora se pone en marcha. Juro que no pretendo el acceso gratis. Colgué las botas de todo hace más de una década. Por cierto, el guiño a los jefes de la web no ha faltado con esta posdata.


