Por David Durán
Hojeando estos días un magnífico libro de la historia del golf, 'The Glorious World of Golf' de Peter Dobereiner, vi al menos dos fotografías que movían a cierta reflexión. O a la envidia, según se mire…
Aparece en una el mítico Bobby Jones en la no menos mítica avenida de Broadway de Nueva York, aclamado por miles y miles de personas que asisten al paso de una comitiva de coches, como si se tratara del mismisimo Eisenhower, en la que evidentemente el gran golfista es el protagonista. Se celebraba su victoria en el British de 1930.
En otra, se repite la escena 23 años después: una hilera de coches con un hombre saludando desde un descapotable a la multitud en Broadway; serpentinas y papelitos que llueven desde los rascacielos… El hombre es Ben Hogan y se celebra su triunfo en el British a su regreso de Europa.
Nos sirven estas imágenes para entender mejor lo que es el golf en la cultura anglosajona. ¿Se imaginan a Severiano o a Olazábal por el Paseo de la Castellana de Madrid celebrando en un baño de multitudes sus triunfos en 'majors'?
Evidentemente, nos ayuda a valorar aún más lo que hicieron estos españolitos. Y también nos preguntamos: ¿nuestros bisnietos vivirán algo así con un golfista español? Calculo yo que para eso haría falta que se multiplicara al menos por cinco el actual número de licencias…
Hay poco que reprocharse: la cultura deportiva de cada lugar es la que es y no se cambia en dos días. Pero entiendan ustedes mi envidia sana… (¿o quizá no es tan sana?).


