
No hay manera de controlar la inclemencia del tiempo. Y, si Dios quiere y la humanidad no se vuelve definitivamente loca, el golf no se jugará nunca bajo techo. Al menos el de alta competición…
Por eso, todo lo que uno pueda prevenir, bienvenido sea. La semana se ha puesto fea en Finca Cortesín, pero el recorrido esta bien provisto para hacer frente a lo que llegue del cielo. Por ejemplo, hoy ha caído un primer aguacero de cierta importancia y los greenes ni se han enterado. Su drenaje es sobresaliente. Hasta ahí, todo normal.
Pero el agua a cántaros suele afectar más a los bunkers que a otra cosa. Y en ese sentido el recorrido de Casares cuenta con una ventaja no tan usual en tierras europeas (no tanto en Estados Unidos, donde sí se ve más). El artilugio es simple y útil: un tapón en cada trampa de arena para desaguar con más facilidad y rapidez. ¿Cómo el de una bañera? Pues, en efecto, algo parecido.
Los bunkers de Cortesín cuentan cada uno con un desagüe, con su tapón y su cuerdecita. Como podrá imaginarse están enterrados debajo de la misma arena del obstáculo y en el punto más conveniente según la orografía, para que el agua discurra hacia ese punto. Llegado el caso, el personal de mantenimento cuenta con el plano exacto de cada bunker para encontrar el tapón.
Mañana van a tener que buscarlos. Y puede que más de una vez. Y es que se esperan dos tormentas, una matutina y otra vespertina. Entre medias debe meterse con calzador la primera jornada de juego, que se iniciará a las 12,05 con el Francesco Molinari-Ian Poulter.


