
Dan Bradbury (-16) ha ganado el Open de Francia después de firmar un 66 en la última jornada para aventajar en un solo golpe a un nutrido grupo de jugadores (Olesen, Bairstow, Paul y Winther, todos ellos con un acumulado de -15), lo que nos da una idea de la tremenda igualdad (y emoción) que se ha vivido en el Golf National hasta el último suspiro.
Esta victoria de Bradbury es la de la confirmación, después de aquella irrupción suya absolutamente delirante en la primera línea del golf de alta competición. Aquí va la historia, para los que no se acuerden. El joven inglés (tiene 25 años) se hizo profesional en julio de 2022, después de una sólida andadura en el golf universitario estadounidense, donde tampoco es que llegara a deslumbrar, ni mucho menos (apenas rozó el top 100 mundial amateur en su mejor momento). Inmediatamente, ese mismo mes de julio, ya estaba gozando de invitaciones en el DP World Tour y en el Challenge Tour, aunque no le hicieron falta demasiadas para hacerse un hueco en la élite por sus propios medios, pues ganaba el Joburg Open en su sexta comparecencia como profesional.
Después de aquello ha asomado aquí y allá, pero en realidad no deja de ser todavía un recién llegado que acaba de confirmarse como un jugador a tener muy en cuenta, cuando ni siquiera suma sesenta torneos en el golf profesional del más alto nivel. Algo tendrá este inglés, que aterrizó muy bien apadrinado en el golf europeo, eso es evidente, pero que supo aprovechar de inmediato las oportunidades y que hoy, en un final de torneo apretadísimo, ha mantenido su juego en orden y hasta afilado bajo presión.
De acuerdo, la buena suerte también ha jugado a su favor. Su salida en el hoyo 15 no se iba al agua por dos palmos. Y no es una manera de hablar: literalmente se quedaba a dos palmos del abismo, porque hubiera perdido con toda seguridad cualquier opción de victoria. Acto seguido, según ha confesado él mismo, volvía a fallar el segundo tiro, pues le salía un ligero pull que terminaba dejando la bola cerca de aquella bandera tan esquinada, coqueteando de nuevo con el agua durante todo el trayecto… Hizo el birdie, por supuesto. Y luego otro más en el 16, par 3, donde sí pegaba un gran hierro.
Algo tendrá este inglés, decíamos. Pues sí, algo tiene. Para empezar, se trata de un jugador que va más largo que la media desde el tee y que coge muchas calles, porque en realidad, cuando tiene el driver, no suele echar mano de una sexta marcha que sí que posee. Además, es un excelente jugador de hierros. Los maneja con naturalidad y enorme confianza. Su punto débil es el juego alrededor de green y el putt, pero esta semana precisamente sus estadísticas en este apartado han sido notables. Pues esa va a ser la razón principal de su triunfo en tierras galas…
Llegaba a esta semana como 98º en la Race to Dubai y con el objetivo primordial de pasar el corte y asegurar sus derechos de juego. Y se marcha con una plaza asegurada en la Final de Dubai (asciende hasta el puesto 25º del ranking) y hasta metido de lleno en la pelea por una tarjeta del PGA Tour. Mucho ojo con este tipo, que las oportunidades las coge al vuelo.


