Ángel Ayora siempre ha sido muy de Robert Lewandowski. Es su seguro de vida. El recurso de las grandes y pequeñas ocasiones. Siempre ha estado cómodo con él en el campo. Confianza ciega. Claro que Lewandowski, incluso Lewandowski, ha tenido sus malos días, cómo no, pero jamás le ha perdido la fe. Las alegrías han sido infinitamente más numerosas que las decepciones.
Sin embargo, este invierno, aprovechando la pretemporada, Ayora ha decidido darle más minutos a Ferrán Torres. Oye, nunca se sabe, cuantos más recursos mejor. Cuando llegan esos días oscuros en los que el Plan A no te funciona, es básico poder echar mano de un Plan B. Ferrán empezó con dudas. Obvio, llevaba mucho tiempo con escasa continuidad. El año pasado, de hecho, le jugó alguna pasada. Recuerda sobre toda una gorda en Corea…
Pero Ángel no es vengativo. Es un buen psicólogo y sabe que todo se basa en la confianza. Y la confianza sólo la dan los minutos. Por eso, en las vacaciones navideñas ha estado a saco con Ferrán Torres. Jornadas enteras de trabajo dándole cariño, demostrándole que también está a muerte con él. Ya saben cómo es esto. Cuando te vuelcas con uno, pues el otro se pone de morros.
Pero claro, ha llegado el Dubai Invitational, la Champions, y Ayora, junto a Juan Ochoa, su entrenador, han tenido que tomar de decisión de apostar por uno de los dos. A ver quién se llevaba la titularidad. Le han dado alguna que otra vuelta, pero al final, ya saben, sale la vena amarrategui. Vamos a lo seguro. Apostamos por Robert. Y allá que ha salido en el Dubai Creek Golf Club dándole los galones al polaco.
El asunto es que Lewandowski, por lo que fuera, hoy no estaba. Quién sabe si molesto por lo que ha estado viendo en pretemporada, consciente de que le podían estar comiendo el terreno, o simplemente porque ha tenido un mal día, pero la verdad es que se le ha visto algo torpe, descoordinado, fuera de sitio. Ha hecho algunas cosas buenas, pero en general no ha hecho más que darle el balón al rival.
Así las cosas, en el hoyo 16, el séptimo de su cuenta porque empezó por el 10, después del enésimo error de Robert, Ayora ni se lo pensó: sacó la tablilla y pidió el cambio. Lewandowski al rincón de pensar. Ferrán, al campo. La noche y el día.
Torres ha respondido con creces a esa confianza que le han dado durante aquellas sesiones de sol a sol en invierno. Ha sido una gozada. Salía todo. En el tee del 1, por ejemplo, ha dibujado una obra maestra sólo a la altura de los peloteros más caros.
Ángel ha conseguido algo más que salvar el día gracias al cariño que en su día le dio al Plan B. Recursos, recursos y recursos. Lo ha recuperado para la causa. También sabe, claro está, que no puede perder al otro. Por eso, después de firmar la tarjeta de 68 golpes en su primera ronda, cuarto puesto de la tabla, ha estado trabajando durante un buen rato con Lewandowski. Sabe que lo va a necesitar y no se puede permitir el lujo de que se difumine. Seguro que esta misma semana va a tener que tirar de los dos y hay que tenerlos enchufados. Gran gestión del golfista de Manilva.
Dos aclaraciones para entender esta majadería:
– Lewandowski es el golpe de fade y Ferrán Torres es el golpe de draw.
– Ayora es culé hasta la médula.


