
Edoardo Molinari (-10) ha ganado el Johnnie Walker Championship en Gleneagles. Es su segundo triunfo en el circuito europeo, los dos en algo más de mes y medio, y ambos también en tierras escocesas (se estrenaba en Loch Lomond)…
La dimensión de este italiano de 29 años, que accedía como un tornado en 2009 al circuito europeo ganando tres veces en el Challenge, crece y crece. Y habrá que ver dónde se para este hombre. Tiene pegada y con los hierros no desmerece demasiado a su hermano Francesco; además muestra temple en los greenes y un juego muy notable alrededor del green… Y, para colmo, a su fiabilidad técnica une un gran espíritu competitivo. No es sencillo tumbarlo. Cuando llegan las vacas flacas no suele derrumbarse y encuentra los recursos mentales necesarios para reaccionar.
Esta crónica, evidentemente, se escribe minutos antes de que Colin Montgomerie haga públicas sus tres elecciones para la Ryder, pero desde luego este hombre, Edoardo, cumple con el perfil para semejante competición. Realmente se ha quedado a un suspiro de entrar en el equipo por sus propios medios, sobre todo a través de la clasificación mundial. Con el eco recientísimo de sus dos triunfos a todos nos parece que merece entrar, pero es que además da la sensación de que el equipo europeo saldría ganando, y de qué manera, con él en sus filas.
La otra gran noticia para Monty ha sido la semana de Miguel Ángel Jiménez (-7 tras firmar hoy una tarjeta de par, acabando en tercera posición). Eso es lo que quiere cualquier capitán: gente implicada. 'Jóvenes imberbes' a los que le sobre la pasión… Y si Miguel no es demasiado joven ni demasiado imberbe, desde luego a veces lo parece. El malagueño, además, ha dado hoy una lección más de arrojo y experiencia en un día muy complicado en el que sólo ocho jugadores han bajado del par a causa del viento.
Y si él no ha ganado al campo se ha debido sobre todo a un desgraciado patinazo en el hoyo 17, donde fallaba un putt para bogey de un palmo de distancia, al perder el equilibrio por no pisar la línea de putt de su compañero de partido. Por momentos, incluso, pareció que semejante accidente le podía privar de la victoria, aunque finalmente no fue así. Tres birdies en los tres últimos hoyos de Edoardo Molinari despejaban cualquier duda al respecto.


