
Por David Durán
No ha pasado ni un mes desde que Tengolf editara y publicara un análisis pormenorizado acerca de algunos aspectos concretos del juego y la situación de Sergio García.
En dicho análisis, entre otras cosas, se mostraba con cifras y datos concretos los problemas que el de Borriol sufría en las terceras jornadas de los torneos. Los dichosos sábados. La diferencia era brutal: Sergio mostraba un acumulado de -29 los jueves de 2011, un -30 en las jornadas de viernes y un +10 en las de sábado. Demasiada diferencia.
Además, se recordaba y apuntaba el ejemplo de Luke Donald, que ha mejorado indiscutiblemente sus prestaciones desde que se puso en manos de Dave Alred, un preparador mental de prestigio.
Pues bien, en el mes que ha transcurrido desde entonces nada sustancial ha cambiado en la preparación de García. Su equipo de trabajo sigue siendo el mismo. No ha incorporado a nadie en esa parcela psicológica-emocional que tantos quebraderos de cabeza le estaba dando.
Sin embargo, el jugador español sí ha conseguido invertir la tendencia. Darle la vuelta a las estadísticas de un modo rotundo. Los hechos, igual que antes, no dejan lugar a las dudas al respecto:
1.En este tiempo fue capaz de resolver una situación complicadísima, sobre todo en el plano psicológico, como es una previa de todo un US Open. Lo hizo además con una frialdad de fino cirujano. Después de firmar un 68 en la primera de las dos rondas que debía completar en dicha previa, Sergio hizo sus cuentas: "ahora necesito un 67 para meterme en el US Open". Dicho y hecho. Entregó el 'planeado' 67 con tan solo un pequeño error de cálculo. Tal resultado lo metía de cabeza en un desempate junto a seis jugadores más. La historia es ya conocida: resolvió con limpieza el aprieto con un putt de birdie de seis metros en el primer hoyo.
2.En la semana del US Open, nuevas muestras de equilibrio. El sábado entregaba un magnífico 69, apoyándose además en un soberbio equilibrio mental, yendo de menos a más durante la jornada.
3.Y en Munich, más de lo mismo. Pero multiplicado. De hecho, Sergio acudía a este BMW con el objetivo primordial de meterse en el British y para ello necesitaba un puesto entre los tres primeros. Pues bien, después de las dos primeras jornadas marchaba en un discreto 30º puesto, lejos de la cabeza, y fue el sábado cuando entregaba un 64, el mejor resultado de su carrera en tercera jornada en un par 72.
El domingo, con el triunfo en juego, el de Borriol pasó por un momento muy malo cuando tenía el torneo en su mano. De nuevo las dudas. Lógicas, con tanto en juego. Pero aún fue capaz de regresar a la lucha, forzar un birdie final para el desempate y, después, jugar un gran play off en el que caía ante un rival como Larrazábal, que desplegó un gran golf y apenas dejó resquicio.
¿Qué ha cambiado? Es imposible saberlo con exactitud. Pero no cabe duda de que Sergio se las ha apañado él solito. No ha necesitado 'ayuda externa' más allá de la habitual que recibe de su grupo de trabajo, contrariamente a lo que podía deducirse (aquí mismo, por ejemplo, en Tengolf) con los datos en la mano.
El hecho tiene un mérito incuestionable, tratándose del farragoso tema que trata: el dominio de las emociones (del pulso) cuando la presión ahoga. Y probablemente nos sitúe, a medio y largo plazo, ante el mejor Sergio García desde que se hiciera profesional en 1999.


