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En el fondo también ellas tienen algo de extraterrestres

Todo a la vez en todas partes

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Hace casi cuarenta años se me planteó una disyuntiva relativamente intrascendental. ¿Iba con mi amigo Javi Aguado a echar la tarde en Juvenalia, una feria para chavales y adolescentes que se celebra todos los años en Madrid, u optábamos por el cine? Al final, el tirón de uno de los títulos que en aquellas Navidades de 1986 estaban en cartel en la Gran Vía madrileña, Aliens: el regreso, nos pudo.

Pese a llegar con el supuesto lastre de ser la secuela de un clásico (Alien de Ridley Scott), la película se las apañó para atraparnos enseguida. Cuando los marines entraron en Hadley’s Hope, la colonia que debían reconocer, los dos quinceañeros estábamos metidísimos en la trama y parecíamos ser dos soldados rasos más en la compañía dirigida por el teniente Gorman. Como probablemente sepan, los xenomorfos no tardaron en aparecer y se libró una breve, frenética y encarnizada escaramuza en los túneles de la base. Cuando estalló la acción, sentí por primera vez algo que, por desgracia, no se ha repetido demasiado a posteriori: no sabía dónde mirar. Así de apabullante, vertiginosa y adrenalínica era la situación que aparecía en la pantalla para aquel chaval de quince años. Así de inolvidable, como salta a la vista… ya que me ha vuelto a la cabeza cuatro décadas después al escribir estas líneas.

Me permitirán la comparación grosera y fuera de contexto, ya que poco tiene que ver el cine con el deporte, y más en concreto con el golf, pero tengo esta misma sensación al ver, una semana tras otra, los logros de esta nueva generación de jugadoras, ya sea en el ámbito amateur o en el profesional. No sé dónde centrar la atención, porque en cuanto me despisto una de ellas alza un trofeo o protagoniza un momento histórico.

Carla Bernat, Julia López, Paula Martín, Carolina López Chacarra, Andrea Revuelta, Cayetana Fernández y Rocío Tejedo están protagonizando su particular versión del título de esta columna, y con su “todo a la vez en todas partes” nos están dando alegrías una semana tras otra… además de permitirnos entrever el brillantísimo futuro que tiene el golf femenino en España.

Desde los tiempos de Marta Figueras Dotti, primera gran francotiradora del golf español, y pese a los huecos y a algunas salvedades, no nos podemos quejar de las distintas generaciones que ha dado la cantera española, en especial de la generación de oro conformada por Carlota Ciganda, Azahara Muñoz, Beatriz Recari, Belén Mozo, Marta Silva y otras coetáneas, pero el olfato nos dice que estamos a las puertas de algo muy especial.
Detrás de estos éxitos, el trabajo infatigable de las implicadas (a nivel de club y en el ámbito universitario), de la RFEG (comandado en la actualidad por la vicepresidenta de la RFEG Mar Ruiz de la Torre y la presidenta del Comité Femenino, Covadonga Basagoiti) y de las federaciones autonómicas.

Además del talento de las jugadoras y de su innegable esfuerzo, queda claro que cuando hay medios se obtienen resultados y esos resultados atraen la atención del público. Lo vemos en el golf, en el fútbol femenino, en los recientes y espectaculares logros obtenidos en atletismo o en muchas otras especialidades deportivas (las mujeres han conseguido más del 50% de las medallas de España en los seis últimos juegos olímpicos).
Como declaró poco antes del US Open femenino Mike Whan, actual director ejecutivo de la USGA y responsable máximo del LPGA Tour hace unos años, “si el golf femenino fueran acciones, yo compraría”.

Pese a la desigualdad sistémica, pese a que las jugadoras se sigan enfrentando a dificultades superiores a la hora de encontrar patrocinios o ayudas, pese a las bolsas de premios inferiores, pese a los esfuerzos que han de dedicar a aspectos tangenciales para asegurarse un futuro y que, no lo neguemos, pueden llegar a afectar a su rendimiento profesional, el golf femenino español afronta un futuro brillante gracias a esta espectacular generación y a las chicas que siguen sus pasos (Adriana García Terol, Marta Muñoz, Liz Hao, etc.).

Yo que ustedes andaría muy atento, aunque a veces nos sea complicado centrar el foco y no sepamos muy bien dónde debemos mirar.