
Historias de la Fábrica de Talentos: Martin Kaymer
Empezaré esta serie de artículos hablando brevemente del ambiente que se vive en el Challenge Tour.
Se trata de un circuito duro con un nivel de juego muy alto. Tanto, que sólo una línea muy fina separa este escalón del European Tour. Y mucho ojo, el montante en premios no es muy elevado con lo que, o quedas entre los primeros puestos, o no cubres gastos.
Los campos de golf suelen estar alejados de las grandes ciudades, así que prepárate para una buena tunda de horas de avión y otras tantas de coche en busca del campo (¡bendito google maps!). En el Challenge, eso sí, y quizás por todo esto, se vive un compañerismo espectacular, un magnífico ambiente entre los jugadores, que no dudan en esperarse en el green del 18 para dar la enhorabuena a su compañero ganador, regarle con champán o lanzarlo al lago si se tercia. Y, sobre todo, es un circuito con muchas caras nuevas de chicos que aspiran a comerse el mundo. Lo más bonito de todos estos años palpando de cerca el Challenge, es haber conocido a esos chicos en sus primeros momentos y ver cómo consiguen su objetivo. Es verdaderamente un lujo. Cuando les ves ganar, sabes que esa victoria va a ir marcada con una estrella especial en su palmarés, porque será el principio de sus éxitos. Una victoria que brillará con luz propia cada vez que se nombre a ese jugador.
Así, nos remontamos al año 2006. La Real Federación Española de Golf retoma el Challenge de España, un torneo que comenzó en 1999 y que desapareció del calendario un año antes. El Centro Nacional de Golf estaba recién inaugurado y fue el primer torneo de alto nivel profesional que se celebraba allí. Yo fui a hacer la comunicación del torneo. Recuerdo que en 2006 se jugaron tres torneos del Challenge Tour en España: el Peugeot, el Open Mahou y el Oki Mahou, por lo que, cuando llegaba éste último en el mes de septiembre, ya había visto pasar prácticamente a todos los jugadores.
Os podéis imaginar la cantidad de jugadores con los que me cruzaba, pero hubo uno que me llamó especialmente la atención en Madrid. Era un chico muy joven, 21 años, que empezó a jugar torneos del Challenge a mitad de temporada, así que era la primera vez que venía por Madrid. “Ojo con este chico – me chivaron – que viene de hacer vueltas de 59 y 60 golpes”.
Me faltó tiempo para acercarme y someterle a un tercer grado. Él respondió con el mayor de los respetos y una magnífica educación, mostrando unas ideas muy claras y dispuesto a llegar a lo más alto. Aquel chico respondía al nombre de Martin Kaymer.
Aquellos famosos resultados de 59 y 60 golpes los había hecho en torneos del EPD Tour –un pequeño circuito alemán- donde llegó a ganar cuatro pruebas. Con este curriculum decidió probar suerte en el Challenge Tour y se apuntó al Vodafone, aprovechando que se disputaba en su campo. En su primera aparición, llegó, vio y venció ante su gente, impresionado, según aseguró después, de verse seguido por doscientas personas. Un mes después ganó el Challenge des Volcans, de manera que se plantó en el Challenge de España habiendo ganado dos de los cuatro que jugó. Ya en Madrid tuvo su opción de ganar, pero se tuvo que conformar con la cuarta posición. Al final de la temporada, y tras disputar únicamente ocho torneos, acabó cuarto en el ránking del Challenge Tour y accedió inmediatamente al Tour Europeo.
Fue un gran salto, pero ni mucho menos una caída libre. Ni siquiera pagó la novatada, no, al contrario. En 2007, su primera temporada en el Tour, firmó cinco top ten y fue nombrado Sir Henry Cotton Rookie of the Year, un reconocimiento muy merecido. A partir de ahí, no hay más que mirar los datos: en 2008 ganó el Abu Dhabi Golf Championship y el BMW International Open; en 2009 se impuso en el Open de Francia y el de Escocia, antes de romperse el tobillo montando en karts; en 2010 logró cuatro victorias, el Abu Dhabi Championship, su primer Grande, el US PGA Championship, el KLM Open y el Alfred Dunhill Championship y formó parte del equipo vencedor de la Ryder Cup en su primera participación; en 2011 ganó el Abu Dhabi Golf Championship por tercera vez en cuatro ediciones, y el WGC-HSBC para coronarse como Número Uno del mundo, condición que mantuvo durante ocho semanas. El año 2012 fue quizás el más frustrante en cuanto a resultados. De hecho, recientemente ha reconocido que le pudo la presión, y salvo el Nedbank Golf Challenge de Sudáfrica no firmó otra victoria. Así, llegó a la Ryder Cup con la moral por los suelos, pero se convirtió en el gran héroe de Europa al embocar el putt de la victoria para certificar el milagro de Medinah.
Sus recientes victorias en el THE PLAYERS y el US Open, cuarto europeo que triunfa en este torneo, demostraron al mundo que Kaymer ha vuelto. Sí, aquel jovencillo de 21 años que comenzaba en el Challenge Tour, que hace ocho años conocí en Madrid y que fue subiendo peldaños en su carrera de uno en uno, volverá a estar en lo más alto del ránking mundial. Estoy segura.


