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El Emirates se revuelve y promete acción

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Hoy sí. Al fin. El viento aparece en el desierto. Las palmeras han empezado a bailar en Dubai desde bien temprano.

Es el día con más movimiento de los doce que llevamos en esta Gira por los Emiratos. Estamos ante un campo nuevo, una situación diferente. La última ronda del Omega Dubai Desert Classic promete acción.

Viendo el panorama, todo apunta a que se cumplirán las previsiones. Es decir, a medida que avance el día y cuando los últimos partidos estén ya en el campo, lo normal es que se alcancen rachas por encima de los 40 kilómetros por hora. Picante. Retador.

Pablo Larrazábal nos comenta a mitad de vuelta que el bucle que comprende del hoyo 4 al 7 tiene su miga. El viento, la posición de las banderas y los tees forman un cóctel explosivo que puede hacer mucho daño a los jugadores. Además, este tramo enlaza con los hoyos 8 y 9, tradicionalmente los más duros de este Emirates. Aquí se pueden decidir muchas cosas. Quien consiga pasar los nueve primeros hoyos con un buen resultado bajo par estará en condiciones de moverle la silla a Stephen Gallacher. Mucho ojo al 4. Un buen número de jugadores está entre palos en este par 3 y el agua emerge como una amenaza muy peligrosa.

Consumidas cinco horas de juego han pasado 33 jugadores por los nueve de ida del Emirates. El balance es que apenas once de ellos han jugado bajo par, y el mejor parcial es un dos bajo de Marc Warren. Es decir, un tercio de los jugadores están perdiendo la batalla con el campo. De momento, la estadística se mantiene hasta el final del recorrido en estos primeros partidos. De los once que han terminado su vuelta, sólo cuatro han ganado al campo. Pablo Larrazábal (70) es uno de ellos.

El dato es muy significativo. El campo está al revés. Ayer, por ejemplo, sólo un tercio de los jugadores (17 de 71) jugaron sobre par.

El viento es intenso y, lo que es aún peor, racheado. Esto viene provocado en gran medida por los altísimos edificios que circundan el campo. Hablamos de rascacielos de 30, 40, 50 o más de 60 pisos. El aire se va colando por las esquinas y forman compejos remolinos sobre el Emirates.

La emoción está servida. Gallacher no tendrá un día tranquilo en la oficina. Ni mucho menos.

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