
Borja Etchart (Bilbao, 1988) ha redondeado una notable semana en Aloha Golf. La expresión de su rostro, justo después de entregar la cuarta y última tarjeta, no podía ser más reveladora…
«Ha sido la primera semana de competición y, entre o no en el top-ten (al final fue 11º) todo ha salido perfecto. No esperaba que salieran las cosas tan pronto, la verdad», explicaba a Tengolf el joven vasco.
El año pasado, cuando debutó en el circuito europeo tras obtener la tarjeta en la Escuela, fue muy duro para él. Al margen de la inexperiencia, lógica y normal, hace unos meses se dio cuenta de que arrastraba un lastre psicológico o emocional. «Saqué la tarjeta en la Escuela y todo fue muy rápido. Me fui inmediatamente a Sudáfrica a jugar… Pero yo no me veía mentalmente jugador del circuito europeo. No creía que pudiese jugar y rendir al lado de estos jugadores tan buenos. Y si no te lo crees, eres incapaz».
Este tipo de vericuetos no siempre son sencillos de descifrar. Hoy, después de trabajar del modo correcto, Etchart entiende que es un problema que siempre anduvo ahí detrás, latente. «Desde que era pequeño siempre me ha pasado eso: nunca he creído en mí», confiesa con una extraordinaria humildad.
¿Y cuál es, o ha sido, la solución a su caso? Le preguntamos. Como casi siempre, no hay recetas mágicas, y sí una espléndida dosis de sentido común: ordenar el trabajo y acudir al especialista indicado.
«Es complicado explicar cómo se puede ir mejorando en este asunto… Yo creo que ha sido fundamental tener un plan de trabajo organizado. Sí, la organización, porque el año pasado no lo tenía y aquello era un descontrol. Hacer los entrenamientos concretos de un modo ordenado. Y luego está la ayuda de una psicóloga, que me ha venido muy bien. Comencé con ella más o menos en octubre y siento que me va muy bien. Aunque también me doy cuenta de que me falta mucho por trabajar».
Tras su gran actuación en el Open de Andalucía, Borja aspira a entrar en un círculo muy concreto que se auto alimenta: se busca la autoestima para mejorar los resultados, y si éstos llegan (como ha sido el caso), a su vez elevan dicha autoestima y también la confianza.
Uno puede leer en esta misma página las recientes declaraciones de Luke Donald, una vez que ha recuperado el Número 1 del mundo. Y después de hacerlo seguro que todos llegamos a la misma conclusión: precisamente rezuman autoestima. El inglés no siempre fue así y en este sentido es hoy el mejor ejemplo a seguir.


