
Eduardo de la Riva (-12) crece. Y la Armada española, con él, crece. Es el líder en solitario de un Open de Andalucía vibrante. Después de 54 hoyos todavía tenemos a una multitud dispuesta a pegarse por la victoria. Hasta 26 jugadores, si nos acogemos a la regla no escrita que da opciones a todo aquel que se planta el domingo a cinco golpes del líder, como máximo…
De la Riva no es un jugador demasiado expresivo en el campo. Puntualicemos: no lo es mientras camina o en las reacciones que siguen al golpe, pero se expresa divinamente con un hierro en las manos. Es pura finura. Un prodigio de medida y puntería. Él no te va a emocionar con un gesto, pero su golf a veces es pura música. Un solo de violín desde el fairway. Sus maneras van a juego con la bolsa que lleva, nada aparatosa, elegante, estilo ‘vintage’.
No queda más remedio que recurrir de nuevo al tópico de la hora de la verdad, porque mañana este jugador tiene la oportunidad de ejecutar un reseteo de órdago a su carrera profesional. No tiene tarjeta del circuito y tomó además en su día la decisión de jugársela con muy poquitas cartas en la mano, obviando la Escuela (este año 2012, no obstante, ya ha anunciado que seguramente sí la jugaría; esperemos que no lo necesite…).
Pero tanto si gana como si no lo hace, sería absurdo dejar caer en saco roto las exhibiciones que el catalán ya ha prodigado en Aloha esta semana. La hora de la verdad en este deporte se juega el domingo. Y el jueves. Y el viernes. Y el sábado… No hay hora que sea de la mentira. El bogey en el hoyo 1 de la primera ronda te acompaña, lozano y generoso, hasta que entregas la tarjeta el domingo. En golf hay que ganar cada juego en blanco, o casi, si aspiras al triunfo.
Detrás de De la Riva avanza la marabunta. Simon Khan (-11) sólo ha perdido cinco greenes después de tres rondas. Con eso está todo dicho. Manassero (-11) no se sale del camino marcado. Pateando dulcemente y aunque se le haya enfriado el resultado con ese bogey final en el 16, último par 5 del día. Otto (-10), Lynn (-10).
Y Miguel, claro. Por un momento pareció que se iba antes de tiempo.Que un año más podía con él este Open de Andalucía. Pero regresaba en el hoyo 14 con un putt largo y envenenado. Tronaba Aloha a su paso. Ahora sí. Y se subía a la chepa del torneo con un eagle monstruoso en el 16. Madera galáctica al green y putt de dos metros. A la cazuela. Sumaba 31 golpes por los segundos nueve, sin duda los más complicados hoy en Aloha. Y todavía le quedaban energías para dar un ‘clinic’ de más de una hora a niños y no tan niños después de entregar su tarjeta, de firmar decenas de autógrafos, de atender a los medios…


