
Por David Durán
Un torneo de golf es entre otras cosas algo así como un tornado de imágenes, sensaciones, situaciones y, por qué no, emociones, que pasa raudo, te atropella y te deja baldado. Mucho más si tienes delante a los mejores jugadores del mundo, excepción hecha del más grande de todos…
Aquí va una última ‘cascada’ de recuerdos. Calentitos. Recientes. Unos más serios que otros. Unos objetivos y otros no tanto.
1.Me quedo en primer lugar con la sensación de titánico esfuerzo que hemos visto en el hacer y el jugar de Gonzalo Fernández Castaño. Ha finalizado la semana con dos calentones mayúsculos que, a nuestro juicio, no merecía. Pero es indudable que ha reencontrado la senda, después del varapalo sufrido en la gira por el desierto. Necesita todavía más confianza cuando agarra el putter en momentos ciertamente críticos. Me muero de ganas por verlo en el Open de Andalucía, donde estamos seguros de que va a luchar por la victoria hasta el final.
Se ha propuesto ser jugador de ‘majors’ y de WGC. Se lo ha propuesto de verdad, aunque él con un sano y comprensible cinismo (es listo y sabe que no conviene obsesionarse) juegue a veces al despiste. Y está trabajando como una mula. No hay otro camino.
2. Los zapatos de Ian Poulter. Esos tonos rosas. Esas combinaciones. Jesús, María y José.
3. El chip rodado que embocó Sergio García en el hoyo 4 para birdie el domingo, y la recuperación portentosa del hoyo 7 (bola en rough justo por detrás de un bunker, con la bandera pegada a esta trampa de arena y recibiendo el green cuesta abajo…), donde a punto estuvo de embocar también el birdie, fueron muestras destacadas de una cabeza despejada. La finura no es compatible con los nubarrones mentales. El ‘Golf no es el juego de la perfección’, que diría Bob Rotella.
3. Un colega de una radio americana entrevista a Álvaro Quirós recién finalizado el torneo. Le dice: «enhorabuena por tu primer top-ten en el PGA Tour…». Y el español le interumpe: “…en el PGA Tour, no, esto es un World Golf Championship, que es más que el PGA Tour”. Buenos reflejos, Álvaro.
4. Domingo en Doral. Tee del hoyo 2 a las diez de la mañana. Miguel Ángel Jiménez está ya colocado para iniciar el backswing con el driver en las manos. Pero justo en ese momento, unos cincuenta metros por delante, aparece una bandada de patos despendolada, graznando (¿graznan los patos…?), y en un vuelo bajo que cruza la calle a unos veinte metros de altura. Tampoco estuvieron mal los reflejos del malagueño: tomó el driver a modo de escopeta y se puso a simular disparos, uno para cada pato. Después, drivazo justo al borde izquierdo de la calle, buscando el ángulo bueno para entrar a la bandera. Habrá que probarlo.
5. Ben Crane. Es imposible encontrar a nadie que diga algo malo del norteamericano. De hecho, todo el mundo destaca su bonhomía. Pero es, probablemente, uno de los jugadores más lentos del planeta. Qué barbaridad.
6. No es buen sitio Miami para practicar el inglés. La tentación de hacerte entender en castellano es continua y latente, porque casi todo el mundo lo habla. Y me pregunto: ¿en vez de estudiar inglés, no será mejor esperar a que todos ellos hablen castellano? Va a ser que no.
7. El CA WGC de Doral no es un torneo tumultuoso. Si usted viene, no va a vibrar igual que con los rugidos de un Open USA, ni palpará la esencia del golf mismo, como en el British. El jueves y el viernes, por ejemplo, puedes seguir cualquier partido sin apenas problemas. Pero es aconsejable: difícilmente escucha uno en otro lado tan de cerca el zumbido de las varillas de los mejores jugadores del mundo, o el sutil ‘click’ de un aprochito alrededor de green.
8. Le pedí a Jiménez que me diese una breve semblanza de sus tres compañeros de Armada en este torneo. Con ella me despido.
Sobre Álvaro Quirós: “es un jugador impresionante. La pega muy duro y juega campos distintos al resto. Tiene todo el futuro por delante».
Sobre Gonzalo Fernández Castaño: “es un jugador hecho, con más experiencia en el tour que Álvaro. Se prepara muy bien”.
Sobre Sergio García: “tiene treinta años y lleva once en el Tour. Dicho eso habría muy poco más que decir, porque casi nadie puede presumir de lo mismo. Y ahora debe llegar su momento de pleno apogeo porque creo que un jugador de golf alcanza su mejor momento a partir de los treinta años. Incluso Tiger, que siempre ha sido buenísimo, pero que yo creo que ha sido mucho mejor todavía cuando llegó a esa edad».


