
No fue bien la cosa por Estados Unidos. Ya os dije que tenía muchas ganas de disfrutar en el US Open, pero fue mal. Jugué bien, pero si los resultados no acompañan, pues nada. En Suiza parece que la situación ha empezado a dar un poco la vuelta. Terminé quinto, aunque hubo algún momento en que pensé que incluso podía ganar…
Yo no suelo mirar la pizarra, pero en el hoyo 15 hay una pequeña subida y vi la clasificación justo delante. Sabía que si hacía dos o tres birdies podía estar para ganar. En el 16, que es un par 5 asequible, pegué una salida perfecta, el mejor golpe que se puede hacer. Fue una madera 5, con un dog leg a la izquierda y me dejé un hierro 7. Pero después di el peor golpe de toda la semana. Fue una pena porque al menos podía haber terminado cuarto en solitario.
Espero que el viento haya cambiado un poco porque estoy jugando muy bien. Yo sigo luchando y no arrojo la toalla porque sé que jugando de esta manera los buenos resultados van a llegar. No estoy pateando mal, pero la bola no entra. Estoy mentalmente fuerte, sólo es una cuestión de que hay veces que te metes en unas dinámicas que la bola no entra o que cuando fallas un green se te queda de la peor manera posible. Si estuviera jugando mal, lo diría, de verdad, pero el domingo, por ejemplo, me puede hacer perfectamente seis o siete menos. Las dejé muy cerca en muchos hoyos.
Estoy tranquilo porque sé que jugando así los resultados van a llegar. Los próximos torneos son en Escocia, muy cerca de St. Andrews, y Woburn, Inglaterra, un campo que me gusta, largo y con árboles. A ver si se da bien…
Os cuento un par de cosas más. Suiza es un torneo que económicamente no está muy bien dotado, pero al que nos encanta ir a los profesionales porque te tratan de miedo. Es un pueblecito pequeño y se hace todo andando, del hotel al campo de golf y por donde quieras moverte. Además nos ha hecho muy bien tiempo. El gerente del club nos dijo que el año que viene van a intentar mejorar la dotación de premios. Ojalá. Lo que no tienen que cambiar es el helado de chocolate. Es extraordinario. No lo podías perdonar ni ‘pa’ trás. Qué maravilla. Y no sólo yo. Todos los jugadores y los familiares iban de cabeza a por el helado. De verdad, uno de los mejores que he probado en mi vida, si no el mejor.
Por cierto, estos días estoy en casa con un buen amigo mío que, además, es mi patrocinador. Se trata de Ricardo Landa, que me ayuda con Reinoxmetal. Hemos ido a jugar y veo cada vez mejor su golf. Es hándicap 14 y lo veo muy en forma.


