
Por Daniel Palma
MIÉRCOLES 27
He quedado con Raúl como cada mañana en nuestro club, esa inagotable cantera de jóvenes talentos que es La Cañada. Yo, iluso de mi, llego pronto con la intención de llevar a la práctica esos swings de ensueño que ayer grabé en mi retina y en mi disco duro…
Tremenda bofetada en forma de cura de humildad. Yo no juego a lo mismo que estos tíos. Mi juego, a pesar de mi hcp 2 es de risa comparado con ellos. Si estos jugadores tuvieran hándicap, el peor de ellos sería +8 en la escala habitual.
La tranquilidad y el silencio del driving range de La Cañada se rompe con la siempre agradable irrupción de Juán Quirós, que no para de bromear con los que allí estábamos. Empuña un palo mío que casi le llega al pecho, y da varios golpes en los que el tiempo parece pararse. No contento con eso, coge mi driver y pega otras cuatro o cinco bolas de dibujos animados. El Pisha me dijo una vez que el swing de Juán Quirós era el mejor que jamás había visto. Nunca lo he dudado. Es el swing más rítmico y estético que nunca haya visto. Meto mis palos en el maletero y decido que por hoy se han ganado el indulto.
Raúl se retrasa, cosa poco frecuente, y cuando llega no me gusta lo que veo. Dicen que la cara es el reflejo del alma, pero en esta ocasión es el fiel reflejo del estómago.
Un Raúl pálido y con ojeras aparece sin la habitual chispa que le caracteriza. Una noche en vela, protagonizada por vómitos continuos y malestar estomacal tienen la culpa. Él lo achaca a una cena que no le sentó bien; yo lo asocio con los nervios de la semana y el inminente comienzo de la que es una de sus mayores oportunidades.
Llegamos a Valderrama sobre las 10 am y vamos a desayunar. La calle de prácticas es una auténtica feria, con los jugadores demasiado cerca unos de otros. Una pena que en un campo como Valderrama, tanto la calle de prácticas como la zona de juego corto no estén a la altura.
Nos dirigimos al vestuario y al llegar nos encontramos con Nacho Garrido, Rafa Cabrera y Pablo Larrazábal que charlan sobre la “movidita” reunión de ayer con los dirigentes de la APG. Una pena que el destino de los jugadores no esté en manos de los propios jugadores. Como es un tema que ni me va ni me viene, no pongo mucha atención y decido subir al campo.
Los ánimos de mi jugador no son los mejores, las fuerzas no le acompañan, así que decidimos dirigirnos a la zona de approach en la que dedica una media hora a golpes de bunker y pequeños chips. De allí y tras dedicar un rato a una entrevista para un medio local, nos encaminamos al putting green, también atestado como el metro en hora punta. Tras diez o doce putts me dice “no me hace falta mucho más. Sé que esté donde esté el hoyo la voy a dejar asomando, si no la meto”. Me reconforta. Raúl no va de farol; es extremadamente exigente con su juego, y si dice que se ve bien, la cosa marcha.
Marchamos a comer pronto. Yo termino antes que ellos y voy de nuevo a la calle de prácticas a disfrutar del espectáculo. Nada más llegar un swing me llama la atención por encima del resto. Es Todd Hamilton, jugador americano ganador del British Open de 2004. Es alto, muy alto. Debe rondar el metro noventa, y su swing es rítmico y fluido. Está pegando el driver no excesivamente largo, pero calca los vuelos al fade uno tras otro. Calidad, mucha calidad solo al alcance de pocos. Johan Edfords es otro de los que me sorprende gratamente, sobre todo con hierros medios y cortos. Puntería repetitiva que llega a ruborizarte.
Paso por el Players Lounge a buscar a Raúl que aún anda comiendo. Me siento a compartir mesa con él y con Rafa Cabrera, tipo encantador, educado y de un trato afable y muy cercano. Me ha ganado como fan. Imperdonable que en el players lounge no haya un mísero Gin Tonic, jeje. Compartir mesa con estos jugadores merece una buena sobremesa de copa balón con mucho hielo.
