Por David Durán, Redactor del Diario MARCA
Este jueves convencí una vez más a mi mujer para que me dejara ver golf a esa hora de la noche en la que, al menos a los que no están locos por este deporte, apetece mucho más relajarse con una buena película, una buena serie… Gracias…
Tenía especial interés en ver cómo reaccionaba Sergio en la primera jornada del The Tour tras la Ryder. Y debo reconocer que su inicio de recorrido coincidía con lo que yo más o menos esperaba: +4 en seis hoyos firmados por un jugador al que suponía absolutamente destrozado. Bien, a partir de aquí hubo mucho de vergüenza torera, de madurez y, por supuesto, de un talento que nadie le ha negado nunca a Sergio. Finalizó con una tarjeta de par sensacional, teniendo en cuenta que el East Lake no estaba para bromas, y ahí están los resultados de los treinta finalistas para confirmarlo (Sergio es sexto, creo).
Como ustedes sabrán y comprenderán, y si no se lo digo yo, a García a estas alturas de la temporada y de su carrera la importa un pimiento quedar segundo o quinto en la FedEx. Vergüenza torera. Madurez.
Dejen también que les confiese una actitud mía, visceral y muy poco deportiva: asistí con una frialdad casi displicente al festival de magníficos golpes y putts de Anthony Kim, brillante líder del torneo… Mea culpa. En mi defensa diré que los deportistas no sólo nos enganchan por su destreza y sangre fría con un palo o una raqueta en las manos, con un balón en los pies. Hay más. Quizá voy haciéndome mayor y ya sólo le pido a la vida un poquito de educación…


