
Diez días después de cumplir 35 años Marco Crespi conseguía por primera vez en su larga carrera la tarjeta del circuito europeo. Ocurrió en la Final de la Escuela, el pasado noviembre.
Y cuatro meses y medio después ya puede presumir de haber ganado su primer torneo en Primera división, por más que el NH Collection sea una cita dual (European Tour y Challenge Tour), porque aquí, en Sotogrande, se ha enfrentado a algo más que un buen puñado de jugadores notables, muchos de ellos múltiples ganadores en el European Tour.
El italiano ha ganado entregando una tarjeta de 69 golpes, aunque su triunfo se fraguara a fuego lento en los últimos 24 hoyos del torneo, en los que sumaba diez birdies, la mitad de ellos en la última y definitiva ronda en La Reserva, la de hoy. Hasta ese momento venía bien colocado, pero en una segunda fila aspirante, como otras tantas veces en su vida. Entre los hoyos 13 y 17 del sábado encadenaba cinco birdies y a partir de ahí sus opciones se disparaban.
Lo suyo ha sido algo más que una carrera de fondo. Le costaba un mundo ganar. Es más: le costaba un mundo siquiera ponerse mirando a la victoria y alcanzar esos puestos de privilegio entre los diez primeros. Pero en 2012 al fin se hizo un torneo del Challenge, y en 2013 otro… Crecía ahora sin prisa pero sin pausa.
Su éxito en el recorrido gaditano no deja de ser un particular homenaje del golf a todos los que van muy cortos desde el tee. Ellos también pueden ganar si de verdad la ponen en juego. Porque, nadie lo dude, esa es y ha sido esta semana la gran virtud del italiano: su fiabilidad con el drive. Ocupa el puesto 168º, de los últimos, en la estadística de distancia del circuito europeo, porque su media de pegada ni siquiera llega a los 250 metros. Pero es el Número 1 en calles cogidas. En La Reserva, sin ir más lejos, y con un par de jornadas azotadas por fuertes rachas de viento, sólo ha fallado siete calles, una cifra alucinante. Y sólo dos durante el fin de semana…
Es muy probable que su evidente progresión como jugador despegara el día en que decidió sacar el máximo provecho a sus armas, sin importarle tanto si ganaba o no ganaba distancia gracias al entrenamiento y a los nuevos materiales…
Su trayectoria casi es opuesta a la de los grandes nombres de jugadores italianos que salpican hoy el golf mundial. Tanto los hermanos Molinari como, sobre todo, Matteo Manassero, asombraron al mundo desde muy jovencitos. Crespi entiende que es así, pero le da igual: «lo importante es haber ganado, no cúando ha ocurrido», explicaba este peculiar ‘rookie’ al finalizar. Marco, además, ha ganado por él y por su hermano, también profesional de golf y espejo en el que siempre se ha mirado.
Crespi se aupaba al liderato en el meridiano de la última vuelta, después de jugar unos nueve primeros hoyos primorosos, aguantando el arranque furibundo del escocés Ramsay y asistiendo después impertérrito al cortocircuito de Felipe Aguilar (cuatro bogeys en los últimos seis hoyos). Por delante, Jordi García Pinto había dejado un primer resultado ganador en la casa club, pero el italiano mantuvo la sangre fría, aferrado a su proverbial seguridad.


