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El surcoreano esquiva el servicio militar obligatorio de su país ganando los Asian Games

De Medinah al oro: Tiger, presente en el viaje más importante de Tom Kim

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Tom Kim celebra la victoria © Asian Games
Tom Kim celebra la victoria © Asian Games

Tom Kim abandonó Medinah antes de la ceremonia final de la Presidents Cup para tomar un avión rumbo a Japón. Seis días después ha conquistado el oro de los Asian Games que le permite evitar una interrupción de entre 18 y 21 meses en su carrera para cumplir el servicio militar obligatorio en Corea del Sur. Y cuando se despertó para afrontar el día más importante de aquel viaje, encontró en su teléfono un mensaje de nada más y nada menos que Tiger Woods: «Simplemente sé tú mismo. Ni más ni menos».

Había una buena razón para que Tom Kim tuviera tanta prisa por cruzar el charco. El surcoreano había sido uno de los grandes protagonistas del equipo Internacional en el duelo ante Estados Unidos, sumando cuatro puntos con un extraordinario balance de 4-1-0 y cerrando su participación con una victoria por 3&2 frente a Wyndham Clark en los individuales. Pero no podía quedarse a comprobar cómo terminaba todo aquello. Su vuelo hacia Japón salía prácticamente a la misma hora en la que los de las barras y estrellas celebraban su triunfo y levantaban el trofeo.

Le esperaba otro torneo por equipos. Y, en cierto modo, uno bastante más importante para su futuro. Kim tenía que llegar a los Asian Games de Aichi-Nagoya para representar a Corea del Sur en el evento de golf. Lo hizo después de atravesar 14 husos horarios, aterrizando en el país nipón a las cinco de la madrugada del martes. A las 8.30 ya estaba camino del campo y aquel mismo día completó bajo la lluvia una jornada de entrenamiento que terminó a las seis de la tarde. «Ni siquiera parecía que al día siguiente empezara un torneo», reconoció después.

Porque detrás de aquella carrera desde Medinah hasta el aeropuerto y de aquel viaje al otro lado del mundo había mucho más que una medalla. Los hombres surcoreanos aptos deben cumplir normalmente entre 18 y 21 meses de servicio militar. Para los deportistas de élite existe una vía excepcional: conseguir una medalla de cualquier color en unos Juegos Olímpicos o ganar el oro en los Asian Games. En ese caso quedan exentos del servicio ordinario, aunque deben completar un periodo reducido de instrucción militar y cumplir posteriormente otras obligaciones vinculadas a su condición de deportistas.

A sus 24 años, aquello tenía unas implicaciones enormes para Kim. Una larga ausencia podía frenar en seco una carrera que acaba precisamente de recuperar velocidad después de una etapa complicada. En julio volvió a ganar en el PGA Tour conquistando el Genesis Scottish Open y en la Presidents acababa de convertirse en el jugador que más puntos aportó al equipo Internacional. Y ya sabía lo que era quedarse cerca.

En los Juegos Olímpicos de París 2024 terminó octavo, a cuatro golpes de la medalla de bronce. Cualquier medalla olímpica habría servido para conseguir esa exención. Esta vez, en Japón, disponía de dos caminos: el oro individual o el oro por equipos. El segundo no se concretó. China se impuso en la competición colectiva y Corea del Sur tuvo que conformarse con la plata. El resultado dejó además una situación especialmente cruel para S.H. Kim, compañero de Tom, que necesitaba igualmente el oro para conseguir la exención. El tercer integrante del equipo, Mun Do-yeob, ya había realizado el servicio militar.

Tom Kim celebra la victoria © Asian Games
Tom Kim celebra la victoria © Asian Games

Así que Tom Kim tuvo que hacerlo por sí mismo. Y entonces apareció Tiger Woods. Cuando el surcoreano se despertó este sábado para disputar la última jornada en el Kasugai Country Club, líder por un golpe después de vueltas de 67, 66 y 65 golpes, miró el teléfono. El primer mensaje que encontró era del Tigre. «Just be you. Nothing more, nothing less», le escribió el californiano. O lo que es lo mismo: «Simplemente sé tú mismo. Ni más ni menos».

