Inglaterra y España mantienen un duelo fabuloso en Dubai. Ambos países suman once victorias a lo largo de la historia. No hay otro pasaporte de golf que haya ganado tanto en el emirato del Burj Khalifa. Es un empate técnico. David Puig se entera del apunte nada más firmar la tarjeta de su tercera ronda en el Hero Dubai Desert Classic. «Buen dato», responde con media sonrisa picarona. Y añade: «habrá que hacer algo mañana para solucionarlo».
Puig destila tranquilidad y convicción. No levanta la voz ni tras hacer un 66 en el moving day que lo ha metido de cabeza en el partido estelar del torneo. Sabe que tiene un domingo importante por delante. Sabe que hay mucho en juego. Y sabe que tendrá un rival de campanillas al que será muy difícil derrocar. Todo esto es cierto. Pero también sabe que está jugando muy bien. Sabe que sabe ganar torneos como el de Australia del DP World Tour hace dos meses. Sabe que tiene todos los recursos para sacar birdies en el Majlis course del Emirates. Sabe que puede ir muy bajo en este campo. Y sobre todo sabe que no tiene miedo.
David es descaro y confianza. Sólo así se sobrepone uno como si nada hubiera pasado del «peor golpe de toda mi vida». Se refiere a la salida del hoyo 11. Par 3. La bandera está a la izquierda, muy cerca del borde. Puig juega un golpe a unos ocho metros a la derecha de la bandera y lo falla unos cuarenta a la izquierda. «Acabé en un sitio que no aparece ni en los libros de yardas», asegura. Se refiere a una zona de arena que divide el rough de la izquierda del green del 11 del rough de la izquierda del tee del 15. Son dos hoyos de ida y vuelta. Dos pares 3.
La bola, además, se le ha quedado mal. Ha sido un golpe horrible con un final horrible. Plantea un tiro como si estuviera en un búnker de calle y está a punto de hacer magia. El primer bote en el rough no es lo generoso que debiera y eso le impide llegar al green. Salva un bogey sin sufrir. El swing ha sido pésimo, no hay medias tintas, pero además ha sentido sudor en la mano, como si se le hubiera resbalado el palo en la bajada. Así podría explicarse tanta desviación.
Puig ha conseguido hacer bomba de humo con ese golpe. Lo ha borrado de su cabeza. No había mejor manera de hacerlo que firmando un buen hoyo 12. No ha sido bueno, lo ha bordado. Drive de libro. Hierro de libro. Putt de cuatro metros de birdie de libro. No ha entrado, es verdad, pero lo ha tirado muy bien y ha tocado el hoyo. Perfecto. Se confirma que lo del 11 ha sido un mero accidente. Sigamos jugando al golf.
El partido va repleto de españoles por fuera de las cuerdas. Viene Carlos, un empresario sevillano enamorado de la cultura y la gastronomía peruana; Ana, pastelera del restaurante Bull and Bear del hotel Waldorf Astoria de Dubai; un grupo de chicos y chicas que acaba de llegar al emirato para formarse en el Instituto de Comercio Exterior de España (ICEX); Mónica, la abanderada (literal) que lleva 12 años viviendo aquí y nunca ha faltado al torneo; Pablo, un gurú de la moda en Middle East, responsable de Prada en la región; Íñigo, un financiero loco del golf que no se pierde un torneo allá donde le pille y que puede presumir de haber estado en Augusta… Puig le va a brindar un magnífico espectáculo a todos.
Se le escapa el birdie en el 13, 14, 15 y 16. En los tres primeros ha tocado hoyo. Ha faltado muy poco. Pero lo mejor está por llegar. Que no se mueva nadie. Llega el zambombazo. Drive descomunal en el 17. La pone en green. Son 322 yardas. El golpe ha sido perfecto y el bote también. Ha picado justo en la subida hacia el green, la ha frenado y se ha dejado un putt de birdie magnífico de unos cuatro metros. Sublime.
Y único. Nadie ha pegado un golpe mejor en todo el día desde ese tee. Sólo otro jugador más la ha puesto en green. Es el neozelandés Ryan Fox, pero su putt de birdie tenía diez metros. Está muy bien, Ryan, pero no se puede comparar con la delicia del español. Recordemos que hoy han jugado 70 golfistas en el Majlis course. Háganse una idea de la dimensión del golpazo de David. Los chicos del ICEX alucinan y eso que sólo uno de ellos es aficionado al golf, sueña con ver algún año en directo el Masters de Augusta junto a su padre.
No se vayan que aún queda más. Su hoyo 18 es de manual. Gran salida, muy buen segundo golpe con el hierro a las nubes y chip fantástico, y muy difícil, para dejarse el birdie dado. Se escucha a los españoles. No es para menos. Dos semanas en Dubai y dos partidos estelares el domingo. De Nacho Elvira a David Puig y tiro porque me toca.
Puig sabe que restar los cuatro golpes de desventaja con Reed será una tarea ardua y muy complicada. No en vano, ningún líder de este torneo ha dejado escapar tres o más golpes de renta en la última jornada. Se dio en ocho ocasiones y siete veces ganaron. La única falta fue Paul McGinley, que no ganó en 2004 pero porque lo hizo Mark O’Meara. Los dos estaban empatados con tres golpes de ventaja sobre el tercero. «Vamos a salir, a intentar hacer unos birdies y a ver hasta dónde nos lleva». Como el que lleva toda la vida haciéndolo… Bueno, quizá no es toda la vida, pero ya se está y nos está acostumbrando.



