Hay golpes que duelen como una puñalada helada por el error. Y hay golpes que duelen más todavía porque no parecen merecer ese castigo. Esas son las puñaladas traperas. Lo de Pablo Ereño en el 17 del Jonsson Workwear Durban Open pertenece claramente a la segunda categoría.
Una bola al límite. Un viento que la empuja un poco más de la cuenta. Un bote criminal hacia la derecha. Fuera de límites por un palmo. Y de ahí, una cuarta que le arrancó de las manos una opción muy real de victoria. Pero si algo dejó este domingo en Durban no fue sólo la conocida crueldad del golf. Dejó también una certeza: Pablo Ereño está para ganar.
Porque, más allá del cuádruple, el madrileño firmó una vuelta de muchísimo nivel, se metió en la pelea hasta el final, la jugó cara a cara con el que acabaría ganando (Oliver Bekker, un veterano del Vietnam) y, cuando llegó el mazazo, no se vino abajo. Remató con birdie, acabó tercero, sumó su segundo top 5 en cuatro semanas y se coloca séptimo en la Road to Mallorca. La primera gira sudafricana del HotelPlanner Tour se cierra con un balance muy serio.
“Yo me lo he pasado increíble hoy jugando a golf increíble”
Lo mejor de todo es que el propio Ereño lo contó con una mezcla de honestidad, competitividad y disfrute que dice mucho de cómo está viviendo este momento, de su buena actitud y de su gran capacidad para encajar y adaptarse. A Ten Golf le resumió así la última jornada: «Yo me lo he pasado increíble hoy jugando a golf, la verdad. Ha estado muy, muy divertido”.
No es una frase menor. No después de un domingo de tensión, con público creciendo en los segundos nueve y con el torneo en juego en su misma partida. “De hecho, ha empezado a venir público por los segundos nueve, porque íbamos el que ha ganado y yo en la misma partida. Entonces, nada, la verdad que ha estado súper entretenido”.
Y luego la frase que mejor define cómo jugó: “Yo he jugado al golf de libro hoy, la verdad». Golf de libro para meterse en la pelea. Ereño describe una vuelta de mucha calidad, muy bien jugada desde el principio, con birdies trabajados, oportunidades claras y sensación de control. “He empezado súper enchufado, jugando al pelo los primeros nueve”.
Fue detallando una secuencia que explica perfectamente por qué estuvo en la pelea hasta el final: “He hecho un birdie muy sólido al tres, muy buen birdie al cinco, que estaba difícil con el viento en contra. Al seis me ha hecho un corbatón para eagle, que no entendía nada. La había dejado a tres metros».
Después llegó un bogey al 7, pero con respuesta inmediata: “Un buen bounce back al 8, buen birdie”. Y siguió apretando: “Al nueve también, corbata desde el búnker». La vuelta tenía ritmo, tenía golf y tenía algo más: tenía cara de duelo directo.
Un mano a mano de verdad
Los segundos nueve se convirtieron en una pelea preciosa, de tú a tú, con intercambio de golpes y respuestas constantes. Ereño lo cuenta casi en clave de match play, y no le falta razón. “Luego sí que los segundos nueve se han puesto bonitos. Íbamos empatados en el tee del 13, porque él ha hecho birdie al 12, la ha dejado muy cerca. En el trece la ha dejado él como a tres metros y yo como a dos y medio. Él la mete, yo la fallo. Entonces voy uno abajo. Al siguiente, yo juego el par cinco al pelo, pego madera tres al centro de calle, madera cinco al centro de green, dos putts y birdie y él hace par. Empate”.
Y el pulso siguió: “En el 15 yo tirazo al par tres, como a tres metros. Él pega un pull así raro como a ocho metros, la mete, yo la fallo. Voy uno down otra vez. Al siguiente pegamos los dos a la calle y luego green como a siete metros… la meto, y él también unos siete metros y la falla. Otra vez empate. Ahí hasta he sacado un puño. Me ha gustado la sensación».
Y llega el 17: una buena bola, un mal destino
El hoyo que cambió el torneo. Lo más duro para Ereño no es solo el resultado del hoyo, sino la sensación de que hizo exactamente lo que quería hacer. “He intentado pegar la bola que he estado pegando toda la semana en el 17, una bola así bajita, un poco cortada con el driver. El viento venía de mi izquierda y la verdad es que la empezó a coger mucho». Hasta el vuelo, nada más salir del palo, parecía buena. Hasta en la partida se cantó como buena. “Cuando mi bola estaba volando, los de mi partido han dicho ‘good shot’, no sé qué, parecía buena. O sea, parecía que iba como al borde de calle. El viento la ha cogido un poquito de más, ha botado en el rough, ha botado muy fuerte a la derecha y estaba fuera por un palmo”.
Y ahí está la imagen cruel del día: “Que se podía jugar incluso, no estaba ni en los árboles. O sea, no sé, me ha fastidiado un poco la verdad”.
Lo más valioso: no se vino abajo
El cuádruple pudo romperle el torneo… y la cabeza. Pero no ocurrió. Al menos lo segundo. Y ese detalle es probablemente de lo más importante que dejó el domingo de Ereño. Él mismo lo subraya como algo positivo dentro del golpe: “Lo que me ha gustado es que no me he venido abajo». Aún en mitad del desastre, seguía compitiendo mentalmente el torneo, haciendo cuentas, buscando la rendija: “Estaba en la calle del 17, tras mi quinto golpe y pensaba: cuidado, él puede hacer bogey aquí… Pues le había pegado mal hierro a la izquierda y si yo hago triple salgo dos atrás al 18, que se llega de uno, puedo hacer eagle, él par… y cuidado que todavía hay torneo…”. Pura convicción.
Eso es competir, y remató como había que rematar: «Por lo menos lo he luchado. Luego al 18, pues he hecho buen birdie para quedar top cinco”.
Mucho más que un top 5
El resultado final es agridulce. Duele porque la victoria estuvo cerca. Pero suma muchísimo. Por clasificación, por puntos y por confianza. “Top cinco, más puntos y sobre todo que entro a India ya directamente sin pedir invitación”. Eso también cuenta. Mucho. Porque transforma una semana dolorosa en una semana útil y una buena vuelta en un paso adelante real en la temporada. Y Ereño, además, cerró con una lectura de fondo que suena a jugador en evolución, con los pies en el suelo y la cabeza muy bien colocada: “Positivo, por lo menos haber acabado con birdie después de haber hecho cuádruple… Contento, la verdad. Estoy jugando muy bien, voy por buen camino, y bueno, sé que antes o después llegará la victoria”.
Pablo Ereño está llamando a la puerta de verdad. Y cuando uno llama así, lo normal es que la victoria acabe llegando.



