Si las prisas aconsejan mal, qué decir de las nervioseras. Tranquilidad y buenos alimentos. Equilibrio. Hay que aparcar la premura y tener fe en el trabajo. Paso a paso y ya veremos la evaluación al final de curso. En estos tiempos de ir a la carrera, con la lengua fuera, y sin analizar fríamente la situación, parece más necesario que nunca ser pausado y no perder la compostura. Recurrir al temple, echarla al suelo.
Ésta es la filosofía a la que se agarra Iván Cantero después de un gris comienzo de temporada en su regreso al DP World Tour. Cinco años después de su primera experiencia en la élite, sabe que el camino es largo y que no hay que encender el botón de alerta cuando queda un mundo por delante para demostrar lo que él mismo cree a pie juntillas: «Soy otro jugador, soy mejor que en 2019», asegura sin pestañear.
«No hace falta ser muy listo para saber que no soy el mismo Iván. He sacado la tarjeta por el Challenge Tour y eso demuestra que soy consistente; cuando la conseguí en 2019 prácticamente no había jugado el Challenge; entonces fallé los ocho primeros cortes pero no tiene nada que ver aquella situación con ésta”, sostiene reafirmando su evolución en las últimas temporadas. Y los datos no engañan. Fue el asturiano, a punto de cumplir en poco más de un mes 28 castañas, el segundo que más cortes pasó (20), sólo por detrás del también español Manuel Elvira, hoy compañera de batallas en el Circuito Europeo.
A esa solidez se agarra Cantero, sabedor de que 2024 tiene 366 días (es bisiesto) y que un resbalón al principio es mucho mejor que un batacazo al final: «No tengo nada que demostrar a nadie, soy el mismo que hace un mes y pico, sólo que tuve cuatro semanas malas y ya está. Y, además, no es lo mismo el Tour que el Challenge, donde aun jugando mal los campos te permiten un poco más. Hay que aprender de eso, analizar lo que falló y estar más fuerte en enero que en diciembre», apunta.
Decidió, tras acabar decimosexto en la Road to Mallorca y lograr el ascenso matemático al DP World Tour, ponerse manos a la obra sin interrupción. El 5 de noviembre estaba lanzando su gorra al aire en Alcanada junto a los 19 colegas que habían subido de categoría y el 18 días después pinchaba la bola en el tee para disputar el primer torneo de la temporada, el Joburg Open. Ha hecho la gira de apertura al completo, las tres citas sudafricanas y la de Mauricio, pero no ha estado fino y se quedó fuera del fin de semana en todas ellas.
«Cuatro cortes fallados, no pasa nada. Me quedan 30 torneos por delante y claro que me habría gustado empezar mejor, pero ¿quién dice que voy a Ras al Khaimah y gano?». Ésa es la actitud. Siempre positiva. Iván no ha cambiado nada de su equipamiento ni de sus entrenamientos: «No ha dado tiempo. Lo único que he cambiado es de caddie; antes era Adolfo Luna y ahora voy con Diego Suazo, pero no ha influido en absolutamente nada. Cuando estás jugando mal hay un poco de desconfianza, ya sabemos cómo es esto del golf», afirma.
En cualquier caso, no está en absoluto inquieto por este arranque: «Insisto, a nadie le gusta perder los cuatro primeros cortes cuando vienes de buenas sensaciones la temporada anterior, pero ha sido un año largo y creo que también me ha pasado factura empezar el nuevo curso sin descanso, te da bajón mental por toda la presión del año. Y es verdad que el swing no estuvo muy bien en estas cuatro semanas, desde el primer día me encontré bastante incómodo en general. Pero no estoy preocupado. Acaba de empezar la temporada, las notas se ponen en septiembre, no en diciembre, y queda un año muy largo con casi 30 torneos», abunda.
Los números corroboran lo que cuenta el asturiano, pues en ocho rondas sólo pudo bajar de 73 (hizo 68) en la segunda vuelta del Joburg: «Es así, cuando las sensaciones no son buenas, los resultados no son buenos, no hay que darle más importancia tampoco. Ni cuando acabé el Challenge era el mejor jugador del mundo ni ahora soy el peor. Cuatro semanas malas, a pensar y a hablar con mi equipo sobre qué falló y a prepararme bien para las próximas. Hay que ser listo, ya viví una situación en la que fallé muchos cortes seguidos cuando saqué la tarjeta del Tour y sé lo que es. Hay que estar tranquilo y saber que en el próximo torneo tengo otra oportunidad», subraya.
El cansancio es otro factor a tener en cuenta. Ha pesado, y mucho, y de hecho quiere trabajar en estas vacaciones para fortalecer su físico y llegar con más aguante a final de 2024: «Claro, han sido 28 torneos en el Challenge más ahora otros cuatro, son muchos viajes y competiciones a lo largo del año. Pero no pasa nada, ahora tengo seis semanas, porque no entraré en el primer Rolex Series, para prepararme a tope física y mentalmente, mejorar mi swing y darlo todo a principios de año», alude.
Se relajará algo esta semana y la siguiente para volver al tajo con ganas: «Mi idea es intentar irme una semana y media a Montecastillo a entrenar antes de empezar en Ras al Khaimah e irme tres o cuatro días antes a Abu Dhabi a entrenar allí para preparar bien los torneos. Tengo un par de cosas del swing que quiero mejorar, además de aspectos mentales para dar un salto de calidad y físicamente estoy trabajando con Diego porque quiero coger tres kilos antes de empezar para estar un poco más fuerte, afrontar mejor los torneos y no llegar tan cansado al final de temporada. Estas semanas tengo trabajo», confirma.
Su plan, como en 2023, es tener un calendario cargado de citas. Irá a todas las que pueda. «Sí, en el Tour los torneos están mejor repartidos y hay bastantes más descansos, así que jugaré todo lo que pueda, ya lo hice en el Challenge y en 2024 lo mismo. Intentaré jugar lo máximo», revela antes de insistir en que «las notas se ponen en septiembre y no en diciembre. Lo importante es que no salten las alarmas, que la gente se alarma muy rápido». Tranquilidad en el frente. Palabra de Cantero. El temple de Iván.



