
Por David Durán
Domingo, 13 de febrero. En Dubai. Recibo guiños de complicidad de algunos colegas en la sala de prensa del Emirates Golf Club. Es como si me preguntaran: ¿estás preparado para lo que viene…?
No es para menos. En la parrilla de salida de la jornada decisiva del Omega Dubai Desert Classic, un torneo donde partían como favoritos los Números 1, 2 y 3 del mundo (Westwood, Kaymer y Tiger Woods, por entonces), resulta que tenemos al menos a cuatro españoles colocados con opción de victoria. Cuatro, sí, cuatro. Porque Álvaro Quirós, Sergio García y Álvaro Velasco parten con un solo golpe de desventaja con el líder. Y Pablo Martín está de inicio a tres impactos de la cabeza. Para colmo, Sergio tiene a Tiger Woods de compañero de partido, y Velasco marchará junto a Rory McIlroy…
Además, Chema Olazábal y Rafa Cabrera han salido por delante a seis y cinco golpes del líder, respectivamente, y aún pueden liar alguna buena…
¿Cómo planifica uno semejante jornada de trabajo, teniendo en cuenta mi habitual y desesperante tendencia al caos? Que nadie lo dude: en semejante caso lo más práctico y eficaz es quedarse quietecito delante de una televisión y disfrutar de la realización, para luego ir recogiendo análisis e impresiones según van llegando los jugadores al 18… Pero como era de esperar, yo hago exactamente lo contrario. La cabra siempre tira al monte.
Me sitúo de entrada en una de las dos zonas estratégicas que ofrece este magnífico recorrido. Una pequeña colinita donde se tiene casi medio campo a tiro de piedra: el green del hoyo 3, el primer par 5; la salida del 4, que es el primer par 3; la salida en lontananza del hoyo 5; también puede verse el green del hoyo 6; se ve enterito el par 3 del hoyo 7; la salida del temible hoyo 8… Y hasta el green del hoyo 13, también par 5.
Los acontecimientos se suceden vertiginosos. A día de hoy resulta imposible ordenarlos en la memoria.
– La carita de Woods después de hacer bogey en el 3… La de Sergio no es mucho mejor tras fallar un putt corto de birdie. A los dos les sale humo por las narices.
– El birdie de Chema en el 13, apuntando a un top-ten glorioso, celebrado como merece por su caddie, Álex Larrazábal…
– El de Pablo Martín en el 3, que dispara sus opciones…
– Aquel maldito doble bogey de Velasco en el 7, yéndose al agua si mal no recuerdo… Después lo arregló, vaya si lo arregló.
– Mi vuelta corriendo a la grada de los hoyos 9 y 18, donde se sitúa la entrega de tarjetas, para coger a Olazábal y Cabrera Bello. (Allí me pilló el terrible triple bogey de Quirós en el 8. Y allí me pilla su gran birdie en el 9. Álvaro tiene que cruzar justo por donde yo estoy para ir hacia el tee del 10. Le digo algo así como "enorme Álvaro, enorme…". Pero juraría que ni me ha visto).
– Al pie mismo de la salita de entrega de tarjetas, veo a Rafa Cabrera retorcerse de pura rabia al acabar con doble bogey en el 18. Pero también el reconfortante esbozo de sonrisa de Olazábal, que se ha visto competitivo.
Vuelta corriendo al campo. A la otra zona estratégica que domina la salida del 11, par3, todo el hoyo 15, par 3 también, la salida del 16, el green del 17, la salida del 18…
Me encuentro con Pablo Martín, que está jugando el par 3 del hoyo 15. Mientras camina hacia al green me saluda y me relata espontáneamente su desafortunada vuelta. Dos dobles bogeys consecutivos lo han matado. Se resigna. A ver, qué remedio. Y entonces, ocurre…
Justo cuando Pablo está en el green del 15, a unos cuarenta metros a su izquierda Álvaro Quirós se prepara para pegar su golpe de salida en el par 3 del hoyo 11, que discurre en paralelo al 15 y en sentido contrario. Hacia allá me dirijo casi al trote…
La imagen que tengo es la del sueco Andersson Hed, compañero de partido de Quirós, saltar como un resorte rumbo al green en cuanto el español ha pegado el golpe, porque algo me tapaba y no pude ver el swing del de Guadiaro… Y de repente se junta todo: estruendo, algarabía, estrépito, palmas, alaridos, risas. Yo, en mi ingenuidad, y con un ángulo espantoso de visión, a caballo entre un hoyo, el 15, y otro, el 11, deduzco que Álvaro ha dejado dado el birdie. Pero es hoyo en uno. La reacción de Álvaro y el frenazo en seco de Andersson, que se da la vuelta para felicitarlo, no dejan lugar a las dudas.
Entonces asisto a una bella y curiosa estampa. Si ustedes vuelven a ver por televisión este hoyo en uno fíjense en un detalle. Cuando Quirós avanza jubiloso, hay un momento en el que mira hacia su izquierda y brevemente alza un brazo, girándolo sobre sí mismo, imitando algo así como el gesto de un cowboy en un rodeo cuando voltea el lazo. ¿A qué viene semejante gesto? Es bien sencillo: responde así a Pablo Martín, que en medio del green del 15 celebraba el definitivo tirazo de su colega exactamente con el mismo gesto: yipiii, ey, yipiii ey…


