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Con la bolsa al hombro (I)

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Por Daniel Palma

Comienza el Andalucía Valderrama Masters, aunque para muchos de nosotros, sigue y seguirá siendo el Volvo Masters. Un torneo que tiene un sabor especial para los residentes de la zona, que llevamos años viendo como el torneo ha ido evolucionando año tras año, mezclándose con los grandiosos World Golf Championship y con el colofón del 97, la Ryder Cup…

Valderrama, siempre Valderrama. Verde tapete de calles aterciopeladas, de greenes firmes y vertiginosos, capaces de llegar a enloquecer a cualquier jugador. Sin perdón, sin concesiones, sin tregua. Paraíso e infierno al mismo tiempo del golfista, delicioso para visitar como espectador pero desgarrador para intentar jugarlo.

Y a lo largo de estos muchos años, el que esto escribe ha vivido los torneos de Valderrama desde muchos puntos de vista; Marshall en Volvo Masters o Ryder Cup, aparcacoches, voluntario recogiendo papeleras, conductor de coches de cortesía, marcador y todo lo imaginable. Pasión por un deporte y por un campo; por estar cerca de esos semi-dioses que hacían con suma facilidad lo que uno jamás llegará a conseguir.

Y de todos los posibles papeles que se pueden desempeñar en un torneo de este calibre aún me quedaban dos en el tintero. Uno de ellos, el de jugador hace tiempo que lo logré solo en los dulces sueños de las noches pre-torneo. El otro, el de caddy, era asignatura pendiente. Y digo "era" porque este año, esa cruz ya tacha mi lista de tareas pendientes.

He tenido oportunidad de hacer de caddy a muchos buenos profesionales, pero siempre en torneos "de segunda división", más por amistad que por otra cosa, siempre movido por la pasión que siento hacia este deporte. Y aunque no es la de caddy tarea que me atraiga sobremanera, si tenía claro que el día que lo hiciera en uno de los torneos "de la tele" debía ser en este campo.

Mi buen amigo Raúl Quirós, tras muchos días de suspense al estar colocado como primer reserva en el field de Valderrama, por fin recibió la confirmación de que iba a ser de la partida. Muchos días atrás, cuando la posibilidad ya revoloteaba sobre su cabeza, durante una de nuestras múltiples rondas de golf, me ofrecí a hacerle de caddy, más bien de "llevapalos"… y él aceptó.

Ayer lunes comenzaba el pre-torneo, con muchos detalles que intentaré transmitiros mediante estas líneas, pretendiendo haceros llegar lo que vive un caddy en el día a día del torneo. Todo aquello que no se ve en la tele, que no lee en las revistas ni webs de golf (bueno, en Ten-Golf, ya sí). Las tripas de un torneo desde los ojos de un caddy.

 

LUNES 25

 

Como el que va a su primer día de clase en el instituto, llegamos al campo a las 9 de la mañana. De no ser por la mucha gente que había moviéndose de un lado a otro sin saber muy bien qué tenían que hacer, cualquiera hubiera pensado que allí había cualquier cosa menos un torneo del Tour Europeo.
A la entrada del club preguntamos por el parking de jugadores, y la respuesta del guardia de seguridad es un rotundo "ni idea, no sé si hay parking de jugadores". ¿Nos hemos equivocado de fecha, de campo? Tras aparcar donde podemos nos dirigimos a la calle de prácticas. Momentos después llega Álvaro Quirós y su caddy, acompañados de Pepín Rivero, que estará junto a él toda la semana. Bromas y saludos entre todos y al checking para el registro de jugadores y caddys y recogida de credenciales e invitaciones.

Mi principal inquietud en ese momento es hacerme con el libro oficial de distancias, incluso me pongo pesado pidiéndolo, pero allí no hay nadie que lo tenga y lo que es peor, nadie tiene ni idea de cuándo estarán listos. Maldigo mi suerte, ya que estoy 100% metido en mi papel de caddy y no veo cómo enfrentarnos al monstruo verde que tenemos delante sin el yardage book.

Álvaro y Raúl abren la calle de prácticas, donde las pirámides de ProV1 X brillantes se amontonan esperando a los jugadores. Ni un alma por allí. Unas bolas y nos dirigimos al tee del 1 para una primera ronda en la que los dos guadiareños compartirán partida.

