Inicio Grandes Circuitos ‘Baby Medinah’: la remontada que tanto necesitaba la Walker Cup
Gran Bretaña e Irlanda ganan el trofeo 11 años después en un domingo asombroso

‘Baby Medinah’: la remontada que tanto necesitaba la Walker Cup

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El equipo de Gran Bretaña e Irlanda posa con el trofeo de campeón de la Walker Cup 2026.

Once años esperando para acabar pendientes de un putt en el último green. Gran Bretaña e Irlanda ha recuperado este domingo la Walker Cup en Lahinch con una victoria sobre Estados Unidos por 13½–12½. A mediodía, los locales acababan de perder los cuatro foursomes. Unas horas después, celebraban el triungo alrededor de Josh Hill. Mismo equipo. Mismo campo. Mismo día. Un mundo de diferencia.

La referencia a aquella Ryder Cup de José María Olazábal tiene sentido: un equipo contra las cuerdas, una reacción en los individuales y una victoria por un punto. En Medinah, Europa remontó cuatro de desventaja para imponerse por 14½–13½; en Lahinch, los británicos e irlandeses necesitaban levantar tres con diez partidos por delante. Y hasta aparece un Poulter en el reparto.

La dimensión del triunfo empieza por la espera. Gran Bretaña e Irlanda no levantaba la copa desde Royal Lytham & St Annes, en 2015. Desde entonces había encadenado cinco derrotas. Estados Unidos llegó a Irlanda con una superioridad reciente que amenazaba con convertir cada nueva edición en una especie de Presidents Cup.

De hecho, el debate sobre incorporar a Europa continental había vuelto a aparecer antes del encuentro. Se ha puesto sobre la mesa por parte de especialistas. Por eso cabe decir que Lahinch ha dado al torneo un resultado muy necesario: una rivalidad necesita que el desenlace conserve incertidumbre. Este domingo ha sido una bocanada de aire fresco.

Y eso que la mañana invitaba a pensar justamente lo contrario.

Los europeos habían terminado el sábado por delante, 6½–5½, pero el pleno estadounidense en los foursomes convirtió aquella ventaja en un 6½–9½. Quedaban diez individuales y las cuentas favorecían claramente a los visitantes: les bastaban tres puntos y medio para conservar el trofeo. Los locales necesitaban siete para recuperarlo. El empate tampoco les servía.

La respuesta fue ganar los cuatro primeros partidos del orden de salida. Stuart Grehan derrotó a Preston Stout por 2&1; Luke Poulter superó a Ethan Fang por 3&1; Jack Whaley arrolló a William Jennings por 8&7, y Tyler Weaver se impuso a Jay Leng Jr. por 4&3. Aquel arranque puso a Gran Bretaña e Irlanda por delante, 10½–9½. La remontada era factible.

Lo de Whaley merece unos segundos de reflexión. El campeón del US Amateur resolvió su encuentro en once hoyos. Su 8&7 iguala el segundo mayor margen de victoria registrado en un individual a 18 hoyos de la Walker Cup. En una tarde en la que casi todo terminaría dependiendo de unos pocos centímetros, él consiguió algo increíble.

Grehan, mientras tanto, completó un fin de semana inolvidable frente al Número Uno del mundo. El irlandés de 33 años ya había vencido a Stout el sábado después de estar tres abajo tras tres hoyos y, todavía, dos abajo a falta de tres. Ganó los tres últimos. En el 18 embocó un putt de unos cuatro metros y medio y acabó atendiendo a la televisión con su hijo Kai en brazos, rodeado de aficionados. «Menudo rugido», resumió sobre la reacción del público. Grehan es amateur, pero veterano, ya tiene 33 años. Qué temporada.

Y estaba Luke Poulter. Es inevitable acordarse de su padre, de aquellos cinco birdies consecutivos con los que Ian mantuvo a Europa con vida el sábado de Medinah. Catorce años después, le tocaba disfrutar del triunfo de su hijo y de otra reacción colectiva. Calificó la experiencia de «absolutamente emocionante». El apellido ayuda a establecer la conexión.

Pero ganar los cuatro primeros encuentros no resolvía la tarde. Estados Unidos sumó las victorias de Ryder Cowan sobre Ben Bolton y de Josiah Gilbert ante Sam Easterbrook. Para completar el vuelco, los locales todavía necesitaban resultados en partidos que seguían abiertos, algunos en condiciones bastante comprometidas.

Niall Sheils Donegan rescató medio punto frente a Kihei Akina después de ir por detrás durante buena parte del encuentro. Eliot Baker ganó a Stewart Hagestad con un birdie en el 18. Y Connor Graham protagonizó una remontada dentro de la remontada: estaba tres abajo tras once hoyos contra Miles Russell y terminó haciendo cinco birdies en los siete últimos. Dos de ellos llegaron justo cuando ya no podía permitirse otra cosa, en el 17 y el 18, para salvar el empate. De locos.

Ese medio punto de Graham, a falta de un solo partido, permitió que Gran Bretaña e Irlanda siguiera dependiendo de sí misma para ganar. Si perdía, ni siquiera una victoria posterior de Hill habría bastado para recuperar la copa.

Quedaba Hill contra Tyler Watts. 12½–12½ en el marcador general y el último partido empatado al llegar al 18. Robertson le comunicó que necesitaban la victoria antes de que jugara desde el búnker junto al green. Hill sacó la bola y se dejó un putt de aproximadamente 90 centímetros. Pónganse en su piel. Once años después de la última victoria en la Walker Cup. «Solo intenté patear rápido», explicó. Embocó. Ganó el hoyo, el partido y la Walker Cup. «No puede haber nada mejor que esto».

Gran Bretaña e Irlanda acababa de completar la mayor remontada de su historia en la competición.

El 7–3 de los individuales, construido con seis victorias y dos empates, había sido exactamente lo que necesitaban. No sobró nada. Ni el punto resuelto en once hoyos por Whaley, ni el que Baker arrancó en el último, ni los dos birdies finales de Graham. Esa dependencia de cada compañero es una de las razones por las que estas competiciones emocionen tanto.

La Walker Cup sigue teniendo un balance histórico muy favorable a Estados Unidos: 40 victorias frente a diez de Gran Bretaña e Irlanda y un empate. Lahinch no borra esa diferencia. Pero sí añade una tarde que será recordada durante mucho tiempo y devuelve a la próxima edición una pregunta que toda gran rivalidad necesita mantener abierta: quién va a ganar.