Raúl se ha recuperado bastante y vamos a pegar bolas. Una hora larga chequeando con el láser cada tiro.
Cuando ya nos íbamos, irrumpe por allí el ciclón de Guadiaro. Álvaro Quirós viene a rodar un nuevo anuncio para Callaway, esta vez del driver Diablo Octane Tour. Una joya de color negro, bonito a rabiar y con una pinta que provoca que ya esté anotado en mi carta a Sus Majestades de Oriente.
Tras él llega Martin Kaymer y su chica, que se sitúan a escasos metros. Soren Kjeldsen también anda por allí, pero en cuanto Álvaro y Martin empiezan a bromear y a pegar bolas, el danés abandona, no sé si por agotamiento o por “acogotamiento” ante sus distancias.
Álvaro pega drivers a la calle del 11 ya que el fin de la calle de prácticas está “sólo” a 250 metros, distancia que él sobrevuela fácil con la madera 3.
Como si alguien gritara aquello de “pasen y vean, los ciegos no pagarán” numeroso público se agolpa a presenciar el espectáculo. El Kaiser en “mode robot ON” es inquebrantable. Una y otra vez clava los tiros. Música sinfónica para cualquier aficionado a esto del palito.
Lo del anuncio de Álvaro es el descojone general. Una toma tras otra es “puteado” por los allí presentes que le incitamos a la risa. Difícil acabar el spot. Al final tiene que irse a una zona apartada para terminarlo.
Algo que me llamó la atención es que cuando Kaymer empuñó el nuevo driver de Callaway y pegó tan solo un golpe, el boss de Taylor Made apareció raudo y veloz como para recordarle qué logo lleva en su bolsa. Momento tenso del que guardo vídeo y foto, pero mi juramento ético de caddy me impide publicar salvo oferta económica mareante. También guardo vídeo del nuevo octane, pero ése también quedará escondido en alguna carpeta de mi pc.
Destacar sobre todo dos cosas; la alegría que transmite Álvaro en todo el que lo rodea. No para de bromear acerca de todo, el nuevo driver, el cámara, sobre Martin o sobre el propio Kjeldsen. Es un showman en el buen sentido de la palabra. Lo segundo a destacar es la actitud de Kaymer con el público. Ha parado de dar bolas cada vez que ha sido requerido para firmar o hacerse fotos, ha regalado a un grupo de chavales de 8 o 10 años guantes y bolas firmados, todo con buena cara, con una sonrisa. A ello ha colaborado y mucho su encantadora novia Allison Micheletti, atenta en todo momento a los requerimientos del público. Estoy seguro que este Kaymer debe ser hasta buen yerno.
Ojalá todos los jugadores estuvieran siempre dispuestos a “regalar” una firma o una foto a la gente que paga por verlos. Álvaro Quirós y Martin Kaymer son buenos ejemplos a seguir, al igual que Gonzalo Fernández Castaño o Nacho Garrido. Debemos sentirnos orgullosos de los nuestros.
Mucho se me queda en el tintero. La enorme calidad de golpeo de bola que tiene Pablo Larrazábal, lo mucho que me gustaría tener un Trackman sólo para mí, lo que he aprendido viendo a Rafa Echenique y su entrenador argentino… Estaría escribiendo horas, pero he de confesar que a falta de pocas horas para que Raúl pinche la bola en el tee del 1, las mariposas ya me revolotean en las tripas.
Nuestra salida es a las 12:20 h., junto a Alexander Noren y David Drysdale. Partidazo que estoy seguro será seguido por muchos amigos de Raúl, gente del pueblo que lo han visto crecer y que hoy desearán por encima de todo que obtenga lo que merece.
Los toreros, antes de una corrida piden que Dios reparta suerte. Yo pido que reparta justicia, ya que si eso se cumple Raúl mañana nos regalará una gran vuelta de golf.
Y ustedes que lo vean.


