
Jordi García Pinto ha sido finalmente el único jugador español que se ha graduado este año en el Challenge Tour, ascendiendo de ‘división’ por derecho propio al terminar el ejercicio metido sin problemas entre los quince primeros del ranking.
Tiempo va a tener de analizar su nueva situación, aunque no va a realizar demasiados cambios en cuanto a preparación y grupo de trabajo. Tiene una idea muy clara, cotejada con profesionales y amparada sin duda en su juventud (tiene 24 años): su golf aún no ha tocado techo en ninguna de las parcelas. “Si he llegado al circuito europeo es que algo habré estado haciendo bien, pero lo importante es que tengo mucho margen de mejora en todas las partes de este juego. Si hubiera alcanzado el European Tour, pero ya fuese al límite de mis posibilidades, entonces sí tendría un problema”, analiza el gerundense.
En ese sentido no hay por qué preocuparse, dado el carácter estajanovista de este jugador, metódico y disciplinado con su trabajo. Existe una valor añadido en Jordi García Pinto: su excelente actitud en el campo y la buena aceptación de las cornadas que este deporte propina a sus pupilos cualificados. El sábado mismo, minutos después de haber entregado la última tarjeta del torneo (acabó 9º, un buen top-ten), comentaba casi entre risas con su caddie la dificultad de la jornada: “ha sido uno de esos días, ¿eh? Recibiendo tortas por todos lados. Y cuando parecía que nos levantábamos, nos llevábamos otro guantazo”.


