
Por Alejandro Rodríguez
Sergio García es uno de los grandes iconos publicitarios del golf mundial. Es habitual ver al español en los carteles promocionales de los grandes torneos de Estados Unidos, protagonizando anuncios del PGA Tour o prestando su imagen a eventos que impulsan la práctica del golf. En apenas tres semanas hemos tenidos tres claros ejemplos del impacto comercial del castellonense.
Hemos visto a Sergio García en la cima del Teide golpeando una bola para promocionar el Pro-Am de la Fundación María García-Estrada, esto sólo y exclusivamente con fines benéficos. También lo vimos hace una semana en la pista del nuevo circuito de Fórmula Uno de Abu Dhabi pegar un driver para dar a conocer esta nueva instalación del Emirato. Y ayer lo subieron al tejado del edificio del Commercialbank de Doha (148 metros) para pegar otro drive. "Menos mal que no le tengo miedo a las alturas", bromeaba Sergio tras el acto publicitario.
Sergio García es un filón y las marcas lo saben. Su imagen traspasa fronteras y es reconocida en los cinco continentes.
Sin embargo, hay algo muy curioso. Da la sensación de que las firmas españolas no han terminado de darse cuenta del tirón que tiene el golfista de Borriol. No es nada habitual ver a García como protagonista de alguna campaña nacional. Es sólo mi impresión, pero parece, desde luego, desaprovechado.




