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Cazador caza a cazador

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Hunter Mahan ha vencido a Rory McIlroy en la Final del Accenture por 2 y 1 y es merecedor del mayor reconocimiento…

Su demostración ha sido soberbia. Detrás de ese rostro aparentemente despreocupado y 'grunge', se esconde un corajudo y brillante competidor. Nada que ver con la despreocupación. Nada que ver con lo 'grunge'. Mahan ha impedido el casi anunciado advenimiento del Príncipe McIlroy al trono del golf mundial. Aunque seguramente sólo se trate de un aplazamiento puntual de lo inevitable.

La imagen que nos va a quedar de su victoria, decenas de veces repetida esta semana, es la del californiano embocando desde esa distancia crítica que va del metro a los dos metros. Más crítica todavía en los greenes del Ritz Carlton, ladinamente diseñados por Jack Nicklaus por y para la competición match play. Por supuesto, Mahan no sólo ha enchufado los putts cortos, faltaría más.

Este norteamericano de 29 años no da descanso a sus rivales. Nunca puedes estar seguro de que un error suyo terminará en bogey, precisamente por esa capacidad que tiene para recuperar o para meterla desde cualquier esquina. Pero además puede ser tan brillante como el propio McIlroy con un hierro en las manos. Su salida en el par 3 del hoyo 6, por ejemplo, nos reafirma en ello. Bola dada para birdie. O su golpazo desde la calle del hoyo 10. Dada para birdie.

El inicio de la final ha sido frenético y extraño. Bogey de ambos en el primer hoyo. Birdie de ambos en el segundo. Birdie de ambos en el tercero. Bogey de ambos en el cuarto… Desde ese momento, sin embargo, y tras un error flagrante de estrategia del norirlandés en el hoyo 7, buscando una peligrosa bandera con su rival fuera de juego (ganaría Mahan el hoyo con un bogey…), lo cierto es que los hilos del duelo los ha manejado casi siempre el americano.

Daba la ligera sensación de que Rory andaba con el piloto de la reserva encendido. Como si la partida matutina ante Westwood hubiera absorbido buena parte de sus energías. Y no se trata de una cuestión física.

El norirlandés tiene juego, cabeza y preparación física (está hecho un toro, de hecho) para ganar en cualquier escenario y con cualquier formato, ya sean 36 hoyos en un solo día. Pero nos reafirmamos en la idea de que no es hombre al que le guste especialmente el match play, el uno contra uno. Porque McIlroy no es un fajador. Se puede ser un jugador con un talento sobrehumano y además ser un fajador. No es el caso de McIlroy. Sí sería, sin embargo, una buena descripción de Severiano Ballesteros.

Hay quien se desgasta en exceso jugando match play, y quienes por contra cobran vida. El propio Rory lo explicaba esta semana: "menos mal que jugamos poco match play durante el año, porque yo sólo podría jugar así diez torneos al año". Dicho esto, podríamos lanzar la siguiente pregunta al aire para no cerrar nunca el debate: si su vida dependiera de una partida de match play, ¿en manos de quién se pondría? ¿En las de Rory McIlroy? Pues seguramente…

El resultado del partido de tercer y cuarto puesto tampoco debe sorprender en exceso. El sobrio y preciso Mark Wilson se las arreglaba para ganar (1 arriba) haciendo birdie en los cuatro pares 5 del campo. Con la escuadra, el cartabón y el compás. Magnífico alrededor de green. Westwood tuvo la dignidad y el coraje de no tirar nunca la toalla, pero sobre la visera de su gorra aún colgaba el velo de la decepción por no verse en la final…

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