«Es la primera vez en mi vida que me veo en esta situación, es doloroso, pero es así, toca aceptarlo». Son palabras de Carlos Pigem. Después de trece temporadas jugando al máximo nivel el golfista catalán no tiene tarjeta para ninguno de los grandes circuitos en los que ha competido en estos años. Seis años en el Asian Tour, cinco en el DP World Tour y otros dos en el Challenge Tour son un bagaje en los que suma más de 300 torneos como profesional.
2025 llega sin tarjetas debajo del brazo y esto ha provocado que el jugador de 34 años se haya visto obligado a tomar una dolorosa decisión: «Me gustaría seguir jugando al golf, pero han sido años muy duros, cuanto más me lo he currado peor me han salido las cosas. Este deporte tiene ese punto de inexplicable, creo que he trabajado más que nunca, pero me toca dar un paso al lado. Voy a empezar a ayudar a mi padre en la gestión y dirección de varios negocios que tiene», cuenta con cierta resignación el español.
Para Carlos no es la decisión ideal, pero sí la que le pide la cabeza en estos momentos: «No voy a dejar el golf, voy a seguir entrenando y compitiendo en los torneos en los que reciba invitación, pero necesito parar, desconectar y también empezar a labrarme un poco mi futuro. Es una decisión que preferiría no tener que tomar, pero es lo que hay. Además en cuatro meses me voy a casar y toca también asegurar cierta estabilidad».
De este modo Carlos activa el plan B, pero con el rabillo del ojo sigue mirando al golf profesional: «Voy a estar unas semanas sin tocar un palo de golf, necesito pensar en otras cosas. A finales de enero jugaré la Final Nacional de la PGA (se suspendió en noviembre) y hasta que llegue a allí no voy a entrenar nada. En 2018 estuve tres meses sin jugar nada y al volver cambié todo mi swing. Me vino super bien y acabé recuperando los derechos para jugar en el Circuito Europeo. Fue algo impresionante. Quien sabe si me puede volver a pasar lo mismo ahora. Este deporte es inexplicable y yo tampoco me quiero rendir. Voy a poder jugar algún que otro torneo del Challenge Tour y las Escuelas de la temporada que viene. No sabes lo que puede pasar en esos campeonatos. Está claro que es momento de cambio y todavía no tengo claro quien me va a acompañar en esta transición».
No está siendo un proceso sencillo: «El otro día escuchaba a Toni Nadal que comentaba que hacer lo que te gusta te hace infeliz, porque si en aquello que te encanta no consigues que se te de lo suficientemente bien entonces te entran las dudas y te preguntas para qué sirves». Así de duro es el deporte de alta competición y el golf en particular. Una persona que ha rendido trece años junto a los mejores del mundo y que incluso cuenta con una victoria como profesional en el Asian Tour, pueda pensar que no sirve para este deporte, así tritura el golf.
Sobre las posibilidades reales de volver a rendir al más alto estandar de exigencia, Carlos no tiene dudas de su nivel: «Yo hace diez años tiraba de talento, desde hace cinco o seis años estoy trabajando mucho más, pero cuanto más me he esforzado las cosas no han terminado de salir. Frustra, pero sé lo que hace falta para el golf actual. Tengo que ser mucho más consistente con el juego largo y entonces reaparecerá mi juego corto que sin duda es una de mis grandes fortalezas. Estoy trabajando en ello y si consigo esa solidez desde el tee, sé que tendré mis opciones de volver. Hoy en día si no eres muy bueno desde el tee es prácticamente imposible que tengas opciones».
Por otro lado, sabe que todavía es muy joven y que puede volver a sonar la flauta en el momento preciso y en el lugar adecuado: «No voy a dejar de entrenar, mira a Alfredo García Heredia. Es un buen espejo en el que mirarme. Esto no es como el fútbol, a mi edad pueden surgir muchísimas oportunidades. Por eso me quiero mantener competitivo, porque nunca sabes cuando te va a llegar la oportunidad. Quien sabe igual llego sin presión a un torneo del Challenge y hago un gran resultado que me permita reengancharme».
Sobre este último año reconoce que ha ido de más a menos: «Comencé en el Asian Tour muy motivado, conseguir la tarjeta fue una especie de última bala inesperada y me lo tomé con mucha ilusión. Era como volver a los inicios, al circuito donde gané en 2016. Es verdad que según ha ido avanzando el año me ha ido costando todo mucho más y ya desde agosto he estado trabajando con un terapeuta, asimilando poco a poco el cambio que me toca dar. Se me ha hecho muy duro el final de temporada, fallé dos cortes por un golpe y la cuesta se me hizo muy inclinada. Jugué la Escuela porque iba directo a la Final, pero fue muy frustrante y acabé llorando en el último hoyo. Este proceso no ha sido nada fácil, pero poco a poco voy haciéndome a la idea del cambio».
2025 será un año de cambios, un año de boda y por qué no el de recuperar los derechos de un gran circuito.



