
Desde la tranquilidad que da estar unos días descansando, de vacaciones, me pongo al día para contaros algunas cosas…Han pasado ya buena parte de los grandes torneos del año. En este 2012 ha sido la primera vez que he tenido una presencia habitual o regular en los grandes torneos, que es lo que todos buscamos.
Desde el principio de año no me puse grandes objetivos en los ‘majors’ y los World Golf Championship. Sólo uno: el aprendizaje. Desde ese punto de vista me queda la satisfacción de haber estado ahí, aunque también tengo algo de mal sabor de boca por no haber estado bien en ninguno de principio a fin, porque luego, aunque uno vaya a aprender, a nadie le amarga el dulce de hacerlo bien…
Sinceramente, no siento que tenga una espina clavada, salvo quizá aquella eliminación en el Accenture en primera ronda ante Jason Day cuando iba tres arriba a tres hoyos del final. Lo que me pasó en el PGA, más que una espina fue algo muy doloroso, pero eso, aunque sea un recuerdo nefasto, os lo contaré más detalladamente otro día.
Lo más positivo de todo fue el Bridgestone. Porque esa semana vi con claridad que si juego bien puedo estar arriba en cualquier torneo del mundo. El sábado y domingo no estuve bien, pero ahora sé que no fue porque dentro de mí no tenga el juego necesario, porque sí lo tengo, tal y como se vio el jueves y el viernes. Es una pista muy alentadora que me ha dado este año 2012. Así que me hago un planteamiento muy positivo: si soy capaz de jugar bien dos días, como ya he demostrado, ¿por qué alguna vez no voy a conseguir estar bien los cuatro?
La Ryder nunca fue un objetivo en sí mismo, tal y como he ido repitiendo todo el año, aunque es verdad que después de quedar segundo en Irlanda sí me dije que podía ser una meta alcanzable. Pero he conseguido jugar todas las semanas sin presionarme pensando en la Ryder. Todas, salvo la última en Gleneagles, donde no pensaba en otra cosa, y la verdad es que tampoco jugué nada mal…
Una última reflexión. Puede parecer algo más o menos sabido, pero hasta que no lo ves con tus ojos y lo sufres en tus carnes no te das verdadera cuenta: los campos en los grandes torneos son muy duros y dan dos vueltas de tuerca en la preparación. No perdonan. No puedes irte librando con un juego que no esté al ciento por ciento porque el campo te caza siempre. No vale con salir del paso: prácticamente todos los golpes tienen que ser buenos.
En breve os seguiré contando…