Una anécdota que pocos conocerán es cómo viajan las bolsas de los jugadores de un torneo a otro. Hay un antiguo caddy que por 80€ lleva las bolsas de un campo a otro en furgoneta. Las recoge el domingo al finalizar un torneo y viaja durante toda la noche para estar en el campo del siguiente torneo lo más pronto posible. Fácil si es de Castellón a Cádiz, pero largo trayecto si es de Gales a Sevilla.

Camino del tee del 1 empiezo a darme cuenta de que una bolsa Tour con 18 palos dentro pesa mucho, pero mucho, mucho. Dos drivers, dos putters y varios wedges, todos para ser probados en el campo tienen la culpa. Enorme desorganización durante el recorrido, sin agua para los jugadores en toda la vuelta. O ha faltado tiempo o personal, pero esto parece un torneo social. Será que es lunes…

Durante la ronda, lo normal es que los jugadores repitan varias veces el mismo golpe, sobre todo approachs y putts en todas direcciones, intuyendo donde estarán colocadas las banderas los días de torneo. Es una auténtica gozada verlos intentar golpes imposibles, siempre planteándose las situaciones más difíciles y buscando la perfección. El mismo driver abriendo, cerrando o bajito a rodar; sacadas de bunkers imposibles, putts infernales y todo tipo de peripecias golfísticas. Estos tíos son muy buenos, demasiado buenos, ya que hacen que parezca fácil lo que me consta es una quimera para cualquier amateur.

Álvaro anda cabreado con el driver, muy cabreado en momentos puntuales, pero tremendamente preciso en los tiros a green. Delicioso verlo a pesar de conocer ya su juego a la perfección. Raúl está tocando la bola como yo nunca antes lo había visto. Se ha hecho rápidamente con la velocidad de los greenes y eso, creedme, no es fácil en estos cristales.

Hoyo a hoyo, golpe a golpe y broma a broma van pasando los hoyos. Muchos amigos de los dos "local players" se han ido uniendo a la partida, aplaudiendo los golpazos que están viendo. La bolsa pesa un huevo y al llevar un asa simple me está destrozando. Mañana le monto una doble o salgo con carrito de mano. Y ves a Alistair, caddy de Álvaro, con 54 tacos como el que va a hacer footing. Superhombres estos caddys. Se merecen hasta el último euro que cobran.

Tras la ronda de 18 hoyos, vamos a comer. Existe un Players Lounge y un Caddys Lounge, donde el buffet es idéntico, sólo que el de los jugadores son mesas pequeñas y el local mucho más grande. Me meto a comer con Raúl en el de los jugadores, ya que dispone de dos invitaciones. Opíparo almuerzo bien regado con un exquisito rioja reserva de 2005, cortesía de uno de los sponsors del torneo. Mientras comemos llega un responsable del torneo y pregunta si soy el caddy. Tras decir que si nos espeta que no puedo comer allí, que sólo es para familiares, amigos o caddys no habituales. Cumplo dos de los tres posibles requisitos pero aún así, este señor se cierra en banda y no atiende a razones. Termino de comer y le digo que desde mañana no volveré a comer allí. Es increíble que los torneos funcionen a pesar de estos responsables. Desde luego que hay quién tiene su fama bien ganada a pulso. En fin…

Por la tarde primera visita a la zona de camiones. Raúl es jugador de Callaway y vamos allí a recoger unas gorras y viseras y a buscar una nueva madera 3 y un nuevo belly putter. El trato es exquisito y el ritmo de trabajo increíble. Miles de palos, varillas, puños, putters se encuentran perfectamente ordenados. Limpieza y orden. Profesionalidad 100% británica.

Uno, que es curioso por naturaleza, no puede dejar escapar la oportunidad y me propongo ver por dentro los camiones más llamativos. El de Callaway me ha gustado mucho, el de Titleist y el de Nike mucho más modestos, el de Ping muy espectacular también, pero sin duda el que se lleva la palma es el de TaylorMade. Como sacado de una película del espacio, todo es futurista, pulcro e impoluto. Dios, trabajaría aquí un año gratis.

Probamos en la calle de prácticas la nueva madera 3 y un rato de putting green. Elegimos el driver y el putter titular y a casa con la espalda reventada.

 

MARTES 26

 

Llegamos al campo a las 9 y todo ha cambiado. Las vallas rodean la calle de prácticas (ayer no existían) que ya muestra una actividad frenética. Soren Hansen, Francesco Molinari o Nick Dougherty están dando bolas. Swings de ensueño a los que quedarte mirando horas, pero entre todos destaca un vuelo de bola particular, con una precisión que hace que una bola casi bote sobre la anterior y 6 consecutivas queden en menos de dos metros de diámetro alrededor de una bandera. Es el Kaiser. Mr. Kaymer pega bolas como si un robot las lanzara. Una tras otra, idénticas, mismo swing, mismo vuelo, misma distancia. Espectacular. Merece la pena pagar una entrada para verlo solo un rato.

