
Chris Wood empezó a escuchar voces en la última vuelta del Commercial Bank Qatar Masters. Voces desagradables. Viejos fantasmas que volvían a llamar a su puerta.
Los mismos que estuvieron el cuarto día del BMW PGA Championship de Wentworth en 2010, cuando tiró por la borda una ventaja de cuatro golpes; los mismos que le rondaron en la jornada final del Iberdrola Open de Mallorca de 2011, cuando desperdició un colchón de dos golpes. Fantasmas que no hacían más que retumbar en su cabeza: sí, el chico es muy bueno y tiene unas condiciones espectaculares, pero todavía no ha ganado…
Ocurrió en el hoyo 3. Venía de fallar un putt de birdie de apenas medio metro en el hoyo 2 y pegó una mala salida. Es un par 3 y la bola se le quedó en una zona de arena, conocida como ‘waste area’, a medio camino entre desierto y descampado. Tenía un approach delicado, con un murete por delante de algo más de un metro. Difícil dejarla cerca, pero el bogey parecía asequible. Wood golpeó contra el muro y la bola retrocedió pasando por delante de su cara lívida. La historia volvía a repetirse. Fantasmas, voces…
Pero no, no se repitió. Esta vez Wood estaba dispuesto a cambiar el final de la película. Se agarró a un drive tan descomunal como recto y a unos putts que son gloria bendita cuando uno está con el agua al cuello. En el hoyo 8 su bola se cruzó el green de lado a lado para birdie. Serían unos 15 metros. En el 9, repetía trancazo desde unos cinco metros. Dos putts sublimes en un momento decisivo, pues George Coetzee había tocado a rebato con un eagle en el 10 que disparaba el liderato. Había que empezar a correr para no quedarse atrás. El inglés tuvo una gran reacción.
Sergio García también metía la quinta velocidad. Para añadir aún más drama al asunto. Soberbio birdie en el 14 y de postre, dos más en el 17 y en el 18 para empatar con Coetzee y poner toda la presión del mundo a Wood, que encaraba el hoyo 16 a un golpe de los líderes. El inglés, de pronto, se topaba con un rival de la magnitud del español que, además, había dado dos vueltas de tuerca a su juego en el tramo final.
Wood necesitaba un birdie para forzar el desempate. Dejó escapar la oportunidad en el 16, un par 4 corto asequible. En el 17 tiraba un mal putt de birdie, muy corto. Se quedaba con una sola bala en la recámara y los fantasmas volvía a aparecer. Las sensaciones no eran buenas. En el approach del 16 se le dispararon las manos y en el 17 pareció quedarse bloqueado. Las apuestas no estaban muy a su favor en ese momento.
Pero Wood seguía empeñado en cambiar el final de su película y guardó lo mejor para la última escena. Pegó dos estacazos extraordinarios en el 18. Su drive fue impresionante y su hierro se quedó a poco más de tres metros para eagle. La metió, fulminó a los fantasmas y ganó el torneo. Su primera victoria en el Circuito Europeo. A lo grande. A la medida de unos de los jugadores más prometedores de Inglaterra desde que coqueteó con la victoria en el British Open de 2008 en Royal Birkdale, cuando sólo tenía 21 añitos y era amateur. A la medida también del jugador más alto del Circuito Europeo, casi dos metros de elegante swing.
Eliminados los fantasmas todo cabe esperar de este jugador de Bristol de 25 años. “Me he quitado un enorme peso de encima. Ahora sólo pienso en que puedo ganar más torneos”, señaló aún temblando antes de recoger el trofeo.


