Ángel Hidalgo no tiene ni mucho menos el dedo puesto sobre el botón rojo. No, no es para tanto. Pero sí que tiene a mano la llave que abre el cajón donde está el botón rojo. Así se podría describir su situación actual. Perder la tarjeta no le quita el sueño, entre otras cosas porque queda mucha tela que cortar todavía, pero sí admite que su situación le preocupa. Ángel es como Fede Valverde. Como Marcos Llorente. No tira balones fuera, siempre intenta jugar y con un discurso propio y valiente que se agradece. Se sienta con Ten Golf y se abre en canal.
«Sé que no es el comienzo de temporada ni el último año y pico que hubiera deseado, pero bueno, al final es muy fácil decir estoy tranquilo, todo llegará, el trabajo, bla, bla, bla… Sí, estoy preocupado. Soy optimista, pero también realista a la vez. No soy tonto. Sé que estoy un poco en la cuerda floja, en el sentido de: oye, no te despistes. Tengo mis días, que me viene el bajonazo, que pienso qué está pasando, por qué no salen las cosas…», asegura con absoluta honestidad. Sin embargo, no tiene de momento ninguna intención de pulsar el botón rojo, entre otras cosas porque ha tomado una sabia decisión: lo va a poner todo de su parte y hasta donde llegue, llegó. No se va reprochar nada.
«Me estoy yendo a dormir bastante tranquilo, eso es lo más importante. No puedo hacer mucho más de lo que estoy haciendo. Al final es seguir entrenando, seguir dándome la oportunidad de irme a dormir sabiendo que ese día he trabajado como me tocaba, y dejar y esperar que salga una oportunidad y aprovecharla», señala.
El trabajo no se negocia y, además, lo está haciendo con alegría, incluso con entusiasmo. «Llegamos de los primeros con Álvaro Alonso (su caddie) y nos vamos los últimos. O sea, he cerrado muchos días las canchas de prácticas estas últimas semanas en India t China. Pero lo que me gusta es que está saliendo de mí, ¿me explico? O sea, hasta él me está diciendo “vámonos”. Soy muy competitivo, odio perder, y posiblemente juegue al deporte que más se pierde del mundo. Pero a la vez creo que da muy buenas recompensas si tienes la oportunidad de cogerlas y aprovecharlas».
Hidalgo está justo en ese momento de aprovechar esa oportunidad. Defiende que en dos años sólo ha tenido dos torneos realmente buenos y ganó uno, el Open de España en el desempate a Jon Rahm, y casi se lleva el Open de Irlanda. Confía en ese instinto y que la oportunidad llegará antes o después. «Por eso siempre me han comparado mucho con Pablo Larrazábal. O sea, yo, si estoy un domingo en el leaderboard, el único que no quiero ver es a Pablo. Y quiero pensar —que no sé si es así— que la gente tampoco está cómoda si me ve a mí. Somos jugadores que vamos a fallar muchos cortes, que vamos a quedar mucho el 63 pasando el corte y dices tú: madre mía, qué fin de semana me he dado. Pero que tenemos ese feeling de decir: como el dominguito estemos por ahí… Somos tan nosotros, que al final la gente está muy incómoda cuando tiene mucha presión o tal. Entonces nosotros seguimos jugando igual. Salvando muchísimo las distancias con Pablo, que le quiero un huevo, al final es intentar estar el sabadito por la tarde por ahí rondando, 3, 4, salir el domingo a 3 o 4… Cuando estás en el barullo ese, mola muchísimo. Creo que fue en Irlanda, que le dije a Win (su caddie entonces)… Íbamos ahí, empate con Rory o algo de eso, y dije: “Tronco, ahora mismo creo que soy Spiderman, porque estoy notando unas cosas aquí por las venas, tío, que es que yo creo que tiro una telaraña y sale algo”. Y disfruto mucho, y me conozco, y sé cómo tengo que respirar, sé que tengo que tranquilizar el cuerpo, sé que voy a pegar más metros… Porque yo en mi puta vida voy a llegar al green del 18 del Club de Campo otra vez allí al green. Es imposible que la vuelva a botar allí. Pero es ese extra que te da la competición», dice refiriéndose al desempate con Jon Rahm en 2024.
Ángel ha activado el modo Fernando Alonso. Esto significa que hay que estar con las orejas tiesas cuando aparezca la oportunidad. «Tienes que intentar sumar cuando puedas por ahí, que haya un barullo por delante y aprovechar tus bazas, que evidentemente sé cuándo puedo ser competitivo. Sé que hay campos en los que no puedo ser competitivo, evidentemente, o menos. Pero van por ahí los tiros». Y cita los siguientes campos: «ha pasado la India, que era uno de los buenos, pero falta Bélgica, Holanda, Madrid, Belfry…».
Eso sí, mientras aparece o no la oportunidad, Hidalgo sabe que tiene que cambiar el chip. Significa que debe acostumbrarse a jugar bajo par. Le está costando enlazar vueltas bajo par. No de 67 ó 68 golpes, sino de 70, 71. Ese es el trance del uno bajo par en el que anda metida su cabeza. «Me está costando mucho hacer bajo par. Es ir sumando vueltas bajo par, que evidentemente van a venir vueltas de más 2, más 3, evidentemente, pero enlazar dos o tres seguidas de uno bajo par. Volver a esa sensación. Ahora mi sensación es que necesito cuatro golpes buenos para hacer un birdie y uno malo para hacer un bogey», afirma.
Esta situación tiene un componente mental muy grande. «Sí, sí, y me duele en el alma salir el domingo en el puesto 60º por el 10 a las 11 y media de la mañana y el partido estelar sale a las 12, y te cruzas tú por el 13 y el partido estelar está en el 10, allí, guapísimo, con gente, con el cartel, que no sé qué, leaderboard para aquí… y a mí no me está viendo ni mi madre. Estoy allí, que acabo de pegar un sartenazo a mitad del bosque, y bueno, pues es básicamente eso. No sé si entrenar tanto también me está creando unas expectativas. Jacobo lo define muy bien: me creo que por entrenar, el golf me debe algo. Y el golf es como es, es todo lo contrario. Y cuando tienes el feeling de decir “es que lo tengo, ahora mismo estoy en control”, es cuando te pega la viaje».
Hidalgo tiene clara la hija de ruta. Todo pasa primero por jugar bajo par, después esperar la gran oportunidad, que llegará, no tiene dudas, y mientras trabajar al máximo para estar listo cuando llegue. Mientras todo siga así, el botón rojo seguirá muy tranquilito guardado en el cajón, sin necesidad de activarlo. Tampoco su situación es tan desesperada. Sin tener su mejor temporada, está entre los 100 primeros de la Race. Así que mucha tranquilidad y a seguir con la camiseta de Valverde y Llorente. «Que me lo traía de vuelta al Madrid con los ojos cerrados», remata.



