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Dos metros a la izquierda…

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Sonaba como una letanía. Miguel Ángel Jiménez se acerca al público tras firmar la tarjeta, le regalan un puro, sonríe, pero la puñalada va por dentro. «Dos metros a la izquierda, dos metros a la izquierda…», se repetía…

Su espléndida madera 5 de segundo golpe en el hoyo 18 salió sólo dos metros más por la izquierda de lo que hubiera querido el malagueño y acabó en el agua. Doble bogey. Porca miseria. No estaba ya para ganar el torneo, pero no es lo mismo acabar con +3, en el puesto decimotercero, que hacerlo con +1, sexto, bien metidito en el top ten. Era, además, lo que merecía una sensacional semana del jugador de Churriana. En un torneo que ha ganado un jugador que, sin exagerar, podría ser su hijo (27 años le separan de Patrick Reed) Jiménez se ha defendido hasta el final y ha peleado por la victoria hasta los últimos diez hoyos del torneo.

“Ese tiro me ha dejado un poco clavado, es un final agrio. Se me ha escapado una buena opción de birdie en el hoyo 17 y ese doble bogey… Parece que no, pero son tres golpes. Podría haber terminado más arriba, pero bueno, es lo que hay”, afirmaba ya con una sonrisa en la boca, haciéndose fotos con diestro y siniestro y saboreando lo que Miguel ya entiende que son regalos añadidos en su carrera deportiva. Lo pelea, sufre, quiere seguir ganando, por supuesto, por eso está aquí, pero su lectura de las cosas buenas es aún más rápida que antes. Ahí estaba, con su hijo, haciéndose una foto en un buggie apenas diez minutos después de haber mandado la bola al agua.

Así explicaba Miguel su segundo tiro en el hoyo 18…

Jiménez ha vuelto a patear muy bien, y a ese nivel, cualquier sabe lo que puede pasar con el malagueño. ¿La Ryder? Está muy difícil, pero es imposible descartarle. Quién se atreve…

Ahora se toma dos semanas de descanso y a preparar la EurAsia Cup, donde ejercerá de capitán. “Hay que tener listos a los chicos para ganar”, afirma.