
Adam Scott (-17) ha desactivado cualquier intento de ‘rebelión’ a bordo en la jornada dominical del World Golf Championship Bridgestone Invitational, para apuntarse una excelsa y brillante victoria…
Cuando uno sale de líder no se conoce una ‘estrategia’ más adecuada que entregar la mejor tarjeta del día (65 golpes) para cantar victoria.
El australiano ha sido líder de principio a fin durante la semana y, además, ha avasallado en los últimos nueve hoyos, donde uno se lo juega todo. Hay que ir más allá: si atendemos a la tensión de ese rostro de perfil griego que pasea, nula a todas luces, en este decisivo tramo del torneo casi parecía estar jugando una vuelta de práctica. Inaudito.
Así que la cuestión es de lo más oportunista, de acuerdo, pero necesaria al fin y al cabo: ¿ha tenido que ver algo en este rendimiento imperial la labor de Steve Williams como escudero? La respuesta es diáfana: por supuesto que ha tenido que ver. Lo que nos lleva a una segunda cuestión: ¿hasta qué punto, o qué tanto por ciento de peso ha tenido la presencia del caddie neocelandés?
En este escalón el debate, seguro, será más abierto y enconado. Probablemente el propio Scott va a hartarse de responder a esa pregunta en los próximos días, así que no vamos a tardar en conocer su opinión (la más importante) al respecto. Sobre el mismo green del 18 ya agradecía ante las cámaras el trabajo de un Williams que, por cierto, no se quitó el peto para lucir marca en su llegada triunfal. Aquello era de otros tiempos. Pero a este paso, todo llegará, no hay que preocuparse…
La exhibición de Scott ha tenido dos momentos culminantes, tras un inicio pleno de control. El chip embocado para birdie en el hoyo 12, y un putt de nueve metros en el 14, también para birdie, que dejaba el asunto decantado. Tuvo asimismo un remate antológico: en el 18 pegaba un tirazo desde la calle que a punto estaba de acabar en eagle.
Ni que decir tiene que Adam (31 años recién cumplidos) reabre con su triunfo un nuevo capítulo en su carrera. Desde ya mismo queda inscrito en el ‘club’ de los aspirantes al trono mundial, que a este paso van a ser multitud, para gloria del golf. Confirma definitivamente su retorno triunfante, iniciado en 2010 tras esa crisis horrorosa que sufrió un año antes, y que terminó llevándole directamente al putter escoba con el que hoy ha barrido unos cuantos cientos de miles de dólares…
Esa distancia final de cuatro golpes del australiano con los segundos clasificados no debe deslumbrarnos hasta el punto de obviar al menos un par de cuestiones de cierta trascendencia. A saber:
1. La actuación del Número 1 del mundo, Luke Donald (-13 y segunda posición), ha estado a la altura del ‘cargo’ de dominador planetario que ostenta. Magnífico. Su golf de tee a green ha sido, incluso, superior al de Scott. Nada que objetar a su profundo ataque de 66 golpes, que bien pudiera haber descabalado a un líder timorato. Quizá la imagen de Donald venda un poco menos que la de otros jugadores, pero él se está hartando de demostrar que su gobierno no es interino. Curiosamente, esta semana no ha estado tan brillante con una de sus armas letales, el putter. Aunque pasan las semanas y los meses y uno ya no deja de preguntarse qué arma en la bolsa de Luke no es letal…
2. La evolución Rickie Fowler (-13,compartiendo la segunda posición con el inglés) no cesa. Debajo de esas gorras estridentes y de la cabellera modelada a golpe de secador hay un cerebro privilegiado. Quedó claro en su estreno en la Ryder, cuando el novato puso en jaque a todo un equipo europeo con un final apoteósico en los individuales. Después, no ha hecho más que confirmar aquello. Las dos últimas paradas del tren a la gloria, Open Championship y este WGC, hablan por sí solas, con actuaciones propias de un experto campeón. No cabe duda de que ese nuevo ‘orden’ mundial del golf al que se refería Tiger (¿habrá felicitado vía sms a Steve?) avanza imparable.


