Carla Tejedo (Castellón, 2001) atiende a Ten Golf desde su casa en Louisiana. La valenciana acaba de terminar la carrera de Psicología y ha decidido a quedarse a vivir allí de momento.
Carla se graduó hace apenas tres meses en LSU, universidad en la que por cierto acaba de aterrizar su hermana Rocío: «Para mi es un orgullo que mi hermana haya querido seguir mis pasos y se haya venido aquí. No vivimos juntas, pero hacemos muchas cosas juntas».
La mayor de las Tejedo ha decidido permanecer allí porque disfruta mucho del ambiente, está cerca de su hermana pequeña y también, porque tiene vía libre para ultilizar las instalaciones de la universidad para entrenar junto a Ingrid Lindblad, ex número uno amateur y que ahora ya es pro.
La decisión de quedarse en Estados Unidos tiene un objetivo claro: Carla quiere darse la oportunidad de dar el salto al profesionalismo. De hecho, ya vive y actúa como una pro, es un paso formal el que le queda por hacer: «Dar el salto ahora o dentro de unos meses no me cambia nada y, para que nos vamos a engañar, me quita un poco de presión el hecho de seguir viendo que soy amateur».
El paso que ahora Carla ve tan nítido, hace solo unos meses no estaba tan claro. La española quería hacerlo, pero no estaba convencida: «No quería dar el salto por darlo, he visto a muchas jugadoras que dan el paso simplemente porque es lo que toca en ese momento. Quería estar convencida de querer dar el paso y en marzo todavía no lo tenía claro. Ahora ya sí, no tengo dudas el golf es mi pasión y quiero pelear por dedicarme a ello al más alto nivel. Ha sido un proceso, pero ahora lo veo más claro que nunca». Un punto de inflexión fueron las finales universitarias en las que por cierto Carla terminó dentro de las diez mejores del año: «Al acabar sentí un vacío muy grande, ¿ya está?, ¿hasta aquí ha llegado el viaje?. Algo dentro de mí se rebeló».
Este viaje interior tiene un antes y un después: «Yo en enero tenía muchas dudas sobre mi futuro y la Federación me puso en contacto con el entrenador Sergio de Céspedes para ver si me podía echar una mano con mi juego. En esos días de Navidad trabajamos un montón de cosas y, a partir de esas semanas, poco a poco todo ha ido haciendo clic en mi interior, y en mi juego». La valenciana que se describía como una jugadora de draw y ahora «soy una jugadora de fade total que me siento muchísimo más cómoda con los hierros y en la que además creo que he mejorado mucho con el putter». Casi nada.
Los resultados están a la vista, top 15 en los Regionals Universitarios, top 10 en la Final Universitaria, sexta en el Campeonato de Europa Invidual y, hace apenas dos semanas, Carla superó la primera fase de la Escuela del LPGA Tour. Con esto ya tendría asegurada una categoría, no muy amplia, en el Epson Tour. Quedan dos pruebas más por delante. La siguiente, en poco más de un mes. Si Carla supera esa segunda fase ya no tendrá más remedio que dar el salto a profesional. Para jugar la fase final no puedes ser amateur. Está convencida de que lo puede conseguir: «Tal y como jugué la primera etapa creo que tengo nivel para llegar a la fase final. Además, solo por llegar tendría un status casi completo en el Epson la temporada que viene», asegura.
Queda solo un pasito, uno grande, pero solo uno. De no conseguirlo, la española lo intentaría a través de la Escuela del Ladies European Tour: «pero si soy sincera, ahora mismo eso ni me lo planteo. Entreno y me focalizo para superar esta segunda fase a toda costa».
Finaliza la etapa universitaria y también es momento de hacer balance. No queda mucho de aquella chica de 18 años que sin saber mucho de la vida aterrizó para intentar vivir el sueño americano. «Ha sido la mejor decisión de mi vida, tanto dentro como fuera del campo de golf he crecido un montón. Esta experiencia te ayuda a madurar muchísimo. De repente toda tu familia está muy lejos y te tienes que sacar las castañas del fuego. A todo el que pueda se lo recomiendo 100%».
En lo que a golf se refiere Carla también tiene claro por donde ha ido evolucionando: «Yo soy muy pasional, me desvivo en cada golpe, creo que tengo mucha garra y en estos años creo que mi actitud ha cambiado mucho. Antes me enfadaba mucho más, ahora acepto que el error es parte del juego y que hay que convivir con el e intentar minimizarlo al máximo. Aunque a veces no me lo crea, pero siempre podría haber un golpe peor del que he dado. Creo que ahora relativizo mucho más», señala Carla con filosofía.
Al mirar atrás en esta epoca universitaria y amateur la española tiene dos momentos grabados a fuego en su retina: «El primero fue cuando gané con la universidad el título de Conferencia. Esa semana justo mis padres estaban aqui viéndome jugar y fue super especial. Lo pongo por encima del título inidivual que conseguí ese mismo año». Aunque hay otro momento que Carla no olvidará jamás. El ANWA de 2023: «No jugué bien y no pasé el corte, pero pasear por Augusta con mis padres y jugar allí la vuelta de prácticas fue como un reconocimiento a todo el trabajo que estaba haciendo tanto yo, como mi equipo como mi familia. Fue único».
En lo que a este lado del atlántico se refiere, Carla tiene claro que el Campeonato de Europa por equipos de hace un año no lo olvidará jamás. «Es curioso mi recuerdo no es de ningún golpe en concreto si no en el momento que supimos que éramos campeonas y empezamos todas a correr como locas, nos mirábamos y nos tirábamos unas encima de otras sin ternminar de creernos que por fin lo habíamos conseguido. Fue único».
Hablando de las jugadoras españolas a Carla se le cae la baba, literalmente. Junto a Blanca Fernández son las ‘mayores’ de esta generación y alucinan con lo que viene por detrás: Cata, Julia, Paula, Andrea, Anna Cañadó, Rocio, Cloe, Balma y las que me dejo… es impresionante lo rápido que están creciendo y madurando. Que se prepare el mundo porque estas chicas son muy buenas».
«De hecho, la generación que viene es tan buena que pensé que este año me podía quedar fuera del equipo. Es verdad que después empezaron a llegar los resultados y me tranquilicé un poco, porque la realidad es que me hacía muchísima ilusión poder cerrar esta etapa con ellas jugando». Fue un alivio cuando me llamó Mar Ruiz de la Torre y me confirmó que estaba en el equipos. Tenía muchos nervios», afirma con gracia la de Castellón.
Toca poner a Carla en un pequeño compromiso y que elija a la jugadora de estas generaciones a la que ve más proyección. Salta como un resorte: «A mi hermana, a mi hermana, va a ser muy buena, pero es verdad que más allá de ella, Julia López es un escándalo lo bien que juega, lo duro que le pega y lo recto que vuela su bola. Me impresiona cada vez que jugamos juntas».
En apenas mes y medio Carla jugará la segunda fase de la escuela y seguirá dando un pasito más para pelear por su sueño, ser profesional de este bendito deporte. No le quiten ojo.



