
Por Alejandro Rodríguez
Pasan los minutos y el putting green de Wentworth se empieza a llenar. Es viernes 27 de mayo. No es un día cualquiera. El mítico campo londinense es una gigantesca mancha azul sobre fondo verde. La sensibilidad está a flor de piel…
Es un gesto simple y a la vez grandioso. La emoción se dispara a medida que te vas cruzando con jugadores. Uno tras otro van saliendo de la casa club. Prácticamente todos van vestidos con un jersey azul. Pelos de punta. El Circuito Europeo pidió que el viernes del BMW PGA Championship todo el mundo vistiera de azul en homenaje a Seve Ballesteros, como recuerdo y tributo a su celebrada imagen en el hoyo 18 de St. Andrews cuando conquistó uno de sus tres British Open.
La respuesta fue extraordinaria. La Armada, por supuesto, pero también Luke Donald, Lee Westwood, Ian Poulter, Paul Casey, Ernie Els, Francesco Molinari… prácticamente todos llevan el 'Uniforme Seve'. Algunos calcan hasta los zapatos. Precioso.
Se lleva la palma Graeme McDowell. No lo vemos hasta que entrega la tarjeta después de hacer sus 18 hoyos. Impresionante. El corazón se dispara. Hay que ser de piedra para no emocionarse. El noirlandés lleva el mismo chaleco que Seve. El mismo es EL MISMO. Hasta la marca, Slazenger. Nuestros colegas británicos indagan sobre la prenda. Preguntan a McDowell. Su respuesta, una vez más, emociona. G-Mac pidió permiso a sus patrocinadores para llevar ese día el jersey limpio de publicidad, sólo con el jaguar amarillo que simboliza la marca. Sombrerazo. Ya éramos muy de McDowell. Desde ese día, si cabe, un poco más.
El gesto de los jugadores es realmente bonito. Sin embargo, lo que más toca la fibra ese día en Wentworth es el público. Más de 20.000 personas en el campo y la mayoría van vestidas de azul. Sí, en Wentworth, al oeste de Londres. Lejos de Pedreña. Me quedo con la imagen de un abuelo septuagenario y su nieto. Los dos enfundados en un jersey azul paseando por el campo, siguiendo el partido de Donald. Seguro que aquel día, durante la vuelta, le cayeron al niño más de una y más de dos historietas de aquel genio cántabro que cautivó al mundo. Impagable.
Pues sí, una vez más, Seve consiguió que uno estuviera orgulloso de ser español.


