Sin hacer ruido, discreto, un hombre ha entrado sigilosamente por la puerta de atrás, pero con muchísima fuerza en el golf español. Tras dos años y medio en el Alps Tour este curso ha explotado definitivamente. Hablamos por supuesto de Asier Aguirre (Pamplona, 27 de agosto de 1999).
A sus 26 años el navarro formado en Zuasti, su club de toda la vida, ha sellado su gran temporada de consagración en el Alps Tour: dos victorias, dos segundos puestos y seis top ten en dieciséis torneos. Cifras espectaculares que le confirman el salto al HotelPlanner Tour. Empezaba el año más allá del puesto 1400 del ranking mundial y en estos momentos se encuentra en el 819, su mejor clasificación de siempre. Atiende la llamada de Ten Golf desde Panorámica donde ya está disputando la Final de la PGA de España.
Profesional desde 2021, Asier es un hombre que no entiende de prisas. Se pasó a profesional en circunstancias muy difíciles. Siempre quiso dar el salto, pero 2020 fue un año muy complicado. Mientras terminaba sus estudios en un Grado Superior en Comercio, una enfermedad asoló a su padre, sus resultados se empezaron a resentir y lo pasó realmente mal. El cáncer se llevó a su padre a final de ese mismo año. El navarro perdió pie y sufrió el dolor en primera persona. En ese momento decidió dar un giro a todo y no esperar más para dar el salto al profesionalismo. En 2022 ilusionaba con su triunfo Bizkaia PGAe Open en Meaztegi, pero no ha sido hasta este año cuando la apuesta ha empezado a dar verdaderos frutos. Forjado en el sufrimiento, sabe que las cosas llegan cuando tienen que llegar. No ha sido un hombre de grandes titulares, ni ha destacado especialmente en sus etapas formativas. Paso a paso ha ido haciéndose hueco y este 2025 ha tirado la puerta abajo.
El desenlace de esta temporada ha tenido un gran guión. Aguirre aterrizó en el penúltimo torneo del año en el puesto décimo del ranking. Para dar el salto al HotelPlanner Tour necesitaba meterse entre los cinco primeros de la Orden de Mérito. La presión era máxima y el margen mínimo. Tenía que hacer un sprint final perfecto: no bastaba con jugar bien, había que rozar la excelencia. Y lo consiguió. Fue segundo en Parma y campeón en la Gran Final de Lazio, un cierre majestuoso que lo catapultó hasta la tercera posición del ranking.
“Estoy especialmente orgulloso de este tramo final de año”, reconoce. “Ha sido una temporada soñada y terminar así ha sido inmejorable.” Eso sí, hasta el navarro más tranquilo sintió el temblor. Asier Aguirre no es de los que se ponga especialmente nervioso. La Final del Alps le generó algo que no le había sucedido. “Los cuatro días antes de viajar estaba tenso, con ganas de que llegara, pero con la presión de saber que me lo jugaba todo. Nunca me había pasado”, confiesa entre la risa y la sorpresa. Sin embargo, esa ansiedad previa se fue disolviendo a medida que el torneo se acercaba. “Según se acercó la final me fui relajando y mi juego me acompañó. Eso me liberó.”
Durante la final, Aguirre no quiso mirar la clasificación pero sabía que estaba donde debía. Decidió no consultar resultados ni del día ni del resto de jugadores. Quería proteger su burbuja. “Sabía mi posición y ya está. Necesitaba centrarme solo en mi juego”, explica. “En la última jornada supe que Javi Barcos iba líder y que Javi Calles había hecho un vueltón porque me saltó en redes, pero intenté aislarme.” Una gran ronda final le permitió no sólo asegurarse la tarjeta si no ‘robarle’ la victoria a su amigo Javi Barcos.
Sobre su estilo de juego, Asier tiene claras sus fortalezas: “Mi estilo es muy recto. Me siento fuerte con los wedges y el juego corto”, resume con su habitual sobriedad. El año pasado, su prioridad fue ganar consistencia; ahora sabe que debe ganar distancia desde el tee. Los campos del Challenge cada vez son más largos y no quiere quedarse atrás y es uno de los puntos claves que necesita mejorar. Lo trabaja con su entrenador de toda la vida, Eduardo Fernández.
Con el billete al Challenge Tour ya en el bolsillo, Aguirre afronta lo que viene con la misma serenidad que le ha traído hasta aquí. Esta semana se encuentra en Panorámica para disputar la Final de la PGA de España y a finales de año pondrá rumbo a la primera fase de la escuela del Asian Tour, en Tailandia, que arranca el 10 de diciembre.
De cara al curso que arranca y pendiente de lo que suceda en la Escuela del Asian Tour, Aguirre no quiere saltarse pasos: «Un golfista siempre quiere estar lo más arriba posible, pero siendo más realista este primer año el objetivo será el de mantener la tarjeta, hay muchos cambios de un circuito a otro y tendré que adaptarme», cuenta con sencillez. No es habitual esa cabeza fría para conocerse y entender los ritmos que tiene el deporte. Eso sí, es ambicioso: «Ojalá pueda cambiar esos objetivos según avance la temporada porque los resultados acompañan, pero de momento mi primer año lo encaro para asentarme».
Le inspira Tiger, le impresiona Rahm y admira la determinación de Nadal o Márquez, no son malos espejos en los que mirarse. Asier Aguire, el hombre tranquilo, ya mira hacia el HotelPlanner Tour.



