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Mi minuto de gloria con Jordan

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Por Pedro Fernández, Nuestro ‘Anti-Jordan’

Lo primero es lo primero. Señores, mucha tranquilidad…

Cierto, las cosas no fueron demasiado bien el viernes, pero aquí queda mucha tela que cortar y el ánimo de la tropa sigue intacto. Os lo aseguro.

Estuve en el vestuario nada más acabar la primera jornada de la Ryder y vi buenas caras, frentes altas, convicción y deseo de ganar. Si algo he hecho yo en mi vida es compartir vestuarios después de días buenos y días malos, y el viernes después de un día donde las cosas no salieron como se esperaba, la actitud de los jugadores y los capitanes era muy positiva. Se cree en la remontada. ¡¡Go, Europe!!

Fue un día largo, agotador. En pie desde la seis de la mañana hasta la ocho de la tarde que regresamos al hotel. Pero mereció la pena. Jamás olvidaré mi primer día oficial de competición en la Ryder Cup. Fue alucinante. Y sí, lo vi, al fin lo vi…

Andaba yo ya algo mosca con el tema y le pregunte a Miguel. «Perdona Pisha, ¿tú lo has visto por algún lado?»… «Qué va Pedro, ni rastro, pero seguro que aparecerá para el primer golpe, tú tranquilo», me dijo. Y así fue…

Apareció saltando una valla, como si se estuviera colando en un parque, risueño, con absoluta naturalidad, driblando como en sus mejores tiempos a la masa enorme de aficionados que lo esperaba en la entrada oficial. Llegó, dio un abrazo a Tiger Woods, otro a Davis Love III, se quitó la gorra, saludó al público y aquello casi se cae. Impresionante. ¡¡Vaya ídolo!!

Y ahí estaba yo, a sólo un par de metros de la razón por la que yo de pequeño quería ser negro. Michael Jordan. Sí, el mito. Air en carne y hueso. Era mi oportunidad y no podía dejar que se escapara. Os prometo que el corazón se me aceleró tanto que estaba convencido de que me estaba dando una taquicardia. Jiménez me presentó. «Michael, Pedro, Pedro, Michael… Mira, éste es más alto que tú y también jugaba al baloncesto, ¿sabes?». Y ahí me soltó, con la leyenda. Llegó mi minuto de gloria.

Rompí el fuego de inmediato. «Pues sí, yo juegué al baloncesto en la primera división española…». Se ríe y me responde: «¿España? Qué bueno, qué cerquita habéis estado, ¿eh? Pero bueno, de momento seguimos ganando nosotros», señaló muy simpático con una sonrisa, refiriéndose a las dos últimas finales Olímpicas. Me preguntó si jugaba al golf, nos hicimos unas fotos y salió corriendo, disparado. Y así todo el día. Menudo personaje. Campa a sus anchas por el campo. De pronto aparece y de pronto desaparece. O se le ve corriendo… Y a su paso el público se enciende. Es impresionante.

La segunda vez que lo vi apareció de la nada, detrás de un árbol. Estábamos en el buggie Miguel y yo y se acercó muy despacio, riéndose, imitando a un cazador que acecha a la presa… Cuando estaba a un metro de nostros se metió muy despacio la mano en el bolsillo, haciendo el gesto de sacar una pistola… Parecía Al Pacino en El Padrino. Sacó la mano lentamente y ¡‘voilá’! un par de puros. Le dio uno a Miguel, se quedó con el otro, soltó una carcajada y salió corriendo. Ya no lo volvimos a ver en todo el día. Un tiro dado sí parece que tiene…

Ayer nos tocó seguir los partidos de Tiger-Stricker y Poulter-Rose por la mañana y Dustin Johnson- Kuchar y Kaymer-Rose, por la tarde. Fue impresionante. No hay ningún acontecimiento en el mundo como la Ryder. Un policía me contó que ayer entraron en Medinah más de sesenta mil personas. Una barbaridad. El ambiente fue espectacular.

En cuanto al juego, me impresionó lo bien que se entienden Justin Rose y Poulter. Es una pareja excepcional. Qué bien juega Rose y qué garra tiene Poulter. Ya sabéis todos que Tiger juega al golf que es una delicia y pega a la bola como una bestia, pero ayer me impresionaron Dustin Johnson y Kuchar. Johnson rompe la bola, es increíble hasta dónde gira en el swing. Espectacular. ¡Y dónde manda la bola! Casi te entra la risa cuando lo ves. Miguel y yo siempre lo estábamos buscando, y al final encontrabas su bola a treinta, cuarenta y hasta ochenta metros más lejos que los otros tres jugadores. Kuchar también me encantó. No falla un golpe. De hecho, Miguel me confesó que le había extrañado mucho que no hubiera jugado el foursome de la mañana.

Hoy me toca estar en marcha a las 5.30 de la mañana. Me esperan en el campo a las 6.15. Suerte, Europa. Hoy tiene que cambiar la dinámica. ¡!Go, Europe!!

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