Por David Durán, redactor del diario MARCA
Es tiempo de Tiger, qué duda cabe…
Se gana la etiqueta de jugador legendario cada vez que sale a jugar. Es tiempo también de Pablo Martín Benavides, porque este joven talento español que andaba ligeramente atascado se ha marcado un fabuloso torneo en Bay Hill. Son palabras mayores y una nueva señal, por si no las hubiera ya, del apasionante futuro que le aguarda.
Para mí, en cualquier caso, siempre es tiempo de Sergio García. Algo me dice que hoy, más que nunca, va a rebelarse contra los resultados que su juego está produciendo. Ojo, no han sido tan malos, pero claro, a Sergio se le aprieta más que a nadie sobre la faz del planeta-golf y no entiendo bien por qué… Sigo sin entenderlo. Precisamente escribo hoy sobre todo esto, y aún a riesgo de resultar tremendamente impopular, porque uno sigue viendo titulares y escuchando comentarios que, en mi modesta opinión, son terroríficos. He leido esta mañana, da igual donde… "Sergio acabó con una vuelta sobre par en otro torneo más para olvidar". Acojonante.
García hace top-ten en cualquier torneo y se le despacha, sin más, calificando casi de decepcionante su actuación. No digamos ya si después de un irregular fin de semana en Bay Hill finaliza en el puesto 35º… Da igual que Luke Donald, Scott Verplank, Martin Kaymer o Paul Casey, todos ellos entre los cincuenta mejores del mundo, como Sergio, no pasaran siquiera el corte… Da igual que el número 2 del mundo, Phil Mickelson, quedara en el puesto 21º… Da igual que Jim Furyk, top-ten mundial, hiciera el mismo resultado que Sergio… Da igual que el último ganador del Masters, Zach Johnson, terminara por detrás del español…
No me malinterpreten: defender a día de hoy la supremacía absoluta de Sergio en el golf mundial sería más que temerario, pero vamos a ser cautos cuando analicemos un deporte tan extremadamente complejo como el golf. Tengámoslo todo en cuenta. Sergio no está en su mejor momento, cierto, y lleva mucho tiempo sin ganar, cierto también, pero de ahí a esperarle con el mazo siempre que no sea primero, va un abismo.
Es verdad que las expectativas creadas (creadas por su juego, no lo olvidemos, no por la 'generosidad' de los Medios o la afición en general…) son un arma de doble filo. Y no lo es menos que algunos desafortunados gestos de Sergio en el campo no le han ayudado a crearse precisamente una aureola de chico bueno, pero insisto en que a la mayoría le perdonamos todo o casi todo (puede que hasta incluso nos haga gracia: John Daly es un buen ejemplo) y a este chico de Castellón lo crucificamos a las primeras de cambio. No lo entiendo. Lo mire por donde lo mire, no lo entiendo.
Una teoría técnica para acabar: es evidente que Sergio ha asimilado que tiene un problema con el putter y parece que así lo demuestran los hechos. Él está trabajando mucho en esa parcela, dándole mil y una vueltas, y por algo será.
Yo, sin embargo, les voy a puntualizar una cuestión: sus estadísticas de putt no son buenas, pero tampoco son verdaderamente desastrosas (mírenlas), y si uno sigue su juego hoyo a hoyo, teniendo en cuenta que su eficacia desde el tee sigue siendo impresionante, puede terminar llegando a la conclusión de que García necesita, para ganar… dejarlas más cerca del hoyo. En uno de sus entretenidos libros, el magnífico gurú Harvey Penick, ya fallecido, contaba esta historieta: uno de sus jugadores del equipo universitario le pidió ayuda porque estaba obsesionado con el putter… Sencillamente, había dejado de meterlas. De un modo gráfico, Penick relataba cómo directamente se puso a caminar hacia el campo de prácticas y no hacia el putting green, y este jugador le dijo "eh, señor Penick, que es mi putt lo que tenemos que mirar…". El viejo profesor le comentó entonces (no es literal): "tu putt funciona más o menos como siempre, lo que pasa es que ahora pateas desde más lejos. Vamos a trabajar esa parte del juego". Pues eso.