Raúl calienta dando bolas mientras esperamos a que Álvaro Quirós se decida por uno de los tres drivers que le han hecho en el camión. Es acojonante la sensibilidad del guadiareño. Medio grado de loft o media pulgada más de varilla lo hacen descartar unos y decidirse por el elegido. Buena elección como pudimos ver luego en el campo.

La anécdota del día llega cuando desde la misma calle de prácticas suena un coche de los "pata negra". Aún no se ve, pero por el sonido se intuye qué coche puede ser y quién es su piloto. Alguien grita "ahí llega el Pisha".

Efectivamente, entre las risas de muchos aparece el flamante Ferrari rojo del que se baja Miguel con su Cohiba en la boca. Qué passssa, Lucas!!!!! Es su saludo. Cómo quieren al churrianero en este mundillo. Genio y figura.

Nos dirigimos al 10, pero hoy mi carga es más llevadera. Además de llevar "sólo" 14 palos he acoplado a la bolsa tour que cargo un asa doble acolchada que es cómoda como mi sofá. Así que este era el truco….

Y por fin con el libro oficial de distancias, que tiene más datos que una carta náutica. Tremendamente preciso y detallado. Imprescindible.

En el campo, más de lo mismo. Esto es golf de verdad y no a lo que yo juego. Álvaro comienza con birdies al 10, 11 y 12. No se puede jugar mejor. Tres hoyos y tres tirazos a bandera que el más lejano ha sido a tres metros de bandera. Crack!!!

Raúl, a pesar de pegar siempre dos palos más que Álvaro, sigue mostrándose más sólido que nunca desde el tee y letal tirando a green. Pienso una y otra vez en lo injusto que ha sido este deporte con Raúl. Cuando no ha sido el cuello ha sido la espalda, como en el pasado Madrid Masters, pero no dudo de que su enorme calidad lo pondrá pronto donde merece. Tiene juego de sobra para estar entre los 80 mejores de Europa. No es bueno, es increíblemente bueno, y sólo le falta un pequeño golpe de suerte. Paciencia.

Tras 9 hoyos paramos para hacer algún pequeño ajuste en la calle de prácticas, que a esta hora es una feria. Al menos seis Trackmans (radares y monitores de lanzamiento) están siendo utilizados por jugadores, quienes sueltan un palo y cogen otro aparentemente idéntico, pero con ese gradito de más o de menos que para ellos significa la gloria o la prematura vuelta a casa el viernes por la tarde.

Y de nuevo Kaymer. Junto a su manager, su novia y dos técnicos de TaylorMade. Pega bolas alternando dos maderas 5, una R9 de este año y una vieja Burner de 2007, ambas con la misma varilla. Un vistazo al ordenador de los datos dejaría frío a cualquiera. Su dispersión tras más de 20 bolas con ambos palos es de apenas ocho metros en golpes de 235. No sé si Dios existe, pero si juega al golf es este tío.

Nueva visita al camión para retoques en los palos de Raúl. Los chicos de Callaway son eficientes 100%. Se llevan una madera 3 para cambiar la varilla y al rato nos buscan en el hoyo 3 para traerla. Un 10 para ellos.

Por la tarde, 9 hoyos más en solitario, esta vez salimos por el 1. Nos acompaña de nuevo Bartolo Quirós, padre de Raúl y uno de los más afamados profesionales de este deporte, exclusivamente dedicado a la enseñanza. Escuchándolo corregir a Raúl he aprendido más que en los últimos 10 años.
Cuando terminamos pasamos por el putting green donde hay overbooking. Los chicos de Odyssey y de Yes han desplegado todo su armamento, y más de 100 flamantes putters pasan de mano en mano. Novedades aún no comercializadas, prototipos y evoluciones de modelos actuales. El paraíso para un friki del material como yo.

Bajamos a los vestuarios a dejar la bolsa y charlamos un rato con Garrido, Pablo Martín y Sergio García. Debo haberme muerto porque esto tiene que ser el cielo.

Mañana será otro día. Es el Pro-am y Raúl no juega, así que dedicaremos la jornada a practicar.