1,98 puntos… Esa es la diferencia que ha marcado jugar o no jugar la Final de la Road to Mallorca, la diferencia entre el puesto 45 y el 46 de la Orden de Mérito, la diferencia entre Víctor Pastor y el belga Matthis Bessard.
El caso de Bessard ha sido especialmente doloroso. El belga terminaba el domingo por el hoyo 9 del recorrido de Hangzhou West Lake. Pinchaba en el tee del hoyo 72 de torneo y estaba matemáticamente dentro de la Final de Mallorca… sin embargo, un dobley bogey en su última bandera, unido al sexto puesto de Víctor le han cerrado las puertas. Si hubiese cerrado al par ese hoyo 72 del torneo estaría ahora haciendo las maletas rumbo a Alcanada y Pastor fuera de ella por menos de un punto.
La alegría va por barrios y la moneda ha caído del lado del español que jugará la semana que viene su primera Gran Final de Mallorca. En los cuatro años previos no había conseguido romper esa barrera y debutará por méritos propios en la cita decisiva buscando una de las 20 tarjetas del DP World Tour. Un fijo en el circuito en las últimas cuatro temporadas, logrando mantener la tarjeta, pero con ansias de más y la ilusión de escalar a la élite del circuito europeo: «Mi objetivo siempre ha sido ser uno de los veinte mejores del año, pero este es un primer paso y me hace mucha ilusión el haberme ganado jugar la Final», afirma a Ten Golf.
Después de 28 torneos la igualdad ha sido total y esa exigua diferencia de menos de dos puntos marca el corte definitivo. Es la máxima expresión del tópico de que cada golpe cuenta, pero no ya en estos torneos finales decisivos, si no en cualquier prueba de mitad de temporada que parece que es inofensivo. Un birdie o un bogey en cualquier ronda puede marcar la diferencia, de hecho la ha marcado. Para que se ubiquen, terminar 19º o 20º en cualquier torneo regular del año ha sido la diferencia entre jugar o no en Alcudia.
«Así es es este deporte. Más igualado imposible, unas veces te quita y esta vez me ha tocado ser la cara alegre», cuenta Víctor a Ten Golf. «La realidad es que yo no quise ni mirar el marcador, si cerraba bien el torneo y me daba para clasificarme, genial, y si no pues seguiría intentándolo otro año», y reconoce que no hacía ningún tipo de cálculo durante la semana. «Una vez que empezó el torneo quise centrarme únicamente en jugar bien y ya está».
Víctor terminó sexto y, aunque salía el domingo con serias opciones de victoria que se le escaparon en un mal arranque de jornada, supo reponerse a las mil maravillas para sellar el pase: «Estoy muy contento de cómo lo gestioné. En varios momentos di por hecho que no me iba a meter, pero seguí peleando y conseguí mantenerme. No logré la victoria, pero supe aguantar y acabar bien», apunta Víctor.
El cordobés se encuentra en estos momentos en Italia descansando antes de poner rumbo a las Islas Baleares el próximo lunes. Relata el rato de agonía que tuvo en China hasta confirmar que la remontada era total. «Nada más terminar, rumbo al scoring area miré el móvil y mi hermano me estaba llamando para decirme que había pasado, que era el 45º. Yo la verdad es que no me lo quise creer, porque podía haber cualquier mínimo error en el ranking actualizado del tour. Fue una lenta agonía, pero ya cuando vinieron de prensa para hacerme una entrevista respiré aliviado».
El año ha sido complicado. Empezó sólido, pasando cortes y con un gran segundo puesto en Cádiz. Terminó entre los doce mejores del año esa prueba y a partir de ahí se le hizo de noche, fallando diez cortes en once pruebas. El atasco era evidente: «La verdad es que se me hacía muy difícil ir a los torneos, no quería ir, mentalmente era algo muy difícil de gestionar y por ejemplo en Suecia lo pasé realmente mal, sufrí mucho».
Sin embargo, algo había distinto en Víctor Pastor. «Es evidente que los resultados no estaban llegando, pero estaba un poco más tranquilo que otros años, fallé cuatro cortes por un golpe, estaba pegando bien a la bola, pero no terminaban de cuadrar bien las cosas».
Esta dinámica no es nueva. De hecho, los tres últimos años de Víctor reconoce que el patrón es similar: «empiezo bien el año y luego voy perdiendo fuerza, pero de verdad que en mi interior sentía que este año era distinto y que estaba más tranquilo le estaba pegando mejor, lo cual era hasta más duro porque me hacía pasarlo peor todavía».
En estas llegó el momento de ponerse rumbo a China. «No tenía muchas ganas de ir, la verdad, con los resultados que traía, semejante viaje se me hacía cuesta arriba». Sin embargo hay un factor que le ha ayudado a hacer click: «Viajé sin expectativas, sin esperar grandes resultados e intentar disfrutar de mi golf y de mis golpes, sentía que viajaba a la guerra con dos pistolas de agua, pero por fortuna (y trabajo) se ha cumplido el primer objetivo».
Reconoce que estas dos semanas ha cuidado con especial mimo el orden en el horario y en sus rutinas y cree que es algo que tiene que seguir explorando porque le ha ayudado: «Ni pasarme dando bolas o en el putting green y dedicando el tiempo preciso a estudiar bien el campo. Ni por exceso, ni por defecto, creo que he encontrado un buen equilibrio», defiende el jugador de 30 años.
Víctor llega a Mallorca con mucha tarea por delante, pero con la ilusión intacta: «La realidad es que me he ganado estar aquí. Estoy entre los 45 mejores del año y como me demostré hace unos días, tengo capacidad para pelear con ellos, me he ganado una bola extra». A partir del quinto puesto en Mallorca las matemáticas le dan opciones, pero probablemente necesitará estar en el top tres, quizás un cuarto puesto le pueda servir.
La realidad es que Pastor no sólo se ha generado una vida extra si no dos… Al asegurar su presencia en Mallorca, gana el pase directo a la Final de la Escuela: «Nunca he conseguido pasar las semifinales de la Escuela, es un torneo que históricamente me ha costado mucho, saber que si no sale bien Mallorca, me la puedo jugar también en Infinitum es algo que me da bastante alegría.
Apenas nueve días para que comience la final del HotelPlanner Tour y el último en llegar es probablemente uno de los más ilusionados en dar el pelotazo en Alcudia. Sabe que puede, así lo ha demostrado. Espadas por todo lo alto.



