Inicio Grandes Circuitos DP World Tour Un abrazo en la barra del ‘players lounge’ de Jumeirah
La intrahistoria de lo que ha ocurrido poco después de acabar la última ronda del año en el DP World Tour

Un abrazo en la barra del ‘players lounge’ de Jumeirah

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Ángel Ayora, este domingo en la Final de Dubai.
Ángel Ayora, este domingo en la Final de Dubai. (© Golffile | Thos Caffrey)

Hace poco más de dos años, muy poco más, Ángel Ayora jugó el Open de España como amateur y falló el corte. Hoy le ha peleado la victoria en el DP World Tour Championship a Rory McIlroy, Matthew Fitzpatrick y otras bestias de pelaje semejante. Es la progresión fabulosa y meteórica de este jugador de 21 años.

En aquel Open de España, en una entrevista con Ten Golf previa al torneo, este marbellí exigente por naturaleza y ambicioso por castigo, decía sin el más mínimo titubeo en su mirada que su objetivo era ganar el torneo. No había impostura. No era una lección aprendida de memoria en un manual de autoayuda. Lo que transmitía era pura convicción. Cuando falló el corte había rabia, decepción, pero ningún asomo de arrepentimiento. Habrá que trabajar más. Punto. Es la única receta que conoce.

Hoy en Jumeirah había otra vez rabia y decepción. La misma o más que en aquel Open de España. Ayora quería la tarjeta del PGA Tour con todas sus fuerzas. Y la quería ya. Se siente preparado y nadie en su sano juicio se atreve a ponerlo en duda. Por eso, al terminar este domingo el DP World Tour Championship en la octava posición, liderando por momentos el torneo, finalizado vigésimo en la Race to Dubai y a un puñado de puntos del sueño americano, a Ángel no le salía sonreír. Se ha tomado su tiempo en el vestuario, ha digerido como ha podido todo lo que le ha pasado, el maldito hoyo 18 (dos bogeys esta semana que probablemente le han costado la tarjeta) y se ha sentado en la barra del players lounge con la mirada perdida, con un punto triste y casi melancólico, cabizbajo.

En un determinado momento se le ha acercado otro jugador. Sentía que debía hacerlo para de algún modo levantarle el ánimo o, cuanto menos, recordarle todo lo que ha hecho en este 2025. Le ha felicitado por su año, lo ha calificado como espectacular y le ha dado un abrazo. De igual a igual. Este jugador era Tommy Fleetwood. El Número 4 del mundo. El flamante campeón de la FedEX Cup.

Al mismo tiempo, según ha podido saber Ten Golf, la actuación de Ayora no ha pasado desapercibida a Luke Donald. El capitán de la Ryder Cup, que aún no ha hecho oficial si ejercerá el cargo por tercera vez, aunque todos los caminos llevan cada vez con más fuerza a ello, lo ha seguido, ha tomado nota y por momentos se ha quedado impresionado por ese golf que en ocasiones parece sacado de una consola de videojuego. 21 años.

Tras hacer bogey en el 11 y en el 12 en la última ronda de la Final de Dubai, parecía que el PGA Tour de esfumaba. Sin embargo, se ha empeñado en volver a creer, en emocionar, en poner los pelos de punta incluso a los que llevan ya mucho en esto. Ha hecho tres birdies seguidos del 14 al 16 y se ha dejado una opción de birdie de poco más de tres metros en el 17. 21 años. Haciendo birdie en el 17 y sacando el eagle en el 18 habría conseguido la tarjeta del PGA Tour y se habría metido en el desempate por la victoria. No estuvo tan lejos. Putt de tres metros en el 17 y un chip en el 18 que pasa muy cerca del hoyo, aunque acabara en el agua. Su arrebato final ha sido grandioso. De los que quedan grabados en la retina y se recuerdan en el tiempo.

La gran pregunta ahora es dónde estará Ángel Ayora dentro de dos años. ¿Jugando los cuatro Grandes? ¿En el PGA Tour? ¿Formando parte del equipo europeo de la Ryder Cup en Adare Manor? ¿Con una o varias victorias en el DP World Tour o en el PGA Tour? ¿En LIV Golf ganando el el ranking? Todo es posible y nadie apostaría contra él. El futuro es suyo. Y entonces recordará el abrazo que le dio Tommy Fleetwood, un jugador al que le ha costado lo suyo hacer un hueco entre los grandes de la historia. Y que lo ha conseguido con la misma receta que conoce Ángel: trabajar, trabajar luego más tarde, trabajar.