Hola a todos. Os escribo desde Vietnam, donde este miércoles empieza el Lexus Challenge, mi segundo torneo de la temporada en el Asian Development Tour. Muchas ganas. Ya habrá tiempo de hablar de esta semana. Ojalá vengan muchas cosas buenas, pero antes os quiero poner al día de lo que he estado haciendo últimamente. Estoy contento por cómo van las cosas.
Decidimos no ir a Pakistán al segundo torneo de la temporada del ADT y en su lugar aproveché para jugar tres torneos del circuito Nordic League, parte del Ecco Tour. Como muchos sabéis, este circuito incluye unos 30 campeonatos, y el top 5 al final del año se lleva la tarjeta del Challenge Tour. Sin embargo, mi objetivo no es centrarme en ese tour. Lo he usado más bien como una herramienta para competir y mantenerme en ritmo entre mis torneos principales. Creo que habré jugado unas 7 u 8 pruebas en diferentes temporadas.
Esta vez las tres pruebas fueron en Infinitum Golf, Tarragona. Decidimos apuntarnos porque estamos en un momento clave: los cambios técnicos que venimos trabajando con Paul Holland están empezando a tomar forma y automatizarse. Queríamos medir en qué punto estoy a la hora de competir. Estamos usando un programa nuevo de estadísticas y meter nueve vueltas nos permitió ver dónde estamos fallando, qué podemos trabajar más y dónde enfocar la energía de cara al ADT. Ese era el plan, además de, por supuesto, jugar bien e intentar ganar.
De estas tres semanas, lo que más me satisface es la consistencia. Quedé sexto, octavo y perdí en un playoff en el último torneo. Eso refleja una regularidad que hacía mucho tiempo —por no decir nunca— no tenía. Toda esta reforma técnica, tanto en el swing como en biomecánica, está dando frutos. El trabajo intenso que hemos hecho desde octubre empieza a rendir, como ya se vio en Malasia (acabó en el top 10). Reconfirmarlo ahora con estos resultados es una gran satisfacción para mí, mi entrenador y el equipo.
Además, tuve una vuelta destacada en un día complicado por el viento. Firmé un 63, -8, en el último campeonato. En ese torneo, donde llegué al playoff, el primer día también soplaba fuerte. Empecé con más 3 tras cuatro hoyos, prácticamente fuera de la pelea, pero luché una buena vuelta y terminé con más 1. El segundo día sabía que necesitaba una ronda baja, algo que no conseguía desde hacía tiempo. Era uno de mis objetivos a corto plazo: hacer un 62 ó 63 que me diera confianza. Y lo logré ese segundo día, en condiciones difíciles por el viento. Me coloqué segundo, a un golpe de Søren Kjeldsen, con opciones reales el último día.
Han pasado cuatro años desde mi última victoria, así que iba con todo a ganar. El último día fue un duelo intenso con Søren Kjeldsen, un nombre que no necesita presentación por su historial y peso en el golf. Sabía que me lo pondría difícil. Empezamos empatados a -2 tras nueve hoyos. Yo estaba jugando muy bien, aunque me faltó meter algún putt, algo que fue una constante en los tres torneos. De tee a green, sin embargo, estuve sólido.
Luego llegó un traspié: un doble bogey en el 12. Me jugué un tiro agresivo desde 200 metros, con una bandera al fondo, viento cruzado y agua a la izquierda. Le pegué ligeramente mal, el viento la llevó rápido y acabó en el agua. Quedé a tres golpes a falta de cuatro hoyos. Pero no tiré la toalla. Siempre pienso que soy capaz de lo peor y de lo mejor, así que sabía que podía remontar con un eagle o algún birdie. Y así fue: hice un gran birdie en el 15 del Lakes de Infinitum, un hoyo complicado.
En el 16, con viento fuerte de la izquierda, vi una oportunidad. Søren no iba a llegar de dos, así que si yo lo conseguía, le metería presión. Él pegó una madera desde el tee, jugó el hoyo en tres y dejó la bola a unos 15 metros para birdie. Con el viento soplando de izquierda a derecha, no era un hoyo fácil. Pegué un driver sólido al centro de la calle, me quedaron 250 metros al medio del green y tiré una madera 4 con un ligero draw contra el viento. La dejé a 10 metros, dentro de Kjeldsen. Él hizo tres putts, yo dejé la mía corta para eagle, pero hice birdie y empatamos.
En el 17 pegué un hierro sólido. Estaba entre un 7 y un 6, pero la bandera estaba corta y no quería quedarme en el bunker, así que fui agresivo con el 6. Me pasé un poco, a unos 15 metros al fondo del green, y me dejé un putt difícil. Terminé con tres putts, mientras Søren hizo par. En el 18, él pegó driver y un hierro 4 al bunker de la derecha. Yo tiré un driver con un leve draw que botó en el centro de la calle, pero el viento de la derecha lo empujó fuerte y acabó justo antes del agua que bordea todo el hoyo.
Ahí vino un momento épico. Me quedó un tiro complicado, con la bola mucho más alta que los pies, y le dije a mi caddie, Jason: “Ponte detrás, porque si pego contra el suelo, me voy al agua.” Consulté con el árbitro, me dieron el OK y Jason se colocó por si me caía. Pegué un hierro 9 con un lie de flyer, viento cruzado, sabiendo que saldría suelta. La boté justo pasado el búnker y rodó 15-20 metros hacia la bandera, que estaba pegada al agua a la izquierda. Rozó el hoyo y se quedó a 4 pies. ¡Casi hago 2! Søren, desde el bunker, hizo un birdie perfecto, dejándola a 3 metros y metiendo el putt. Yo tenía un putt de eagle para empatar y forzar el playoff. Lo metí.
En el playoff Søren jugó de manual: driver bajo con fade perfecto contra el viento, hierro 3 al corazón del green a 12 metros. Yo tiré el driver un poco a la derecha, al semi-rough. Sabía que él haría birdie, así que fui con un hierro 4 a la bandera. El viento la cogió más de la cuenta, botó fuerte en el green y rodó hacia la izquierda, donde el green cae en cascada al agua. No paró y acabó dentro del lago. Dropé, hice 5 y él cerró con birdie para ganar.
Me dio rabia, claro. Quería ganar y lo di todo, forzando un playoff cuando estaba fuera a falta de cuatro hoyos. Pero felicité a Søren. Se portó genial, súper educado y elegante. Es un pedazo de jugador y perder contra él es el menor de los males. Estoy contento con cómo jugué, especialmente los últimos hoyos. Estas tres semanas fueron sólidas. Si hubiera pateado como suelo, creo que me llevaba la victoria. Pero hemos aprendido.
Las estadísticas muestran que nuestro punto débil está entre 2 y 5 metros, así que eso hemos trabajado las últimas dos semanas antes de venir a Vietnam. Estoy feliz de volver a pelear por un título. Aunque era un evento de la Nordic League, una especie de tercera división, el field tenía nivel: jugadores del Challenge, Edoardo Molinari, Søren Kjeldsen. Fue divertido y competitivo y los resultados hablan por sí solos.
Así que aquí sigo, con ganas de trabajar, mejorar y motivado para lo que queda de temporada. A ver si las cosas van bien en Vietnam y os sigo contando cosas buenas.