«Me dio muchísima fuerza», explicó más tarde Kim, que reconoció que el mensaje encajaba perfectamente con la idea que había intentado repetirse durante toda la semana: olvidarse de todo lo que había alrededor y limitarse a jugar su golf. La relación entre ambos se ha estrechado durante los últimos años y los dos comparten equipo en el TGL. Woods, además, ya le había escrito después de la Presidents Cup.

La respuesta de Kim llegará probablemente acompañada de una fotografía. Cuando le preguntaron después si había contestado a Tiger, se rio: todavía no lo había hecho y pensaba enviarle una imagen mordiendo la medalla de oro.

Antes había que ganarla. Así que Kim comenzó la jornada con un golpe de ventaja y respondió a toda la presión con una vuelta de 64 golpes. Hizo cuatro birdies en los primeros ocho hoyos, añadió otro en el 11 y prácticamente sentenció el torneo en el par cinco del 13: pegó un hierro 8 desde 163 yardas que dejó junto al hoyo y convirtió el putt de eagle para abrir una ventaja de cuatro golpes. Un bogey en el 17 fue la única mancha de su tarjeta. Terminó con 262 golpes, 18 bajo par, tres por delante de Kazuki Higa, Ding Wenyi y Sadom Kaewkanjana. Higa acabaría conquistando la plata y Sadom el bronce después del desempate.

Después del último putt llegó el grito, la bandera de Corea del Sur sobre sus hombros, el baño de agua de sus compañeros y, sobre todo, el alivio. «Es una sensación increíble. Simplemente me alegro de que haya terminado», aseguró. «Este ha sido probablemente el día más largo de mi vida», confesó.

Kim explicó después que durante toda la semana había sentido una tensión diferente a la de cualquier torneo del circuito. «Me dije que sería la semana más larga de mi vida», confesó. Tras meses soportando el peso de lo que estaba en juego, utilizó una curiosa metáfora para explicar cómo se encontraba: sentía que durante la temporada había ido sacando «cubos de agua» de su bolsa y quitándose peso de encima. «Creo que por fin podré dormir bien esta noche».

El precedente de Son

La historia de Kim recuerda inevitablemente a una de las exenciones militares más famosas del deporte surcoreano: la de Son Heung-min.

En 2018, el entonces futbolista del Tottenham afrontó los Asian Games de Yakarta-Palembang con una situación muy parecida. Son tenía 26 años y fue incluido como uno de los tres jugadores mayores de 23 permitidos en la selección surcoreana. Para una de las grandes estrellas de la Premier League, ganar el oro significaba poder continuar su carrera en Europa sin la larga interrupción del servicio militar.

Corea del Sur llegó a la final contra Japón y ganó 2-1 después de la prórroga. Son participó en las dos jugadas de los goles y aquel oro le proporcionó la exención. Dos años después, aprovechando el parón del fútbol durante la pandemia, completó en Corea del Sur tres semanas de instrucción militar básica antes de regresar a Inglaterra.

En el golf hay precedentes todavía más cercanos. Sungjae Im y Si Woo Kim, compañeros de Tom Kim en Medinah hace apenas unos días, obtuvieron la misma exención gracias al oro por equipos conquistado por Corea del Sur en los Asian Games de 2023, donde ganaron por 25 golpes. Tom Kim ya pertenece a esa lista de ‘agraciados’.

El viaje que comenzó apresuradamente el domingo en Medinah terminó seis días después con una medalla de oro alrededor del cuello en Japón. Entre medias hubo un vuelo atravesando el Pacífico, 14 husos horarios, jet lag, entrenamientos bajo la lluvia, cuatro días de una presión difícil de encontrar en cualquier torneo del PGA Tour y, antes de los últimos 18 hoyos, un mensaje inesperado de Tiger Woods. “Simplemente sé tú mismo. Ni más ni menos”.

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