Hace tiempo que Nacho Elvira entendió que el golf no es lo único en la vida. Sí, claro está, es su profesión, su modo de ganarse el pan, el futuro que siempre soñó de pequeño. Por supuesto que aún se despierta por las noches levantando trofeos y aspira a jugar aún muchos grandes, crecer en el ranking mundial y conseguir las cotas más altas que pueda. Pero todo esto no es incompatible con saber relativizar el éxito y el fracaso. Ha aprendido a disfrutar todo lo bueno y digerir cuanto antes lo malo. Que sí, que hay que digerirlas, pero no atormentarse. Sabe que las victorias y las derrotas forman parte del deporte de máximo nivel. Y si el mundo no se acaba cuando ganas un torneo (lo sabe por experiencia porque ha ganado dos), mucho menos cuando no lo consigues.
Este sábado era importante hacer birdies y mantenerse en todo lo alto del torneo. Pero mucho más saber que Cristina, su mujer, sus dos hijas, y su cuñada habían llegado bien a Dubai en el vuelo nocturno procedente de Madrid. La pequeña de las crías, la pobre, tiene unas llagas en la boca que le están trayendo por la calle de la amargura. También estaba pendiente de que no les faltaba de nada en el campo, mientras andaban los 18 hoyos, y hasta preguntó a alguno de los que iba por fuera de las cuerdas si se estaba hidratando bien, que los días con viento en Dubai son traicioneros, ya que la sensación térmica no es tan alta. Nacho tiene muy claro que hay muchas cosas en la vida más allá del golf.
Esta actitud sólo puede ser algo bueno para este domingo, cuando afronte la última ronda del Dubai Invitational con dos golpes de ventaja sobre los segundos clasificados. Gane o no esta especie de buen karma sólo puede jugar a su favor. Y aquí hay que decir que su caddie, David Morago, interpreta un papel imprescindible. Lo lleva de maravilla. Jamás le falta una buena historia que contarle a su jefe para destensar a tiempo.
Además de esta buena actitud, Elvira necesitará este domingo que su putt mantenga el buen rendimiento que ha mostrado hasta ahora en el Dubai Creek Golf Club. Es el mejor del torneo en esta parcela empatado con el escocés Ewen Ferguson. Sacan 1,74 golpes a la media del field. El cambio que hizo a mitad del Alfred Dunhill Championship, de momento, está funcionando…
Nacho es fundamentalmente un tipo tradicional. No lo verán con estridencias en su equipamiento de golf. Le gusta lo clásico. Tampoco es amigo de cambiar nada que funciona bien. No crean que su especie abunda tanto en la fauna del golf profesional. Sin embargo, en el último torneo de 2025 en Sudáfrica andaba ya un poco mareado con el putt y decidió cambiar el grip. Le costó, pero lo hizo. «No estaba pateando mal, pero ya sabéis que los golfistas estamos un poco locos», apunta.
«Decidimos darle una oportunidad al grip de pinza, ya que los números en el Vertex (aparato que sirve para evaluar el rendimiento en los greenes) en las sesiones de entrenamiento eran mejores que con el grip tradicional sobre todo en greenes con mucho pelo. En las dos últimas rondas de Sudáfrica me encontré mucho más cómodo y aquí de momento va bien… toquemos madera», explica a Ten Golf. En realidad han sido sólo cinco vueltas de competición con el grip de pinza. Los datos son muy buenos, pero las sensaciones no tanto. La gran paradoja del golf. De hecho, Elvira no duda en aclarar que tiene los días contados. «Sinceramente, no sé si va a ser definitivo porque me siento muy raro, pero bueno, al final se trata de meterla en el agujero», señala. Ya veremos qué ocurre si gana…
En cualquier caso, no sería el primero en hacer algo así. Sergio García, sin ir más lejos, ganó el Masters de Augusta con el grip de pinza y al poco tiempo lo cambió. Nunca le gustó ni se sintió cómodo, a pesar de que los números siempre fueron mejores. Las cosas de los golfistas. Después, ha vuelto y se ha ido con ese grip. Veremos qué ocurre si Elvira consigue el triunfo este domingo en Dubai.



